La memoria y el efecto invernadero
17.06.06 @ 11:34:39. Archivado en Ciencia

Una noticia sorprendente: El 24% de las muertes en el mundo se debe a problemas en el medio ambiente.
Esto dijo María Neida, directora de la Salud Pública y Medio Ambiente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 15 de junio de 2006. Las causas se atribuyen de forma general a la contaminación del agua y del aire. La contaminación industrial, la provocada por el tráfico, las sustancias químicas y un largo etcétera hacen enfermar a la humanidad. Sin embargo, en ese largo etcétera se han olvidado de una causa.
Los que conocimos las décadas de los 60 y 70 todavía recordamos algo que hoy nadie se atreve a nombrar. En aquella época los científicos avisaban de un peligro que corría la humanidad, capaz de cambiar la atmósfera, el clima y producir nuevas enfermedades o agravar las conocidas. Se trataba de un tema olvidado: Las bombas atómicas.
La preocupación de los científicos era comprensible. La atmósfera había soportado más de 2000 explosiones atómicas y se esperaba superar las 3.000 en los siguientes años (algo que se hizo realidad). Se habían producido tanto en la tierra, como en el mar, en el subsuelo, en el cielo y en el espacio. Todas ellas preocupaban a los científicos por el resultado que causarían en el planeta, pero especialmente les aterrorizaban las realizadas en el espacio.
En 1958 saltó la primera alarma cuando los Estados Unidos de Norteamérica explotaron tres bombas de fisión en el espacio, a 160 kilómetros de altura, 294 y 750 respectivamente. El mundo entero sufrió los efectos de aquella devastación en el espacio. Fueron vistas auroras boreales en lugares imposibles, y la radiación cubrió el cielo del planeta del uno al otro confín.
Las explosiones afectaron fuertemente al entonces recién descubierto cinturón de Van Allen, ionizando parte de la atmósfera sobre poblándola y creando nuevos cinturones de partículas y que aun se pueden observar hoy en día.
Se explosionaron un número desconocido de bombas atómicas en el espacio. Tras percatarse de lo que habían hecho fueron prohibidas en el tratado de no proliferación (Test Ban Treaty) firmado entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
¿Pero que pasaba con la radioactividad? Si la explosión se producía a una altura considerable, los productos radioactivos no caían inmediatamente a la Tierra, pero con el paso de los años entraban en la atmósfera lentamente para terminar depositándose en el suelo. Las enfermedades futuras prometían ser terribles, acompañadas de un Sol abrasador que aumentaría exponencialmente el número de canceres.
Aparte estaba el daño causado a un sistema tan endeble como el formado por los gases que envuelven a nuestro planeta. Para muchos el daño era irreparable y calcularon los males que esperaban a las nuevas generaciones: calentamiento global, sequía, deshielo entre otras muchas cuestiones.
Ahora nadie nombra aquella locura que fueron las bombas atómicas. El pacto de silencio incluye atribuir los males de la salud y del medio ambiente a todo menos a la que posiblemente es la causa principal. Queramos o no, se está produciendo lo que se vaticinó hace décadas y si el esfuerzo principal no se hace para reparar las causas del problema es de suponer que ese 24% ira en aumento imparablemente, aunque saneemos nuestras aguas de productos químicos y limpiemos el aire.
Alguno de ustedes recordará que nuestros abuelos cuando les hablábamos del calor que hacía solían decir: “eso es culpa de lo que tiran los americanos al cielo”. En aquella época lo tomábamos como un atrevimiento de la ignorancia, pero... ¡cuánta razón tenían!
Cuando voy a afeitarme y pienso que dicen que la culpa la tenemos los cuidadnos de a pie por usar sprays o tener neveras, no puedo más que sonreír e intentar calcular cuantos sprays harían falta para igualar al resultado de una bomba atómica espacial.
En la década de los 90 un buen grupo de científicos europeos afirmaron que el efecto invernadero no existía, la atmósfera estaba cambiando por otras causas. Pocos les hicieron caso. Es llamativo que precisamente tres potencias atómicas, India, China y en especial Estados Unidos se retiraran del acuerdo de Kioto ¿Sabrían que los europeos tenían razón y que la culpa no era ni de la industria ni de la técnica moderna?
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Francisco Máñez
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