La crisis que atravesamos en la creación de puestos de trabajo, motivada en gran parte por el sector de la construcción, no es de hoy, es un mal endémico que arrastramos desde hace tiempo. Aunque ahora se la considere coyuntural, es bueno que reflexionemos sobre el tema, por si nuestro debate llega a los agentes sociales implicados en la solución, que hay que afrontar ya con independencia del proceso electoral en el que estamos metidos.
En la Biblia el trabajo aparece como un derecho y un deber del hombre. En cambio en la Grecia clásica se considera un privilegio no trabajar. De esta opinión hemos encontrado vestigios entre nosotros hasta hace poco, a pesar de que el cristianismo desarrolló muy temprano una valoración elevada del trabajo. Los monjes propagan el ora et labora, y la reforma protestante elevó el trabajo a categoría de servicio a Dios.
Pero parece ser que ha sido la industrialización la que ha hecho tomar conciencia del valor ético del trabajo, con lo que se abre camino la idea de trabajo como realización personal del hombre. A tono con esa idea Ortega dirá que la vida que no se entrega a un quehacer camina vacía.
Y Juan Pablo II en la encíclica Laborem exercens afirma igualmente que con el trabajo el hombre/mujer llena su existencia en la tierra y que el trabajo es una de las características que distinguen al hombre del resto de las demás criaturas.
Ahora bien, el trabajo como proceso de someter la tierra, según el precepto bíblico, cumple este cometido cuando tiene al hombre como sujeto que domina y no al revés. Es necesario aclarar este extremo porque desde la implantación técnica industrial hasta nuestros días la relación capital-trabajo se viene manifestando bajo el signo del conflicto, precisamente porque quien domina es el capital.
En este sentido, Juan Pablo II criticó en Denwer al sistema capitalista y "su espíritu de lucro a todo trance". Ciertamente, su método de acumular riqueza en la parte que poseen los medios de producción hasta que rebosa es injusto y el Evangelio no está de acuerdo con la acumulación de riqueza en pocas manos.
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Lo que da pena, es que como indices de ajuste para parar la inflacciòn el sistema usa la bajada del salario, que en realidad significa que el patron se lleva una pedazo màs grande de Pastel por su capital y le da uno màs chico por su trabajo al trabajador... Lo que màs indigna es que justifican eso diciendo que crean empleo, pagando por dos, lo que pagan por uno...
Aca no hay cuestiones intermedias, o los bienes tienen un destino universal y entonces quieren los que acaparan y acumulan, rompen el plan de Dios y cometen un gran pecado social.-
Esperamos que la Iglesia lo diga de una vez por todas claramente.- Gabriel
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