
Por su variedad de formas, de cromáticas y aromas, las setas enloquecen a sus aficionados y gastrónomos. Su antiquísimo consumo hizo las delicias de los sibaritas micólogos griegos antiguos. De hecho, mico ("hongo") deriva del griego "mykés". Son un alimento de bajo aporte calórico (20Kcl/100 gr.), gracias a su importante contenido acuoso.
Hoy, las degustaremos con pasta, las proporciones están previstas para cuatro personas. Esa receta es, aparte de deliciosa, muy socorrida y puede constituir una comida expres y un plato único.
Laminar una cebolla regordete, dorarla en dos cucharadas de aceite de oliva. A mitad de la cocción, añadir un diente de ajo picadito, sofreír a fuego muy suave, añadir unos 350 gr. de setas de su elección (limpiadas y secadas), un vasito de vino de Jerez y tapar. Cocer a fuego lento unos 15' y al cabo de ese tiempo, agregar unos 150 gr. de mascarpone o nata espesa. Dejar espesar ligeramente, salpimentar y reservar en un punto calentito de su cocina.
Cocer la pasta al dente, escurrirla, distribuirla en los platos calentados, repartir la mezcla nata-setas encima, añadir láminas de queso parmiggiano reggiano en la superficie, decorar con hojitas de perejil y degustar enseguida.

De noviembre a febrero podemos gozar de las mejores clementinas, oriundas de la cálida Argelia y “creadas” accidentalmente por la misma naturaleza en un contenedor al principio del siglo pasado.
El Padre Clemente Rodier, religioso encargado de los huérfanos de Misserghin, viendo unos niños comiendo entre basura una fruta desconocida, de intenso tonalidad naranja y semejante a la mandarina, se quedó prendado de esa delica e inmediatamente, en el mismo jardín del huerfanato, intentó reproducirla. Después de varios intentos fallidos, consiguió el híbrido hoy conocido como “clementina”, en honor a su nombre y sus denodados esfuerzos. Ese cítrico es un desalterante cruce entre la mandarina y la naranja amarga, o “bigarada”, de ahí su inconfundible toque agridulce. La flamante frutita iluminó y conquistó los mercados con su esplendor rojizo, su carne casi desprovista de pepitas, su sabor delicioso e intenso aroma. Por tanto destronó rápidamente la más sosita mandarina y enseguida, inspiró sabrosas recetas como esos flanes otoñales, cuyas proporciones están previstas para seis personas. Se hacen en un santiamén de la manera siguiente:
Precalentar su horno a 200º. Calentar un litro de leche desnatada con una vaina de vainilla cortada transversalmente para extraer todo su aroma. En el vaso de la batidora, mezclar 200 gr. de azúcar, 4 huevos enteros y una yema, 50 gr. de harina e igual cantidad de Maïzena y de polvo de almendras y dos cucharadas de licor de clementinas. Añadir la leche calentita, una pizca de canela y seguir batiendo hasta obtención de una mús muy aérea.
Verter en una cacerola, calentar a fuego lento hasta que espese ligeramente. Distribuir en flaneros individuales, hornear unos 45’ a 180º. Dejar enfriar completamente y refrigerar una noche entera. Decorar con lonchitas de clementina, rociar con caramelo y degustar con bizcochos de soletilla.

