26.05.08 @ 23:16:32. Archivado en Personajes
In Memoriam
En la costa normanda el Viernes Santo iba quedando lejos. Un lugar imperceptible frente a la isla de Jersey. Una protesta de mar que había hecho el pleno de la marea alta. Todo era gris con fondo de nubarrones negros. Oteaba esa mar que suelo buscar como contraste desde hace ya muchos años. Detrás de mi, casi al alcance de la mano, el campanario de una iglesia que fue golpeada por el Desembarco y de cuyos orígenes poco se sabe porque se encuentran entre las brumas del tiempo que gira en torno al siglo XII. Siempre que recorro esos parajes austeros, precisamente hoy contrapunto inequívoco del barroco exultante recorriendo la arterias de Málaga, me viene a mi memoria los primeros óleos del joven Gauguin, sacros y muy oscuros, antes de que el pintor diese el salto a otras luces y a otros colores.
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Hace 40 años el mundo era otro mundo. Nadie osaba hablar de globalización. Aún tambaleándose en la cuerda más que floja, el fantasma del "internacionalismo proletario" a duras penas reflotaba en un contexto que ya no era el analizado por el economista Marx, en su época, y que le llevó a una conclusión perentoria: la revolución proletaria tendrá sus prolegómenos en la Inglaterra industrial de los lores. Se equivocó. Esa revolución, frustrada como nos lo demostró la historia reciente, tuvo lugar en la entonces Rusia de los zares plagada de campesinos pobres. Hacía falta una catarsis y la catarsis llegó con el "Mayo 68" en Francia y con un telón de fondo rebosante de lecciones: el asesinato de Martin Luther King, la guerra de Vietnam, las revolución cubana, la independencia de Argelia, las operaciones estalinistas en Budapest y en Praga, la ola de las descolonizaciones de los años 60... En los países industrializados el movimiento estudiantil agita el árbol de la ciencia y de la conciencia en las universidades: Alemania (entonces Alemania Federal), Roma, Estados Unidos, Francia, España, Grecia, Portugal. Ya no servían, por caducos, obsoletos e inadaptados, los clásicos paradigmas que a duras penas sostenía a sociedades estancas y burocratizadas. El sociólogo liberal conservador Michel Crozier llegó a escribir un famosos libro que tituló "La sociedad bloqueada". Se vivía en un caldo de cultivo que presagiaba el salto a la modernidad, a procesos mundializados, a unas nuevas formas de democracia. Incluso la ONU no escapó a tales turbulencias democratizadoras al ver sensiblemente incrementada su representatividad con la incorporación de los nuevos Estados en formación que habían surgido de la descolonización. Ya en aquellos entonces se iba perfilando la nueva sociedad mundial de la información y la comunicación. La autarquía económica y social; la científica e intelectual que se "conservaba" en el interior de los recintos universitarios; la que daba sustento a las relaciones autoritarias en el seno de la sociedad, de la familia, de la investigación y de la docencia y del manejo político de las sociedades, estaba abiertamente puesta en cuestión por la sociedad civil, en particular por aquellos jóvenes que teníamos 40 años menos.
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Desde hace seis años, la comunidad internacional, impulsada por la UNESCO, declaró y viene celebrando el 21 de mayo como Jornada Mundial de la Diversidad Cultural en favor del Diálogo y del Desarrollo. "La diversidad cultural no se decreta; se observa y se practica", ha afirmado Koïchiro Matsuura, Director General de la UNESCO.
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Por
Brigitte Colin, Arquitecta de la UNESCO, Programa Migraciones, Arquitectura y Ciudades.
Francisco J. Carrillo, Ex responsable de la dirección del Gabinete de Educación de la UNESCO y miembro de la Academia de San Telmo.
Miembros del Consejo Internacional de Museos (ICOM)
A finales de 1970 se declaró el 18 de mayo como Día Internacional de los Museos. Un día internacional más que reviste particular importancia. Se enterró para siempre, al menos eso se pretende, la idea de los museos-mausoleos en donde se rendía homenaje a una cultura estática encerrada en cuatro paredes, inerte aunque significativa de especificidades unilaterales, imposibilitada de crear sinergias y de establecer puentes de ida y vuelta con los otros signos de identidad cultural en plena ebullición en los caldos de cultivo, -a veces estremecedores ante lo desconocido-, que se encuentran en el más allá, allende las fronteras imaginarias del non plus ultra. La mundialización nos ha llevado, de manera irreversible, a adoptar una actitud de aceptación y diálogo profundo, o de rechazo y confrontación como lo ha preconizado de forma harto discutible el brillante profesor de Harvard, Samuel P. Huntington. Sin embargo, preciso es reconocer que la diversidad cultural se mueve al igual que las placas tectónicas y mucho más si asumimos el hecho de que se camina sobre un terreno cuya lenguaje es el de lo simbólico plagado de signos que descubrimos o redescubrimos cada día.
¿Por qué el ICOM y la UNESCO, en maridaje reposado y en mutua fecundación, han decidido dedicar un día internacional a los museos? Simplemente porque el planeta tierra está en estado de interactividad. O se labora en el terreno de lo intercultural, asumiendo la realidad creadora "del otro", -ese gran ignorado al que se teme y al que se pretende negar-, o se entra de lleno en la estagnación y en la muerte de la universalidad del arte. Las culturas sobreviven si logran alcanzar la modestia en la acción de apertura ante las otras civilizaciones y culturas emergentes o en trance de ser descubiertas e integradas en unos complejos procesos sociales de catarsis por capilaridad.
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