Siempre lo pagamos los humanos
06.07.06 @ 01:44:48. Archivado en Sociedad
El accidente del metro de Valencia ha conmocionado a toda España. Sus 41 muertos no es para menos ¿Pero quién es el responsable de semejante catástrofe?
Desde un principio la culpa ha recaído sobre el maquinista. Así sin mirar nada, sin investigar lo más mínimo; la culpa es del maquinista y ya está. Como siempre ha sido un error humano, pues las máquinas no fallan nunca.
Sobre este hombre se ha dicho de todo. Desde que estaba borracho, pasando por su afición a las drogas, su poca profesionalidad, que había realizado diversos oficios, terminando en que era musulmán y así abrir la posibilidad de un acto terrorista.
Cualquier cosa vale para desprestigiar a quien se quiere atribuir una calamidad como ésta. Pocas veces se busca al verdadero culpable, es más rápido echar la culpa al que menos se puede defender, y el maquinista no se puede defender, porque el hombre murió, no lo olvidemos, junto con los pasajeros.
Sin embargo, este hombre de 39 años, llamado Joaquín Pardo, y vecino de Alfafar era un buen profesional. Esos “diversos oficios” que se han nombrado despectivamente, eran los que había realizado en la empresa hasta que ascendió por capacitación. Sus 224 horas de preparación, igual que las de otros 10 maquinistas que en estos momentos están en activo, lo habilitaban para este trabajo que venía realizando desde abril.
A Joaquín se le consideraba una persona trabajadora y responsable, y la autopsia ha desvelado que ni estaba borracho, ni drogado y que no muestra signos de haber sufrido un desvanecimiento y menos un ataque de algún tipo.
Así que tenemos a Joaquín Pardo, un maquinista responsable, tomando una curva a 80 km/h cuando debía tomarla a 40. Que de forma “oficial” se le atribuya la culpabilidad del accidente sin ninguna prueba es vergonzoso, pero más lo es todavía cuando lees que los sindicatos, tomando partido hacia la empresa y los políticos, han apoyado esta insensatez.
Ahora nos enteramos, gracias a otros maquinistas, que hay un bache que ha hecho fallar los frenos más de una vez y que tenía que haber sido reparado hace tiempo o que ese exceso de velocidad es imposible, siempre que los frenos funcionen.
Enrique Mateu, un veterano conductor ya jubilado de Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana (FGV) estuvo durante muchos años llevando ese mismo metro de la línea 1. El hombre ha explicado que se debe frenar a mano antes de tomar esa curva, y que el desgaste de las pestañas que llevan las llantas de las ruedas pudo hacer descarrilar el convoy.
¿Intento Joaquín Pardo frenar como hacía siempre antes de llegar a la curva y no le respondieron los frenos? Esta posibilidad que parece lógica debía haber sido barajada antes de echarle la culpa, manchando el nombre de un trabajador que nunca dio motivos para dudar de su valía.
Lo que me avergüenza ha sido la actitud de los sindicatos. Jorge Álvarez, del Sindicato Independiente de Ferrocarriles (SIF), denigró al maquinista cuando soltó a la prensa que el conductor del convoy no era maquinista, sino un agente de estación. Pablo García, delegado de prevención de CCOO de Ferrocarrils de la Generalitat que la única explicación era un desvanecimiento (dejando la posibilidad de que fuera causado por enfermedad, drogas o alcohol). Una opinión que compartieron el resto de los sindicatos.
Sólo UGT, con la boca muy pequeñita, además de participar en esta opinión, apuntaba hacia la otra posibilidad: un fallo en el sistema de frenado, pero claro, esto es imposible las máquinas no fallan nunca, la culpa es del maquinista.
La familia de Joaquín Pardo merece estar orgullosa de un hombre que luchó por ellos en la vida, y que una desgracia lo ha arrebatado de su lado. Pueden ir con la cabeza bien alta por la calle.
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Francisco Máñez
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