
You are never given a dream without also being given the power to make it true." (Richard Bach)
Dicen que sueños y deseos son las estrellas de nuestras vidas y que la felicidad consiste en realizar en la madurez los que poblaron nuestra juventud. La pasión, cuando permanece estancada bajo un circunstancial manto social, suele resurgir furiosa, a deshoras, desmelenada, con impertinente efervescencia multiplicada y acuciantes ansías de distintos amaneceres.
Que lo digan al nuevo astro-revelación, Juan Losada, quien en sus mocedades eligió el derecho y la música, a él. Pasión deriva del latín patior, que significa sufrir, pero su sentido moderno lo adorna de una atracción irresistible para algo o alguien. A dicha confrontación inestable fue sometido varios años, hasta que, el día menos esperado, modificó su biografía por amor al arte. Como resultado de ese giro existencial, las finanzas perdieron un as y nosotros ganamos al cantante más puntero del romanticismo latino musicalizado.
Ese elegante leo nació un 16 de agosto de 1970 y con un don: el canto. La música mece su cuna y memoria sensorial, bajo el sol de la ensoñación que propicia el entorno materno en un archipiélago bienaventurado. Nada menos que las cálidas Canarias, donde el imaginario clásico colocó a Campos Elíseos, Jardín de las Hespérides y mítica Atlántida platónica. Bastante moléculas de fábula bajo palmeras cimbreantes para mezclar mito, ganas y realidad en un niño creativo, robarle el alma, cincelar su vocación interpretativa y anclar eternamente los recuerdos familiares animados de ráfagas de guitarra, amigos y poesía.
Entre tierras volcánicas, centelleantes cielos anacarados, infinito horizonte áureo y leyendas descomunales, los primeros referentes musicales fueron a la altura y desde luego, de los más exquisitos: María Dolores Pradera, Sinatra, Piaf, Aznavour, Roberto Carlos, Joan Baez, Springsteen, los Sabandeños y naturalmente el español más universal, Julio Iglesias. Acaso ese intimista romanticismo melancólico que a menudo habita el repertorio de Juan José, es fruto del resplandor cerúleo abierto a tanto espacio, sensaciones y magia. Y mirad por donde, para esa realidad paralela, acuden unas especialistas: las hadas buenas. Esas damas nunca trabajan en vano, no es aconsejable llevarles la contraria y tampoco designan sus elegidos al albur. Juan será uno de ellos.
Aparte de un indudable carisma y gran atractivo físico, Losada es en sí mismo, una extraña mezcla de fervor, contención y discreción. Alquimia que marca su perfil artístico, o regreso hacia las grandes fuentes de emoción, la religión del corazón y la empatía para todo lo sincero y profundo. Así se moldean un rara avis y estupendo repertorio reflejos de todos los desgarros, dudas, interrogaciones, ansiedades, traiciones y alegrías que generan las relaciones sentimentales, plasmado en un bellísimo trabajo y once canciones interpretadas por su voz azul de envolvente encanto aterciopelado.
La carátula del disco es, en sí misma, una pequeña obra de arte y el diminuto sobre que la acompaña, una relación especial entre el cantante y su público. Juan está ya construyendo un estilo personal, todo frescor, comunicación y sensibilidad, con esa lágrima en la garganta depositaria de todos los matices que alguna vez, cada uno de nosotros sintió para ese bien colectivo llamado amor que tan bien canta con su exclusiva fuerza interpretativa.
Los verdaderamente grandes son sencillos, cercanos y desprovistos de aires de divo. Así acudió el joven artista, fina estampa y carisma en directo, a nuestros micrófonos para esa entrevista que esperamos, disfrutaréis tanto como nosotros. Su página web, www.juanlosada.es, ofrece el cuidadísimo video de lanzamiento “Cómo tú”, auténtico deleite visual blanquinegro rodado en un escenario madrileño. Pero donde mejor se desenvolverá nuestra estrella, seguramente será ante su público, cantando con su espontaneidad característica esa universal locura transitoria llamada amor, la fuerza del dolor o de las penas.
Lejos de tantos efímeros muñecos mediáticos, por fin son otros aires refrescantes que animan el panorama artístico actual, con esa peculiar sensibilidad, ternura y entusiasmos que son el sello de ese hombre ameno, simpático y comunicativo, que seguro, tiempo al tiempo, harán de él el mejor cantante latino al cual aspira ser. En su decisión está el riesgo, pero también la adrenalina del desafío y ya en filigrana, el anhelado pasaporte para cetro y gloria. Las emociones auténticas hay que proyectarlas, concretarlas y vivirlas, no siempre explicarlas, aunque a menudo, resulten incomprensibles para el atónito entorno directo.
Dejémoslo trabajar sobre su sueño dorado, tocar las teclas de las más secretas emociones del personal, regalarnos solaz con sus delicadas melodías en esos tiempos tan convulsos y huérfanos de dulzura.
Él mismo, con claridad meridiana, lo explicó: “Este disco está hecho para llorar, vibrar, anhelar, revivir, sonreír, emocionarse, imaginar… Persigue sacudir el interior, agitar los corazones. Que quien lo escuche lo sienta como propio, como una proyección de sus vivencias pasadas, presentes y, por qué no, futuras. Porque las canciones qué son sino retazos de vida envueltos por la esencia de la música”. Pues eso, directo al miocardio. Gracias Juan, por ser tú y a por tu merecido triunfo.
Viernes, 17 de febrero
Periodista Digital
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català| Febrero 2012 | ||||||
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