ALFONSO CANALES.- Un testimonio personal
25.11.10 @ 16:35:38. Archivado en Artículos en Diario Sur
Ha muerto uno de los más grandes entre los primeros grandes poetas de la literatura contemporánea española. Sus poemarios colocaron a la “poesía religiosa” en ese anaquel en donde destacan, hoy con él, Fray Luis y Teresa de Jesús. Aunque Alfonso Canales, sin ser un poeta místico, inunda y ancla sus versos en la tradición cultural marcada por una profunda religiosidad andaluza que depura con el dominio exquisito, casi puro, del lenguaje convertido en lengua poética que eleva a lo universal. Ha muerto Alfonso Canales, uno de los grandes poetas españoles contemporáneos. Se me ocurre ahora pensar que el poeta amigo que se fue, y que queda para siempre en su obra y con su obra, leyó, porque él leía todo, a José Bergamín: Morir es reconciliar/ la realidad con el sueño/ y el sueño con la verdad.
Conocí a Alfonso Canales, personalmente, allá por los años 60 aunque las familias, la de él y la mía, se conocían “desde siempre”. Ignoro las razones e incluso las motivaciones pero el primer encuentro fue para hablar de poesía aprovechando unas vacaciones estivales, paréntesis obligado de estudios e inquietudes en la universidad de Madrid. Un grupo de amigos, a los que la prensa de la época llamó “jóvenes poetas”, hicimos una lectura de poesía en el Ateneo de Málaga en su sede de la Plaza del Obispo. Solamente recuerdo de esa ocasión compartida a otro “joven poeta”, Pedro Tedde de Lorca, que imagino finalizaba su “Primera Playa”. Con Pedro/Piero ambos visitaríamos a Alfonso Canales en numerosas ocasiones. El Teatro Ara, con Ángeles Rubio Argüelles, escenificó algunos de nuestros primerizos versos. Con Agustín Delgado, Eugenio Chicano, Piero Tedde, Rafael Pérez Estrada, Juan Genovés y el novelista Armando López Salinas, organizamos en “La Buena Sombra” el I Certamen Internacional de Pintura. Ángel Caffarena se había convertido en el gran oficiante de los escribidores de poesía con sus ediciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce. Caracola estaba en su última etapa bajo la dirección de José Luis Estrada Segalerva. Y renacía recuperada por José María Amado la revista Litoral. La Colección de Poesía “El Bardo” edita en 1967 Doce Jóvenes Poetas Españoles (Ballesteros, Barasoain, Batlló, Betanzos, Carrillo, Delgado, Elías, González Martín, Guelbenzu, Orellana, Pariente, Urrutia), y en 1968 publica Port-Royal de Alfonso Canales: ¿Es así, Señor, es así tu tristeza?/ ¿Es así tu descontento de los hombres? Alfonso Canales era como nuestro guía espiritual en poesía que teníamos al alcance de la mano; los otros, estaban muertos o lejos. Bernabé Fernández Canivell también formaba parte de nuestras referencias locales y de nuestros aprendizajes que creíamos casi clandestinos pero que, en realidad, eran de una gran inocencia alterada, de vez en cuando, con los gin-tónicos de la primera época y con los güisquis de la segunda etapa, todo ello con gran moderación.
Una juventud rebelde, inconformista como toda juventud que se precie, pero sobre todo, una juventud que buscaba sin saber a ciencia cierta si la poesía y el arte eran un refugio o una interrogación que nunca se apaga o que de repente se aparca en el arcén de los caminos. Rozábamos siempre lo efímero y seguimos rozándolo querámoslo o no. Recuerdo los consejos y anécdotas didácticas de Alfonso Canales en su despacho-salón rodeado de libros. Y el día en que se me comunicó que se me había concedido el premio de poesía “Litoral” (1968) por un jurado del que formaron parte Alfonso Canales y José Hierro (no recuerdo a los otros). El poema era/es un canto a África: Partida de caza entre cañaverales. Sentí como si una tormenta de responsabilidades cayera sobre mi mente. Tuve el fuerte presentimiento que no llegaría a modelarme como poeta. La opción profesional por la que me iba decantando no me dejaría el tiempo suficiente para trabajar una forma de expresión que requiere la serenidad, el silencio y el descendimiento a los infiernos para, quizás, alcanzar los cielos. Años más tarde, en 1972, Alfonso Canales tuvo la amabilidad de prologarme Conversaciones en el Estudio.- En el 90 aniversario de Picasso. Creo que fue el único libro dedicado a Pablo Picasso en su cumpleaños que evitó ser pasto de la censura de la época porque pasó a través de un mecanismo que vinculaba a las Ediciones El Guadalhorce con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Nunca dejó de enviarme sus libros poéticos y sus “plieguecillos ilustrados con verso propio” como felicitación navideña. Por mi parte, también le hacía llegar mis cada vez más infrecuentes poemarios a los que siempre acusaba recibo con frases de aliento y enorme benevolencia. Guardo, un tanto dispersa, parte de su correspondencia que me enviaba a Panamá, Brasil (allí fui, en 1975, Académico Correspondiente de San Telmo, que en aquel entonces presidía Baltasar Peña Hinojosa), París y Túnez. En abril 2003 me entrega Navidades Juntas, en donde escribe: “antiguo y vigente amigo, que espero ya recuperado para Málaga”. Así fue. Y en noviembre 2003, siendo él Presidente, fui elegido Académico numerario de San Telmo.
En su decir y hacer, jamás toleró, incluyéndose a sí mismo, que nadie faltase el respeto a nadie; que nadie hiriese en su presencia la dignidad del semejante. Alfonso Canales era una persona de sólidos principios morales. Para él, la ética era fundamento de su quehacer.
Retomo El Candado (1956) en su Canto Final:
Y Tú estás y nos cuentas, conoces nuestros nombres,/ sabes cuanto hay que saber sobre nosotros,/ nos miras desde lejos ya vivos, definitivamente vivos,/ muertos definitivamente,/ enteros ante Ti, como acabados utensilios aptos para la luz o el fuego/ (…) Sólo que digas: ¡Muere! y viviremos.
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Francisco J. Carrillo
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