Pasiones indias
23.03.09 @ 12:18:48. Archivado en Artículos en Diario Sur, Estados Unidos
DOS pasiones viscerales definen a la India contemporánea: la consolidación de la democracia y la práctica de la tolerancia. El hinduismo, más que una religión, es una forma de vida que se proyecta trascendentalmente hacia un apacible sublimación en tiempo constante. En el trasfondo de la pobreza extrema predomina una fuerte dosis de misticismo que facilita el encuentro con una población islámica, muy influida por el sufismo, y que representa casi un tercio de la población de ese gran país. Socio-demógrafos competentes estiman en 300 millones (y no en 130 como se dice en los libros) a aquellos que en India se identifican con el Islam. Los 25 millones de cristianos gozan del respeto institucionalizado por tres razones fundamentales: son parte integrante de los mecanismos democráticos; contribuyen a las tareas educativas sin proselitismo; desarrollan importantes programas de revitalización social.
Asia se ha convertido en un laboratorio en donde se decidirán las grandes opciones de futuro para todo el planeta. Por China e India transitan ya las soluciones plurales para salir de la crisis económica mundial. Estos ingredientes serán determinantes en la próxima reunión del G-20 en Londres. Muy revelador es el hecho de que Hillary Clinton, en su primer viaje como secretaria de Estado, haya dado prioridad a Asia (Japón, Indonesia, China y Corea). Economía y estrategia política. Indonesia, con una democracia asentada y un Islam mayoritariamente dialogante, será la principal base de operaciones para contrarrestar la presencia del islamismo radical y de los grupúsculos terroristas en Pakistán y en Afganistán. Al tiempo que Hillary Clinton hacía sus tareas en esos países, Richard Holbrooke, representante especial del presidente Obama para Pakistán y Afganistán, llegaba a Nueva Delhi. Su objetivo, diseñar un acuerdo entre India, Pakistán y los Estados Unidos, para resolver la problemática de los talibanes afganos. El Oriente Medio parecía quedar en un segundo plano en la nueva política exterior estadounidense. Pero no es así. El presidente Obama ya se manifestó en favor de conversaciones con Irán y encargó al ex senador George Mitchel la búsqueda de caminos de paz al conflicto israelo-palestino, además de la reciente misión del senador demócrata Jonh Kerry en Gaza, primer «oficial» de Estados Unidos que visita la Franja y que, sin duda, no fue a jugar al golf sino a «hablar» con Hamás. Después, se fue a Siria. Tras estos 'exploradores', Hillary Clinton ya viajó a Charm el Cheik, Palestina e Israel con el mensaje de 'dos Estados'. El dispositivo Obama para Asia y para el Oriente Medio ya está en marcha.
El ataque perpetrado en Bombay por «terroristas que vienen de fuera» (esta es la expresión que recientemente pude leer y escuchar en India), ha hecho que el gobierno indio tome medidas excepcionales, incrementando en un 25% el presupuesto de Defensa. En la programación de este presupuesto aparece la adquisición de 150 navíos militares para proteger las costas del país. Uno puede sorprenderse (si no conociera las razones de fondo) ante la cantidad de arcos de detección de explosivos en hoteles, museos, monumentos y sitios del patrimonio cultural, todos los edificios administrativos y grandes almacenes e, incluso, a la entrada de algunas plazas públicas. No escapa el majestuoso Taj Mahal a tales drásticas medidas. Inquietante (aunque los motivos abundan) ver en las principales arterias de Delhi montones de sacos terreros que servirían de trincheras al ejército ante una ofensiva terrorista cuyos actores hubiesen atravesado las fronteras indias. La ciudadanía multicultural mantiene, en calma y en paz, el ritmo trepidante propio de una megalópolis de un país emergente sin problemas de tesorería y con previsiones estables de un 7% de crecimiento basado en sectores estratégicos y productivos como las nuevas tecnologías, el textil de alta calidad, incluso el cine. La democracia india no se ha visto en peligro desde la independencia ni tampoco las ideas de Mahatma Gandhi. Esa democracia se refleja en los presupuestos generales. El gobierno indio tiene en cuenta la estructura social y sus segmentos. Así, la electricidad no cuesta lo mismo a una familia pobre que a una de la clase media. La supresión legal de «las castas» no produjo, ni podía producirlo, la superación de las grandes desigualdades sociales y económicas, como tampoco la coexistencia de economías de subsistencia y de un amplio mercado informal con una economía moderna altamente desarrollada cuya referencia de punta es la energía nuclear y una «masa crítica» de técnicos superiores y de centros de excelencia únicos entre los grandes países emergentes con excepción de China. Es evidente que India y China entran en competición por la «hegemonía regional», pero sus economías y sus monedas están fuertemente insertadas en los procesos de globalización económicos y financieros y, por esta razón, están llamados a entenderse en plena turbulencia de la crisis mundial.
La nueva política exterior del presidente Obama, más allá de las alianzas económicas y políticas, persigue como objetivo manifiesto un control del armamento nuclear en Asia y en el Oriente Medio. Sabido es que China, India, Pakistán e Israel poseen la bomba atómica. Y muy probablemente están por conseguirlo Corea del Norte e Irán. Herencias de la guerra fría según el viejo adagio que se intenta aparcar, con toda razón, por los defensores de la «seguridad humana»: Si quieres la paz, prepara la guerra. Equilibrios que son fuentes durmientes de conflagración mundial e hipótesis de renovación de las actuales armas del terrorismo transnacional.
Que al menos las pasiones indias por la democracia y por la práctica de la tolerancia nos sirvan de consuelo en la espera de un nuevo orden mundial, democrático, tolerante que, para serlo, no podrá renunciar a ser solidario. «Entre tanto, en el profundo silencio de la noche, las estrellas sonríen y murmuran entre sí..», poetizó Rabindranath Tagore.
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Francisco J. Carrillo
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