¿Qué tal probar unos suculentos pancakes, realizados en 10', cocidos en 5 y devorados en mucho menos? Es muy fácil, aparte de delicioso.
Se hace mezclando 250 gr. de harina con un sobre de levadura química, otro de azúcar glas, 80 gr. de azúcar blanco, una pizca de sal y otra de canela, 2 cucharaditas de ron. A continuación, agregar 2 huevos gordos, 60 gr. de mantequilla fundida, 10 cl. de leche desnatada y trabajar bien la masa. Añadir poco a poco 40 cl. de leche hasta que todo esté bien ligado.
Cocer sus pancakes en una sartén pequeña, calentita y bien enmantequillada, a fuego muy moderado. Verter medio cucharón de masa en la sartén, cocer unos 3'. Cuando aparecen unas burbujitas en la superficie, dar la vuelta con la ayuda de dos espatulas (muy importante) y proceder a la misma operación del otro lado durante 2'.
Se sirve caliente, rociado de tibia mantequilla fundida, con miel o jarabe de arce es infinitamente delicado, con mermeladas, nata, nutella, mantequilla de cacahuete o a secas, divino.
El curioso nombre deriva del inglés "pan" (cacerola o sartén) y cake (postre). Esa receta, clásica de los desayunos norteamericanos, fue probablemente un legado de los emigrantes alemanes dieciochescos. A la sazón, se conocía como "Plannkuchen".
No hay que confundirle con la deliciosa crêpe francesa, igual de deliciosa y nutritiva, de un diámetro más considerable y notable delgadez (ciertos pancakes alcanzan unos 10cm), que se realiza sin levadura.
EE.UU. clasifica el pancake, a veces llamado hotcake, griddlecake o flapjack, entre sus savory (sabrosos) platos. Ciertas regiones británicas, Australia y Nueva Zelanda lo conocen como pikelet.
En todos casos y latitudes, el pancake es siempre exquisito y muy nutritivo. Intente variar la receta, añadiendo unas pepitas de chocolate o fruta fresca a la masa, el resultado final les encantará.

Así calificó esa deliciosa verdura el escritor francés Anatole France.
Con ese temporal, conviene consumir unos platos calentitos y para cambiar de las eternas sopas y caldos, podemos disfrutar de septiembre a noviembre del salutífero puerro, cuyo mejor ejemplar cultivado es el Allium Porrum. Ostenta un fuerte aporte minero-vitamínico (sodio, potasio, zinc, cobre, provitamina A, vitamina C y E de potente efecto antioxidante) y una liviana aportación calórica. Otras de sus virtudes más destacables son su notable poder diurético y alto contenido fibroso. Un caldito de puerro hará maravilla sobre sus riñones.
Hoy lo degustaremos en quiche, para cuatro personas. Precalentar su horno a 200º. Hervir en abundante agua poca salada 5 blancos de puerros lavados y laminados. Aparte, rebozar 100 gr. de jamón de York en tiras. Al cabo de ese tiempo, depositar los puerros en la misma sartén con 100 gr. de nata espesa, cocerlos unos 15' más a fuego moderado, salpimentar, añadir un poco de nuez moscada rallada y pimienta de Ezpeleta al gusto.
En el vaso de la batidora, mezclar 5 huevos enteros con 70 gr. de nata espesa, 100 gr. de queso gruyère rallado, salpimentar, vertar a la mezcla anterior nata-puerros. Reservar.
Disponer 400 gr. de masa de hojaldre descongelada en una tartera, cubrir la superficie con papel de aluminio, verter 200 gr. de arroz o de habas dentro y cocer unos 15' a 180º.
El peso del arroz (o de habas) impedirá que la masa suba. Al cabo de ese tiempo, sacar su molde, retirar el papel y su contenido con precauciones, verter sobre la masa precocida la mezcla puerros-nata-huevos, repartir un poco de queso rallado sobre la superficie y hornear 1/2 horita a 180º hasta obtención de un apetitoso gratinado. Servir tibio, decorado de frescas hojitas de perejil.
El puerro es el emblema nacional de los Galeses y el pirómano de Nerón, con ínfulas de cantante, lo consumío en tales cantidades para aclarar su voz que se ganó el moto de "porrofago". Legumbre invernal por excelencia, se presta a muchas aplicaciones apetitosas y esa receta resulta una de las más sabrosas y fáciles de realizar. ¡Buen apetito!
Incluso hay quien le dedicó una curiosa canción que parece no tener fin. Escuchadla en (http://www.lelombrik.net/loops/3808/chanson-du-poireau.html)
Con esas temperaturas en caída libre, un buen plato de arroz con sabores otoñales nos vendrá fenomenal.
Para cuatro personas de buen diente, hervir 400 gr. de arroz en agua ligeramente salada con algunas briznas de azafrán.
Mientras, en una sartén de grandes dimensiones, rebozar 2 cebollas finamente laminadas en 3 cucharadas de mantequilla u aceite. Cuando están doraditas, añadir 200 gr. de setas de su elección (boletus y chantarellas resultan perfectas para ese plato) lavadas y troceadas, ½ vaso de vino blanco de calidad, hierbas aromáticas al gusto. Tapar y cocer a fuego lento, hasta que las setas estén perfectamente tiernas. Al cabo de ese tiempo, escurrir el arroz, verterlo en la sartén, mezclar delicadamente con las cebollas y las setas rebozadas y servir enseguida, decorado de hojitas de perejil.
Símbolo de abundancia y felicidad, el arroz es alimento fundamental de los pueblos asiáticos, que consideran los demás platos como su “acompañamiento”. Junto al maíz, es uno de los únicos cereales huérfanos de gluten, por tanto amigo de las personas aquejadas de la enfermedad celíaca. Alimenta más de la mitad del universo y parece que fue en China donde su cultivo surgió 8000 años antes de nuestra era.
Esa maravilla de la ingeniería natural pertenece al género Oryza sativa L. de la familia de las Poáceas. El “arroz salvaje” integra otra tribu, la Zizania aquatica L., que únicamente crece en el norte estadounidense y en Canadá.


