En esta vorágine electoral en que nos encontramos, es lógico que comience este blog haciendo referencia al desiterés del ciudadano medio por la política. Hasta tal punto que sigue vigente el juicio de J. Ortega y Gasset: "El español necesita más que nada ser político". Urge,pues, superar esta profunda apatía que arrastramos adultos y jóvenes, para no ser más tiempo sus víctimas. El peligro de que los representantes políticos que nos hemos dado usurpen nuestra responsabilidad inalienable es constante, cuando estos observan que nos desentendemos por completo de la vida pública. En román paladino, hemos de abandonar nuestro apoliticismo, si queremos ser ciudadanos de primera.
Desde su experiencia de parlamentario Ortega trata de convencernos de ello, argumentando que la robustez de un pueblo no depende de su potencia industrial, agrícola o comercial. El potencial de los pueblos no es el económico, sino el político. De ahí que la política sea una de las cosas que los ciudadanos debemos cuidar. Otro argumento que esgrime para que no nos conformemos con que los diputados nos representen en el parlamento, es que el único lugar donde no está el pueblo es aquel en que está su representación (Obras Competas II, 136 y X, 65ss. Alianza Madrid 1983)
Ya con anterioridad Rousseau había expresado este mismo pensamiento con más radicalidad: "Tan pronto como un pueblo se da representantes deja de ser libre y, además, deja de ser pueblo" (El contrato social Edaf Madrid 1979, 146-148). Más próximo a nuestros días Robert Garaudy se opone a la vieja concepción de los partidos políticos engendrados por el sistema parlamentario burgués basado en la delegación y alienación del poder, que desde fines del siglo XVIII sigue siendo un medio de confiscar la iniciativa de la base para convertirla en monopolio de algunos dirigentes. El aboga porque la historia de todos sea hecha por todos y no impuesta por unos pocos (Una nueva civilización. Cuadernos para el diálogo Madrid 1979, 65 y 144ss).
Haciéndose eco de todo esto, el C. Vaticano II en su documento más emblemático Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes) dice: "Hay que prestar mucha atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, de manera que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política..." (GS 75, 76). Sobre todo esto he reflexionado ampliamente en "Compromiso político en el Vatican II. Raíces humanas de la esperanza cristiana" Ed San Pablo Madrid 2003.
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Gracias a los dos por la bienvenida tan calurosa que me habeis dado. Ub abrazo.
Estimado Francisco: Durante más de cuarenta años he repetido a mis estudiantes que el apoliticismo era una recomendación de los fascistas, para dejarnos a los ciudadanos sin derecho a la palabra. Hemos de abandonar nuestro apoliticismo, si queremos ser ciudadanos con derechos que defender y deberes que cumplir. Nuestro mayor enemigo actual como ciudadanos es la partidocracia, que se empeña en considerarnos sus rehenes. He escrito bastante sobre este tema, incluso para recordar que "partitocracia" es un italianismo por ser un término fascista.
Un abrazo bloguero de bienvenida, desde Lovaina la Nueva.
Sigue así, Francisco... Irás encontrando tus lectores... y tus lectores te encontrarán. Gracias por este post Xabier
Miércoles, 30 de mayo
Jesús Espeja
Mariano Fresnillo Poza
Jordi Llisterri i Boix
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Manuel Mandianes
Alejandro Córdoba
Desiderio Parrilla Martínez
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia