Un reto de la ciudadanía
07.10.10 @ 18:09:13. Archivado en Artículos en Diario Sur, Málaga
No hay motivos para el desánimo porque abundan razones para asumir viejos y nuevos desafíos. Incluso nuevas 'utopías razonables'. Y atinar a desencadenar una socio-dinámica cultural (Abraham Moles) como un destino más que como una meta administrativa a corto plazo. El hecho de que Málaga no hay sido preseleccionada entre un manojo de ciudades españolas para aspirar a ser capital 'europea' de la 'cultura' en 2016 no exime en manera alguna de las responsabilidades y de los compromisos inherentes a toda obra de revitalización del tejido urbano cuyos actores son los propios ciudadanos. Hace apenas cinco años publicaba en SUR (16-XI-2005) un artículo, '¿Por qué no Málaga capital cultural de Europa 2010?'. Corría por la ciudad, sobre todo entre las 'fuerzas vivas', un cierto desánimo ante ese proyecto. Por aquellos tiempos, unos se iban posicionando ante ese reto con «una aproximación cargada de malagueñismo reductor, como si viviésemos en una burbuja cultural»; otros 'sólo veían en el tema sus connotaciones burocráticas y administrativas, creyendo ser el camino para conseguir tal objetivo'; y, por último, 'los escéptico razonablemente optimistas pero conscientes del trabajo de titanes que la ciudad tenía que realizar'. No creo equivocarme cuando afirmé en ese escrito que la mayoría no sabe, no responde. En aquel entonces no se daba el consenso político entre los grupos del Pleno municipal y, por ende, tampoco en una distribución de trabajo consensuado en el interior mismo de la concejalía de cultura.
Y añadía: La simple enumeración o yuxtaposición contable de bienes, servicios e industrias culturales, no vale. Me refería a: La Alcazaba, Gibralfaro, el Museo Picasso Málaga, el Centro de Arte Contemporáneo (que sigue sin abrir sus puertas a los buenos pintores de la Málaga de los 50), el Museo de Artes y Tradiciones, el futuro Museo de Málaga, el de la baronesa Thyssen; nuestro arte sacro, nuestra pintura, nuestros escultores, orfebres y ceramistas; escritores y poetas; nuestra Orquesta Filarmónica; nuestra música, nuestras óperas, conciertos y teatro; el Festival de Cine, el futurible Auditorio, los bellísimos jardines botánicos. Toda esta oferta cultural no bastaba; no constituía razón suficiente, como tampoco el turismo y los cruceristas.
Me atreví a hacer un apunte estratégico: Sin una 'pedagogía cultural' de largo alcance no se romperá la burbuja localista, a años luz de las necesidades perentorias de la ciudadanía, burbuja anclada en los 'felices' años 20, en los bailes de salón y en los pudorosos Baños del Carmen con estera divisoria de hombre y mujeres. Puse un ejemplo: los museos serán referencias emblemáticas en las redes internacionales y para el turismo, pero pueden ser también los grandes desconocidos por nuestra ciudadanía y jugar el papel estático de mausoleos de prestigio. Ahora añadiría que la política museística debe ser de gran rigor selectivo, en calidad, movida por claras prioridades.
Me había leído los 'requisitos' oficiales en los que debían inspirarse los proyectos de candidatura. (Cierto que los conocí en la realidad cuando, estando al frente de la oficina regional de la UNESCO en el mundo árabe, acompañé muy de cerca los avatares del proyecto de la capitalidad cultural de Túnez para la región de los Estados árabes, que finalmente llegó a conquistar por su apuesta educativa que la acompañó, entre otras cosas, añadida a los siete sitios culturales inscritos en la Lista del Patrimonio de la Humanidad). En el mencionado artículo de 2005, afirmaba que el jurado para la selección de 2016 considerará tres bloques fundamentales: el proyecto en sí mismo, el apoyo y la movilización ciudadana, la adhesión institucional de todos los grupos políticos, todo ello bajo la responsabilidad y dirección del alcalde de la ciudad. Terminaba mi texto de la siguiente forma: tomar solamente como eje a Picasso y al magnífico Museo Picasso Málaga puede ser una eficaz operación mediática, pero mucho me temo que no sea el camino para que a Málaga sea elegida como capital cultural europea 2016.
¿Qué pasó entre 2005 y 2010? ¿Qué proyecto se presentó? Lo ignoro. Y soy del parecer de que la ciudadanía también lo ignora. Me parece que el problema está aquí: en los ciudadanos, en la participación 'activa' de la ciudadanía en el desarrollo cultural de Málaga. Me parece también que se hizo, o no hubo tiempo de hacerlo, muy poca 'pedagogía cultural' a través de las escuelas, de los centros de formación, de la universidad, de las redes de ocio, de las asociaciones y centros de animación de todos los barrios de Málaga, comenzando por algo tan básico y tan 'cultural' como es la limpieza de la ciudad y la educación cívica. Y esta tarea es de titanes como decía al comienzo de este artículo y va más allá de toda directriz o bando administrativo.
El nivel cultural de una ciudad, a pesar de la agravante alta tasa de desempleo que nos hace perder horas de sueño, se mide a través del nivel cultural de sus ciudadanos que son los protagonistas de la dinámica cultural. La cultura no viene impuesta por los bienes, equipamientos e industrias culturales; y el patrimonio cultural o puede ser estático o puede ser fuente de aprendizaje y desarrollo de las capacidades cognitivas personales. Para que así sea hay que 'enseñarlo' para que los ciudadanos puedan 'transmitirlo' a sus hijos convertido en cultura viva que se transforma, a su vez, en generadora de nueva pautas culturales asumiendo la 'cultura de la ciencia y de las nuevas tecnologías' como signos de nuestro tiempo.
Estos retos culturales, como constante, salen reforzados tras la decisión de un jurado de no seleccionar a Málaga, ciudad europea, ¡cómo no iba a serlo!, y con un invernadero cultural suficiente para asumir los desafíos inaplazables de la participación activa de la ciudadanía en su propio proyecto cultural.
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Francisco J. Carrillo
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