Con 18 Kcal. por 100 gramos, la luminosa berenjena rivaliza con las plantas comestibles más ligeras que nos brinda la naturaleza. Acuosa, repleta de magnesio, zinc y potasio y huérfana de lípidos, ostenta una gran riqueza fibrosa cuya potencia se redobla cuando se cuece al vapor.
Por tanto, resulta una de las hortalizas fundamentales para el correcto tránsito intestinal.
Según los últimos estudios, parece que esa Solanácea incluso digiere el colesterol “malo” y acompañada de ajo picadito, rociada de aceite de oliva virgen, compone platos geniales inscritos al salutífero menú de la famosa dieta mediterránea. Conviene no privarse de esa maravilla de la ingeniería natural, hoy propuesta en forma de cake sabroso. Las proporciones están indicadas para seis personas.
Precalentar su horno a 200º. Pelar, lavar, secar y cortar en cubitos tres berenjenas, rebozarlas en aceite de oliva unos 15’ a fuego moderado, con media hojita de laurel, hierbas aromáticas al gusto y una cucharadita de ajo picado. Reservar.
En el vaso de la batidora, triturar 150 gr. de harina con 3 huevos enteros, una pizca de concentrado de tomate, 50 gr. de queso rallado emental, dos cucharadas de aceite de oliva, el contenido de un sobre de levadura química y salpimentar. Unos granitos de coriandre machacados, añadirán un inusitado toque fresquito a esa receta. Verter la mezcla en un cuento, agregar los cubitos de berenjena reservados, verter la masa en un molde para cake untado con manteuilla y hornear unos 20-35’ según su horno a 180º.
Dejar entibiar, desmoldar, cortar en lonchitas de unos dos centímetros. Acompañar de aceitunas negras, queso feta, un coulis de tomates y una bella ensalada mixta. Rocíar con un vino ligero y afrutado.

"El tiempo es un niño que juega con los dados; el reino es de un niño" (Heráclito de Éfeso)
¡Qué evocadoras son las magdalenas! Díganlo a Proust, para quien ese mullido bizcochito, de sensual forma aconchada y sabor alimonado humedecido en una infusión, constituyó el prodigioso tren del recuerdo, desencadenante "involuntario" de unos reprimidos recuerdos infantiles.
Esa estimulante asociación olfativa, ensoñación placentaria y sensual plenitud sensorial despertaron en el paladar del lánguido Marcel la reminiscencia de un tiempo perdido. Té y magdalena fueron las pujantes piedras de toque, providenciales mecanismos y detonantes de una prolífica búsqueda cognitiva. Como resultado, aflojó un intenso pasado evaporado en las nieblas del tiempo, donde Proust reencontró la clave de los laberínticos jardines de su infancia. Así, a la grácil vera de jovencitas en flor, el literato liberado pudo ahondar en sus interioridades ópacas y dar alas a su dinámica imaginación, canalizada en una novedosa estética literaria más tarde calificada de "proustiana" y sobre todo, revivir y relatar de forma extraordinaria una experiencia epifánica única, hito fundamental en la literatura contemporánea.
Ocurrió en enero de 1913 y en el pueblo ficticio de Combray (en realidad Illiers, Eure-et-Loir, Francia). Encerrado a cal y canto durante quince años, con las puertas cerradas en el silencio de una habitación acolchada, el frágil genio, doliente y asmático, se protegía de todo y todos: del mundanal ruido, del rechazo de una homosexualidad inconfesable en la inhibida sociedad de su época, de la aguja sigilosa del Tiempo y en particular, de las insufribles primaveras que liberaban los polenes de flores y plantas, auténticos venenos en su caso crónico.
Ahí, en ese claustrofóbico ambiente, el pálido escritor autorecluído remontó el río sepia de Cronos, sin más compañía que su pluma insaciable, ni otro sustento que su pócima mágica: unas tiernecitas magdalenas doradas mojadas en sombrío té, cuyo mágico sabor iluminaba su memoria sensorial. Asombrado por la potencia y resonancias románticas de esos recuerdos recobrados, tacita a tacita y miga a miga creó su maravillosa obra maestra donde la memoria olfatoria le permitió renacer, redescubrir unas sensaciones almacenadas, un tiempo extraviado y borrado de su infancia.
Dicho experimento o síndrome proustiano (teoría sobre tiempo, espacio y memoria) cinceló una obra maestra, Por el Camino de Swann, seguida de un imponente ciclo novelesco. Remontando la rueda del Tiempo, dio forma, olor, calor y color a un pilar de la literatura mundial, coronado en 1919 por el premio Goncourt , en esencia inspirado por unas frágiles moléculas de inocuas magdalenas y fragancias de negra Camelia Sinensis. Pasen y lean:
"Y como ese entretenimiento de los japoneses que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer, informes, que en cuanto se mojan empiezan a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores, en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té”.
Para adictos del genio, es interesante indicar que desde el 8 de abril de 1971, un decreto votado el 29 de marzo y publicado oficialmente el 7 de abril del mismo año con motivo del centenario del hipersensible escritor, cambió el nombre de Illiers por Illiers-Combray. Es la única comuna gala que ostenta un nombre nacido de la literatura.
Fragmento de "En busca del tiempo perdido"
"...Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro triste día tan melancólico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena. Pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bollo, tocó mi paladar, me estremecí, fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior. un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero, mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mí, es que era yo mismo. Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podría venirme esa alegría tan fuerte?
Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedía en mucho, y no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo? Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero; luego un tercero, que ya me dice un poco menos."
Menuda potencia, el sabroso bizcochito metáfora del recuerdo y tradicional de la bella región francesa de Lorena. A ver si en vosotros, también toca la tecla de sentimientos tan gratos.
Fogon's os propone esa receta, que se hace precalentando su horno a 200º. En una cacerola, fundir 100 gr. de mantequilla salada. En el vaso de la batidora, mezclar dos huevos con 100 gr. de azúcar cristalizado, cuatro cucharadas de zumo de limón natural, una de miel de azahar, 100 gr. de harina, un sobre de levadura química y la mantequilla fundida. Dejar reposar hora y media al fresco. Al cabo de ese tiempo, verter la masa en unos moldes para magdalenas. Hornear a 180º, dejar enfriar y desmoldar con delicadeza.

