
Quedan pocas horas para acoger en condiciones las temibles brujitas, y para suavizar su carácter, nada mejor que ese sombrió flan achocolatado con calabaza confitada, que hará sus delicias y sellará la paz para doce meses, entre nosotros y el tenebroso Más Allá.
Las proporciones están previstas para ocho personas. Precalentar su horno a 200º.
En una cacerola grande, calentar un litro de leche desnatada, agregar 200 gr. de chocolate negro de cobertura en trocitos, una cáscara de naranja, mezclar bien con una cuchara de palo. Verter en el vaso de la batidora, mezclar con 100 gr. de azúcar blanco, 6 huevos enteros + una yema. Distribuir en ocho flaneros individuales, añadir en cada uno un trozo de chocolate con sal, hornear una hora a 180º al baño maría.
Dejar entibiar en el horno, refrigerar unas cuatro horas como mínimo.
En una gran sartén, dorar a fuego muy lento 400 gr. de carne de calabaza laminada en 3 cucharadas de mantequilla, añadir 100 gr. de azúcar moreno, dejar confitar muy lentamente, reservar, refrigerar una horita. Al cabo de ese tiempo, mezclar con mucha delicadeza sus láminas de calabaza confitadas con un potito de mascarpone y presentar con sus flanes de chocolate. Pocos resistirán y mucho menos los hambrientos y helados espíritus infernales y demás invasores lúgubres. ¡Happy Halloween a todos!
Otra receta paranormal para ese Halloween, de calabaza y castaña, que constituirá el plato estacional más suave y luminoso del fresco periodo otoñal.
Para cuatro personas con apetito, pelar, lavar y cortar en trocitos 600 gr. de calabaza, 3 zanahorias y una patata.
VDepositarlos en una gran cacerola y dorarlos unos dos minutos en dos cucharadas de mantequilla. Añadir medio cubito de avecrem, cubrir de agua, tapar y cocer unos 30’.
Retirar del fuego, agregar unos 150 gr. de castañas desmeznudas, en conserva y medio pote de nata espesa, triturar directamente en la cacerola y salpimentar al gusto. Servir muy caliente, decorado de hojitas de perejil o frescas hierbas aromáticas de su elección.
Un pan rústico o de pasas acompañada maravillosamente ese velouté muy nutritivo, sabroso, original y sobre todo, salutífero. En efecto, la calabaza, de escaso aporte calórico, es una excelente fuente de fibras, amigas del tránsito gastro-intestinal.
Por lo tocante al capítulo vitaminas, ostenta beta-caroteno o provitamina A, vitaminas B1, B2, B3, B6, C y E. Mediante sus simpáticas rotundidades que pueblan tanto los cuentos de hadas (Cenicienta) como los de brujas (Halloween), dispone de un universal club de fans y amplio recetario de sabrosas delicias.
Entre disfraces, maquillajes espantosos y túpidas telarañas,durante esa semana díabólica de muertos versus vivos, vamos a acoger un nuevo Halloween, sus hambrientas brujitas, gatuna corte mágica y divertidos seres góticos.
Degustar en su gótica compañía el otoño mágico es cosa fácil con esa delicada compota estacional, prevista para seis personas. Se hace en unos 45' y se acompaña de pan de especias, queso de Burgos, cuajada o nata espesa, delicias que suelen encantar a los jovencitos.
Pelar, vacíar y cortar en daditos 500 gr. de calabaza, 2 peras Williams y una manzana reineta.
Depositarlos en una cacerola con una vaina de vainilla cortada transversalmente, 8 cucharadas de miel de acacia, un clavo de olor, 20 cl. de agua y el zumo de una naranja.
Cocer a fuego lento unos 40' removiendo a menudo, verter en la batidora y mezclar hasta obtención de un puré muy fino. Distribuir en copas individuales y consumir tibio o frío. Muy agradadable y aromática, esa compota completa perfectamente una comida rica y resulta ideal a la hora del té, con bizcochos de soletilla.

El culto a los muertos es universal y aunque las celebraciones al respecto varíen según las latitudes, destacan las fantásticas creencias célticas. Pensaban que la muerte era prolongación de la vida y que existía una puerta espeluznante que devolvía los fallecidos entre vivos.
Su horrenda apertura coincidía con la entrada en el periodo oscuro u invernal, el 31 de octubre o fatídico Halloween. Convenía por tanto tener contentas a esas almas desorientadas escoltadas por un séquito de brujas zurcando las tinieblas a lomos de escoba, acompañadas por un variopinto séquito de gatos negros, enanos raritos y polvorientos monstruitos pálidos recién oxígenados y salidos de ultratumba. Ante tal impactante pulso marcado a los vivos, nada mejor que regalar unos manjares calentitos para saciar sus exigencias e apetitos demoníacos, que corriendo, se depositaban a lo largo de fríos caminos y bosques misteriosos.
De ahí nació la tradición de sopas y caldos a base de la estacional, oronda y coloreada calabaza. La receta infernal que Fogon's os propone es toda salud y sabrosura. Pasen y vean, las proporciones están previstas para seis personas: pelar, despojar de sus semillas y cortar en trocitos unos 800 gr. de calabaza. Cocerlos hasta que estén bien tiernos en su olla a vapor. Retirarlos, verterlos en el vaso de la batidora, triturarlos con una cucharada de azúcar moreno, complementar con poco de agua si la mezcla resultara demasiada espesaa. Verter en una gran cacerola, agregar un potito de nata, dejar espesar ligeramente, salpimentar al gusto y servir muy caliente.

La calabaza no es sólo compañera puntual y base de la sopa sabrosa del fabuloso Halloween, sino que se presta a miles de recetas a lo largo del año, como ese cake agridulce que en se hará (casi) sólo.
Precalentar el horno a 200º. En el vaso de la batidora, mezclar 4 huevos enteros, 200 gr de harina, un sobre de levadura química, 75 gr. de mantequilla salada, 12 cl. de leche desnatada y 100 gr. de trocitos de queso feta.
Aparte, hervir unos minutos 200 gr. de cubitos de calabaza, escurrirlos delicadamente, depositarlos en una sartén con dos cucharadas de mantequilla, dorarlos, añadir dos cucharadas de azúcar moreno y dejarlos confitarlos a fuego lento.
Verter la masa de cake en su molde untado con mantequilla, añadir con precauciones los cubitos de calabaza confitados, cocer unos 5 minutos a 200º, bajar la temperatura a 180º y terminar la cocción unos 35’ minutos después. Dejar enfriar en el horno, desmoldar y presentar en lonchitas.
La calabaza es uno de los componentes de la Liga de las Cinco Naciones de los Iroqueses, llamada Tres Hermanas, curioso y sabio cultivo que incluye el maíz y las habas.
De esa forma de sembrar nace su Santa Trinidad, brotada de la tumba de la Tierra Madre, expedita ad patres después de alumbrar a los Gemelos Bueno y Malo. Se hace de la manera siguiente: primero el maíz en el centro, quién, al alcanzar unos 20cm, recibe la compañía de semillas de habas y calabazas.
Cada integrante beneficia al otro, los brotes de maíz sirven de soporte a las habas sin necesidad de tutores, las raíces de esas enriquecen el suelo de azote y las anchas hojas de la cabalaza extendiéndose a ras del suelo, retienen al calentito Huitzilopochtli, Dios Sol, aparte de impedir, tal alfombrita viviente, la proliferación de la molesta maleza. De ahí la creación de un mini microclima reteniendo la humedad Pachamama, o Tierra Madre. Todo astuto, tierno y ecológico.

¡Qué bien está uno en casa con esas temperaturas otoñales preparando una tarta de manzana-calabaza con sabores a canela y limón! Un sabroso dúo estacional con el cual triunfará sin dificultad ni permanecer en demasía ante sus fogones.
Se hace precalentando su horno a 200º. Descongelar 2 paquetes de masa brisé y disponer uno de ellos en una tartera anti adhesiva. Reservar el segundo en un punto calentito de su cocina.
En una gran cacerola, depositar la cáscara lavada de un limón no tratado, 6 manzanas reinetas peladas, vaciadas y troceadas con 300 gr. de calabaza igualmente pelada, deprovista de sus semillas y laminada. Añadir 2 cucharadas de ron oscuro, canela en polvo al gusto, cocer hasta que todo esté bien tierno y espeso. Retirar la cáscara de limón. Verter en el vaso de la batidora, mezclar hasta obtención de un puré fino, añadir 50gr. de mantequilla, 100 gr. de azúcar moreno, verter en la cacerola y calentar hasta conseguir una mermelada consistente.
A continuación, verter sobre la masa brisé de su tartera, cubrir con la segunda capa de masa reservada, bien sellar los bordes con la yema de los dedos húmedos.
Con un tenedor, picar la superficie de su postre, para que el vapor pueda circular.
Hornear a 180º, hasta que la superficie esté perfectamente dorada. Sacar, dejar entibiar, cubrir de ½ centímetro de azúcar blanco en polvo o espolvorear azúcar glas si prefiere. Servir acompañado de nata espesa batida y todas las infusiones que os antoja (tés, cafés, etc.).
Domingo, 22 de noviembre
Marie-José Martin Delic Karavelic
Padre Fortea
Juan Fernandez Krohn
Carlos Juan Gómez Martín
Julián Moreno Mestre
Juan Carrasco de las Heras
Juan Luis Recio
Siro López
Karina Longo
Ángel Sáez García