SE ha reiterado, pienso desde la época que se pierde en el túnel del tiempo, es decir, desde que se consolidaron las primeras relaciones grupales y sociales, que la 'política es el arte de lo posible'. Y esto se aplica tanto a la política interior de un país como a la política internacional. Las estrategias y los planes han de modularse, adaptarse, ajustarse a los imprevistos de cada día. Se ha de suponer, por demás, que existen un manojo de principio y tradiciones -en los países democráticos están recogidos en la Constitución- que inspiran la acción de gobierno y el devenir de las sociedades. El pueblo soberano es el depositario del poder, cuyo ejercicio lo transfiere, al Legislativo que tiene una función primordial, la de controlar al Ejecutivo, ambos sometidos a la ley cuyo máximo celador es el Poder Judicial. A la acción de gobierno suele acompañarle el 'aguante y el temple' en la consecución de los objetivos trazados en los planes y programas.
Este preámbulo me lleva a reflexionar sobre hechos y realidades concretas de suma trascendencia. Todo el mundo ha podido ver, imágenes del reciente encuentro entre el presidente Zapatero y el presidente Obama, con el detalle de la mano sobre el hombro y una declaración de amistad por no calificarla de promesa de amor compartido.
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A José Tomás, como el mito que inquieta envuelto en sombras
A la Historia (pongámosla con mayúscula) se la ha dividido en épocas creyendo que así la "aprendemos" mejor (aunque es lamentable el poco peso y los reducidos conocimientos de los hechos históricos con que salen de las aulas nuestros bachilleres...). Sin embargo, el gran historiador (yo lo calificaría de pensador) Fernand Braudel -- que aún no fue superado en sus estudios sobre el Mediterráneo-- complicó afortunadamente las cosas introduciendo las civilizaciones. Así pues, para Braudel era improcedente abordar el estudio de la batalla de las Navas de Tolosa o de la Conquista del Oeste americano sin centrar tales hechos en un marco más amplio que es el estudio de las civilizaciones que se esconden detrás tales hechos, y que sin duda los explican con mayor precisión y no menos complejidad.
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Hace 40 años el mundo era otro mundo. Nadie osaba hablar de globalización. Aún tambaleándose en la cuerda más que floja, el fantasma del "internacionalismo proletario" a duras penas reflotaba en un contexto que ya no era el analizado por el economista Marx, en su época, y que le llevó a una conclusión perentoria: la revolución proletaria tendrá sus prolegómenos en la Inglaterra industrial de los lores. Se equivocó. Esa revolución, frustrada como nos lo demostró la historia reciente, tuvo lugar en la entonces Rusia de los zares plagada de campesinos pobres. Hacía falta una catarsis y la catarsis llegó con el "Mayo 68" en Francia y con un telón de fondo rebosante de lecciones: el asesinato de Martin Luther King, la guerra de Vietnam, las revolución cubana, la independencia de Argelia, las operaciones estalinistas en Budapest y en Praga, la ola de las descolonizaciones de los años 60... En los países industrializados el movimiento estudiantil agita el árbol de la ciencia y de la conciencia en las universidades: Alemania (entonces Alemania Federal), Roma, Estados Unidos, Francia, España, Grecia, Portugal. Ya no servían, por caducos, obsoletos e inadaptados, los clásicos paradigmas que a duras penas sostenía a sociedades estancas y burocratizadas. El sociólogo liberal conservador Michel Crozier llegó a escribir un famosos libro que tituló "La sociedad bloqueada". Se vivía en un caldo de cultivo que presagiaba el salto a la modernidad, a procesos mundializados, a unas nuevas formas de democracia. Incluso la ONU no escapó a tales turbulencias democratizadoras al ver sensiblemente incrementada su representatividad con la incorporación de los nuevos Estados en formación que habían surgido de la descolonización. Ya en aquellos entonces se iba perfilando la nueva sociedad mundial de la información y la comunicación. La autarquía económica y social; la científica e intelectual que se "conservaba" en el interior de los recintos universitarios; la que daba sustento a las relaciones autoritarias en el seno de la sociedad, de la familia, de la investigación y de la docencia y del manejo político de las sociedades, estaba abiertamente puesta en cuestión por la sociedad civil, en particular por aquellos jóvenes que teníamos 40 años menos.
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A José Tomás, como el mito que inquieta envuelto en sombras
A la Historia (pongámosla con mayúscula) se la ha dividido en épocas creyendo que así la "aprendemos" mejor (aunque es lamentable el poco peso y los reducidos conocimientos de los hechos históricos con que salen de las aulas nuestros bachilleres...). Sin embargo, el gran historiador (yo lo calificaría de pensador) Fernand Braudel -- que aún no fue superado en sus estudios sobre el Mediterráneo-- complicó afortunadamente las cosas introduciendo a las civilizaciones. Así pues, para Braudel era improcedente abordar el estudio de la batalla de las Navas de Tolosa o de la Conquista del Oeste americano sin centrar tales hechos en un marco más amplio que es el estudio de las civilizaciones que se esconden detrás tales hechos, y que sin duda los explican con mayor precisión y no menos complejidad. Braudel neutralizó para siempre a las simplificaciones o a las acciones que pretenden impresionar al personal con la memorización de fechas o de la lista de los reyes godos.
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