El culto a los muertos es universal y aunque las celebraciones al respecto varíen según las latitudes, destacan las fantásticas creencias célticas. Pensaban que la muerte era prolongación de la vida y que existía una puerta espeluznante que devolvía los fallecidos entre vivos.
Su horrenda apertura coincidía con la entrada en el periodo oscuro u invernal, el 31 de octubre o fatídico Halloween. Convenía por tanto tener contentas a esas almas desorientadas escoltadas por un séquito de brujas zurcando las tinieblas a lomos de escoba, acompañadas por un variopinto séquito de gatos negros, enanos raritos y polvorientos monstruitos pálidos recién oxígenados y salidos de ultratumba. Ante tal impactante pulso marcado a los vivos, nada mejor que regalar unos manjares calentitos para saciar sus exigencias e apetitos demoníacos, que corriendo, se depositaban a lo largo de fríos caminos y bosques misteriosos.
De ahí nació la tradición de sopas y caldos a base de la estacional, oronda y coloreada calabaza. La receta infernal que Fogon's os propone es toda salud y sabrosura. Pasen y vean, las proporciones están previstas para seis personas: pelar, despojar de sus semillas y cortar en trocitos unos 800 gr. de calabaza. Cocerlos hasta que estén bien tiernos en su olla a vapor. Retirarlos, verterlos en el vaso de la batidora, triturarlos con una cucharada de azúcar moreno, complementar con poco de agua si la mezcla resultara demasiada espesaa. Verter en una gran cacerola, agregar un potito de nata, dejar espesar ligeramente, salpimentar al gusto y servir muy caliente.

La calabaza no es sólo compañera puntual y base de la sopa sabrosa del fabuloso Halloween, sino que se presta a miles de recetas a lo largo del año, como ese cake agridulce que en se hará (casi) sólo.
Precalentar el horno a 200º. En el vaso de la batidora, mezclar 4 huevos enteros, 200 gr de harina, un sobre de levadura química, 75 gr. de mantequilla salada, 12 cl. de leche desnatada y 100 gr. de trocitos de queso feta.
Aparte, hervir unos minutos 200 gr. de cubitos de calabaza, escurrirlos delicadamente, depositarlos en una sartén con dos cucharadas de mantequilla, dorarlos, añadir dos cucharadas de azúcar moreno y dejarlos confitarlos a fuego lento.
Verter la masa de cake en su molde untado con mantequilla, añadir con precauciones los cubitos de calabaza confitados, cocer unos 5 minutos a 200º, bajar la temperatura a 180º y terminar la cocción unos 35’ minutos después. Dejar enfriar en el horno, desmoldar y presentar en lonchitas.
La calabaza es uno de los componentes de la Liga de las Cinco Naciones de los Iroqueses, llamada Tres Hermanas, curioso y sabio cultivo que incluye el maíz y las habas.
De esa forma de sembrar nace su Santa Trinidad, brotada de la tumba de la Tierra Madre, expedita ad patres después de alumbrar a los Gemelos Bueno y Malo. Se hace de la manera siguiente: primero el maíz en el centro, quién, al alcanzar unos 20cm, recibe la compañía de semillas de habas y calabazas.
Cada integrante beneficia al otro, los brotes de maíz sirven de soporte a las habas sin necesidad de tutores, las raíces de esas enriquecen el suelo de azote y las anchas hojas de la cabalaza extendiéndose a ras del suelo, retienen al calentito Huitzilopochtli, Dios Sol, aparte de impedir, tal alfombrita viviente, la proliferación de la molesta maleza. De ahí la creación de un mini microclima reteniendo la humedad Pachamama, o Tierra Madre. Todo astuto, tierno y ecológico.

"De aquellos azahares desatados
por la luz de la luna,
de aquel olor de amor exasperado,
hundido en la fragancia,
salió del limonero el amarillo,
desde su planetario
bajaron a la tierra los limones". (Pablo Neruda, "Oda al Limón")
¿Qué tal hacer acopio de vitamina C con ese tiempo inestable, confeccionando un suave, esponjozo y aromático bizcocho de limón? Además, menudo gusto desayunar con esa sabrosura que encantará toda la familia y perfumará su casa de una soleada fragancia delicada.
Precalentar el horno a 200º. En el vaso de la batidora, mezclar 8 yemas de huevo con 150 gr. de azúcar cristalizado, reservar las claras.
Añadir a la mezcla yema-azúcar la ralladura de un limón no tratado y su zumo, 200 gr. de harina blanca, 2 cucharadas de almendras en polvo y una pizca de sal. Reservar.
Montar las ocho yemas a punto de nieve, añadir la mitad con precaución para nos romperla a la mezcla anterior y cuando está todo perfectamente homogeneizado, completar con el resto.
Verter en un molde redondo untado con mantequilla, hornear a 180º unos 35-40’, dejar entibiar, desmoldar, colocar sobre un plato y espolvorear generosamente su bizcocho con azúcar glas. Servir acompañado de lemon curd, una delicia británica, mermeladas de cítricos y naturalmente, de su café o té matutino.
El limón sería oriundo de la lejana India y sus primeros ejemplares fueron localizados al pie de los montes Nilghin (Himalaya).

