El brujo Keynes
01.10.08 @ 14:54:21. Archivado en Artículos en Diario Sur, ECONOMIA Y SOCIEDAD
EL primer 'Plan Paulson' no pasó la criba en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de América al tiempo que, en pleno desencadenamiento de la crisis mundial creada por el capital especulativo, Sarah Paulin, candidata a la vicepresidencia con McCain, se aventura a especular, ella también, sobre la coexistencia de los dinosaurios y de los homínidos hace 6.000 años. Cabría preguntarse, a tenor de los hechos, ¿en qué mundo estamos?
Recuerdo aún que cuando estudiaba Derecho Constitucional, aquel moderado profesor que era Luis Sánchez Agesta nos enseñó que en los EE. UU. quienes realmente gobiernan son los «grupos de presión», siendo el bipartidismo y el presidente expresión de los mismos. Luego verifiqué esta lección teórica, que ne me resultó nada difícil, observando las grandes decisiones tomadas en la Casa Blanca, incluidas aquellas que dieron luz verde a la guerra. Lo comprobé igualmente in situ, sobre todo en Nueva York, en el transcurso de algunos viajes que me permitieron sedimentar ideas y opiniones ante un bourbon embargado por los acordes del piano del Algolquín.
¿Por qué el 'Plan Paulson' no fue aprobado por los representantes del pueblo americano? Sencillamente porque significaba una pura y simple transferencia de recursos del erario público (Reserva Federal y Tesoro), es decir, de los contribuyentes, a los mismos especuladores que crearon, agudizaron y abrieron la crisis, cuyas repercusiones mundiales por causa de la globalización son, han sido y seguirán siendo evidentes por no decir drásticas. Pongamos algún ejemplo que nos ayude a comprender esta grave crisis: ¿cómo salvar directamente a los cuatro millones de norteamericanos que se han visto en la imposibilidad de cumplir el pago de sus hipotecas y que ya se ven obligados, por la acción especulativa de algunos bancos, a abandonar sus hogares con métodos expeditivos de expulsión? Esos cuatro millones de contribuyentes no solamente perderán sus casas y, evidentemente, sus hipotecas-basura, sino que están aterrados de ver cómo la Reserva Federal y el Tesoro, que viven de los impuestos que ellos pagan, salen a socorrer a las estructuras bancarias y especulativas precisamente con el dinero de sus impuestos. Y podríamos añadir que cuatro millones de viviendas cerradas no generan beneficios para que los poderes locales asfalten calles, rieguen jardines y coloquen más semáforos. Así se crea una espiral que incide directamente en el funcionamiento de la economía que más afecta al ciudadano. Algunos se preguntan también por las razones que sustentarían un voto positivo de la actual redacción del 'Plan Paulson' (impulsado por Bush) para salvar a los grandes especuladores con una nada irrisoria cantidad de 700.000 millones de dólares, razones que han excluido sistemáticamente desde hace años abordar seriamente un 'plan de salud' para todos los norteamericanos o un plan de ayuda a los más desfavorecidos para acceder a las grandes universidades del país. (Señalemos, de paso, que en EE. UU. se estima en 20 millones la población pobre.) Sin duda, una parte de los representantes del Partido Demócrata ha basado su voto negativo en tales argumentos para 'presionar' una nueva redacción del 'Plan Paulson', más 'social' y más respetuoso con los intereses de la ciudadanía que paga los impuestos. La otra cara de la moneda (valga esta formulación que podría ser hoy impudorosa), es decir, los votos negativos de los republicanos, se basa en el 'no intervencionismo' de los poderes públicos. Es preciso, dicen, respetar totalmente las leyes propias de una economía de mercado completamente libre. Son los 'neoliberales' conservadores a ultranza: si hay paro, no debe existir ayuda para paliarlo; si los que padecen enfermedad no tienen medios, que los busquen ellos mismos sin cobertura pública; si las universidades son caras, que vayan a ellas los que han triunfado en la carrera competitiva de un mercado que debe ser el único regulador. Y estos 'neoliberales' no se reducen a lo que se ha convenido en llamar 'neocons'. Son más. Son aquellos que creen casi religiosamente en los beneficios de un liberalismo económico sin trabas de ningún tipo y en sus actores principales: los grupos de presión. Temen que el fantasma del economista clásico, el 'brujo Keynes', reviva y dé carta de naturaleza constitucional a un 'intervencionismo regulador' de la economía del país. Dicen: sería como introducir el socialismo o el comunismo en el interior de nuestras fronteras.
Estas reflexiones ayudan a comprender mejor los matices diferenciales entre Obama, prudente pero consciente de que hay que reformar el sistema bancario, y McCain, también prudente pero partidario de sostener ese mismo sistema con inyecciones de dinero de los contribuyentes que, en suma, abre la vía a una modalidad muy curiosa de 'nacionalización de ese sistema', sin decir palabra alguna, por ejemplo, sobre la eventualidad de la 'nacionalización del sistema de salud' de los Estados Unidos.
La grave crisis por la que atraviesa el sistema bancario, las aseguradoras y las sociedades de inversión en los EE. UU. incidió en profundidad en la economía mundial, sobre todo en Europa y en el sudeste asiático. Efectos del contagio y pérdida incipiente de confianza en los bancos en el contexto de una economía mundial globalizada e interdependiente. Además de los EE. UU., en Europa los gobiernos están 'salvando' situaciones análogas en Alemania, Francia, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo... El BCE ha inyectado más de 100.000 millones de euros. Incluso los EE. UU. lo han hecho hace unos días en Europa con más de 100.000 millones de dólares. Las bolsas asiáticas se agitan porque tienen mucho que perder y son muy dependientes.
Ese carrusel de economías interdependientes privilegiaron el crédito en lugar del poder adquisitivo. Y los grandes especuladores (se dice que el 60% de la economía mundial es capital especulativo), a quienes se quiere hoy 'salvar' con el 'Plan Paulson', crearon una gran crisis. ¿Qué ocurrirá mañana, quién irá en ayuda de los pequeños bancos locales, de las pequeñas y medianas empresas, de los pequeños ahorros, de los déficit lógicos de la Seguridad Social en medio de tal entramado que la condiciona? La situación es grave. Y no es descartar la agudización del efecto dominó. Las bolsas europeas y Wall Street están a la espera de que finalmente se apruebe una nueva versión del 'Plan Paulson'. Pero tal aprobación, que sin duda tendrá lugar, resolverá el problema a corto plazo. La inquietud profunda continuará si no se reforma el sistema bancario y financiero a nivel global y si no se responde a las necesidades más perentorias de la ciudadanía, con la prioridad en el poder adquisitivo y en un poder público regulador (vivienda, salud, empleo y ayudas sociales) frente al vivir endeudado durante toda una vida con créditos gracias a las hipotecas-basuras que han logrado poner en estado de crisis muy profunda a la misma estabilidad del planeta.
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Francisco J. Carrillo
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