DE LA DESACELERACION A LA CRISIS ABIERTA
08.08.08 @ 17:26:48. Archivado en ECONOMIA Y SOCIEDAD
¿Pérdida de confianza?: El precio de los pepinos en Italia ha subido en un 400%; el BCE ha fijado la tasa de interés en un 4,25% mientras que en Estados Unidos es de un 2%; el Euro sobrevalorado obstaculiza las exportaciones; y la Europa comunitaria se desliza a un crecimiento cero con inquietante panorama de desempleo y de recortes en los programas sociales y culturales.
Hace ya algunos años, por no decir muchos, aprendí, guiado por aquel clarividente economista (prefiero no llamarle maestro, aunque ejerció el magisterio universitario, porque su natural modestia se hubiese irritado), Maurice Godelier, que en economía la "racionalidad" está pendiente de un hilo; en consecuencia, también es preciso trabajar en el terreno de los imponderables "irracionales". En todos los países de Europa, analistas de la marcha de las economías y politicólogos hablan, en estos momentos, de "coyuntura preocupante". Por ello, optaron por "desaceleración" en lugar "crisis" con ciertos fundamentos. Si esa "coyuntura preocupante" tuviera lugar solamente en España y no en el resto de países europeos y en Estados Unidos de América, entonces sería una gran falacia evitar la palabra "crisis" para llamar al pan, pan y al vino, vino. Aunque, si las previsiones para Europa son de crecimiento cero, la “desaceleración” ya nos llevó a la “crisis” generalizada. España es un componente más.
La reunión anual del grupo G8, que integra a los países más desarrollados del mundo (en donde ya debería estar España), en la ciudad japonesa de Toyako, ha constatado que la situación de la economía mundial es más inquietante, es decir, preocupante, de lo que se podía imaginar. Ha habido equívocos imperdonables sobre la dimensión de la recesión en Estados Unidos. Tres factores han concurrido para que la "desaceleración" se generalice, sobre todo en los países industrializados con fuertes estructuras de altas tecnologías: el nuevo "choque" petrolero, la crisis de los créditos y la gran deflación de los activos bursátiles e inmobiliarios. Consecuencia de mar de fondo: la incidencia en el consumo y la pérdida de confianza galopante de los consumidores. La inflación, que iba mostrando sus orejas detrás de los matorrales cual lobo sediento, muestra ya sus afilados dientes. (Dos ejemplos de naturaleza diferente pero interrelacionados: en Italia, el precio de los pepinos ha subido un 400%; en Francia, el INSEE acaba de comunicar el índice de crecimiento: 1,6%). La subida de la tasa de interés a 4,25% por el Banco Central Europeo no solamente despertó un enérgico desacuerdo de parte de Zapatero-Solbes, sino también (y poco o casi nada se dijo), de Sarkozy, Berlusconi y otros dirigentes Europeos. La tasa de interés en Estados Unidos es de un 2%, lo que coloca al euro “sobrevalorado” y al dólar “débil”.
El ciudadano que va al mercado se encuentra con la desagradable sorpresa -y esto ocurre en toda Europa- de la subida de los precios de los alimentos como resultado ineluctable de la incidencia del precio del barril de petróleo (hay estimaciones que pronto llegará a los 200 dólares) en la producción de esos bienes, al igual que cuando el automovilista llega a una gasolinera para llenar el tanque de su coche o el tractorista de su tractor, o el camionero, o el turista que compra un pasaje de avión o barco. (Air France acaba de anunciar la subida del coste de sus billetes).
En tales circunstancias, ¿es posible que un país, en solitario, pueda llevar a cabo las reformas estructurales necesarias, inmerso en una economía globalizada con procesos también globalizados económicos y financieros? ¿Es de recibo el retorno a una cierta "autarquía" en plena economía internacionalizada? ¿Cómo salvaguardar los programas sociales y culturales al tiempo que instancias supranacionales limitan el relanzamiento de las economía a través del consumo para frenar la inflación? Hay un aspectos de toda esta compleja problemática cuya incógnita no logro despejar: ¿es posible reactivar las economías europeas -y naturalmente la de España- mediante medidas monetaristas con un euro sin duda sobrevalorado en relación al área en donde predomina el dólar, y con unas tasas de desempleo cuya estimación señala su incremento? Algunos hablan del retorno mágico de las política keynesianas, con una mayor intervención de los poderes públicos. ¿Es viable sin decisiones conjuntas y unánimes en el seno de la Unión Europea? En el marco de una "desaceleración coyuntural", a la que ya se puede calificar de "crisis generalizada" válida para todos (a la que no escapará Alemania, apenas salvaguardada), queda claro que la búsqueda, en sinergia con los otros países europeos, de energías alternativas a los hidrocarburos es algo de Perogrullo, sin olvidar las reformas estructurales en profundidad de nuestras aparatos productivos, sobre todo si dirigimos nuestra mirada hacia China, India y otros grandes países emergentes. Las situaciones de "desaceleración coyuntural" (¿hasta cuando durará la coyuntura tal cual es?) conllevan el riesgo, como acertadamente afirma mi entrañable amigo y gran politicólogo francés, el liberal-conservador Alain-Gérard Slama, del "malestar de la democracia", añadiendo que "salvo la señora Merkel, que beneficia de una coyuntura favorable y que está a la cabeza de una coalición, ningún jefe de Estado o de gobierno europeo escapa ya a una crisis de confianza generalizada".
Si hoy aplicásemos la célebre "curva de la desigualdad" de Lorenz, incluyendo la emigración y destapando los "mercados invisibles" de la economía sumergida, la situación globalmente considerada señalaría más desigualdad que en los años 20! Las cifras cantan: en estos últimos años, la media del crecimiento de la economía mundial fue de 5% y se creó trabajo para 10% de la población en edad activa del planeta. Ahora, entramos en una etapa de "destrucción de empleos" y de "desconfianza" de los consumidores que se ven obligados a consumir menos. Las soluciones individuales en un solo país llevarían, a lo más, a reparaciones estéticas localizadas sin llegar a atajar en su raíz la problemática de fondo. Y algunos dirigentes se dejarían seducir por la trampa autoritaria y populista (de la que no están lejos Sarkozy, Berlusconi y Putin), debilitando la concertación, el diálogo con los movimientos sociales organizados y, en suma, el juego democrático.
En la actual situación, sin duda grave por sus horizontes sombríos, el G8, la Unión Europea y los Estados Unidos con la amplia área de influencia del dólar, tienen mucho que decir, comenzando por una firme acción política y económica de lucha contra los grandes especuladores del petróleo, como punto de partida inmediata. El retorno de la confianza del consumidor es un factor (¿racional o irracional?) del relanzamiento de nuestras economías. Es urgente recrear los poderes adquisitivos.
Comentarios:
El mundo esta "dolarizado", EEUU, el motor mundial, no para de inyectar dolares desde la epoca de Reagan para poder incrementar su deuda. Eso genera inflacion mundial, pero en algun momento se acabara.
Por otro lado, llevamos varias decadas de acumulacion de capitales en Occidente (lo que Usted comenta sobre la desigualdad), lo cual tampoco es sostenible a nivel social.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Francisco J. Carrillo
autor
Contacto