Ese diminuto gran viajero se implantó a continuación en Mesopotamia, Media, pero fueron los Hebreos cautivos en Babilonia quienes lo cultivaron profusamente en sus valles y lo introdujeron en una de sus fiestas agricolo-religiosas, el Soukkot o Succot, también conocida como Festividad de los Tabernacúlos o de las Tiendas.
Celebrada el 14 de octubre, dura ocho días y rememora el doloroso peregrinar de ese pueblo en el desierto, después del traumático Éxodo desde Egipto. Los fieles suelen llevar en las sinagogas cuatro plantas y entre ellas, un limón o su pariente cercano, la toronja (etrog en hebreo). De mano árabe paseó palmito por todas sus tierras conquistadas, los Cruzados lo llevaron de Palestina hasta Toscana, Sicilia y España, donde plagó con especial entusiasmo Murcia, Almería, Alicante y Málaga.
El acidulado y desinfectante agruma se consideró una panacea contra las tremendas plagas pestilentes que antaño azotaron Europa (25 millones de muertos) y el temible escorbuto. Potasio, calcio, cobre, fósforo, hierro, sodio, zinc, así como un hermoso abanico de vitaminas (A, B2, B3, C, E) completan la sana oferta de esa pequeña maravilla de la ingeniería natural.

Consumida desde la noche de los tiempos, se han encontrado rastros del consumo de esa formidable legumbre datando de hace 10.000 años.
La rica lenteja parece oriunda de Asia Central y pertenece a la tribu de las Papilionáceas. Tan irresistible que según la Biblia, el goloso de Esaú ni lo dudó: vendió su promogenitura a Jacob por un guiso de lentejas con arroz. Vil negocio, pero acertada elección gastronómica: así de combinada, la sabrosa "Lens culinaris" se muda a proteína de preciado valor biológico, equiparable a las que brindan los alimentos de origen animal.
Con esa caída repentina de las temperaturas, vamos a confeccionar un energético velouté en 5', para cuatro personas. Pelar, lavar, secar y laminar una cebolla regordete, un nabo y cinco zanahorias.
Depositarlos en una gran cacerola, anadir el contenido de una lata pequeña de tomates triturados, 200 gr. de lentejas, una hojita de laurel, un clavo de olor, 50 cl. de caldo de pollo y 1 cm de apio. Salpimentar al gusto. Cocer tapado unos 40', verter en la batidora y triturar hasta obtención de una textura muy fina, distribuir en los platos. Consumir muy caliente, acompañado de pequeñas salchichas asadas y pan payès.

Por su aporte en proteínas vegetales, provitamina A, minerales, fibras y oligo elementos, las judías son unas de las más valiosas hortalizas. Pasen e degusten ese excelente plato, que se realiza en cuarto de hora y se cuece en 50'.
Las proporciones están previstas para cuatro personas. Precalentar su horno a 200º. En una sartén, dorar en dos cucharadas de mantequilla salada o igual cantidad de aceite de oliva, el contenido de dos latas de judías extra finas, 1 hoja de laurel y 2 cebollas finamente laminadas. Salpimentar.
En otra sartén, realizar la misma operación con medio kilo de carne de ternera picada. Cuando todo está cocido, mezclar la carne con las judías y cebollas, añadir un potito de nata espesa, rectificar el sazonamiento, verter en un recipiente para hornear, distribuir cien gramos de queso rallado (ementa o gruyere) y cocer unos 45-50' a 180º, hasta obtención de un hermoso gratinado. Acompañar de una ensalada de endivias y pan payés.
Jueves, 26 de noviembre
Juan Fernandez Krohn
Marie-José Martin Delic Karavelic
Julio César Izquierdo
Karina Longo
Siro López
Juan Luis Recio
Ángel Sáez García
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes