En tiempos de crisis, hambre y escasez agudizan el ingenio y así resultó durante el estricto racionamiento impuesto en el Reino Unido bajo letal Blitz nazi durante la segunda contienda mundial.
Durante esas épocas convulsas, lujo y refinamientos comestibles suelen desaparecer en combate, por lo menos para el pueblo llano.
En el sufrido Londres reventado por bombas alemanas, esos irreductibles benefactores de la Humanidad golosa, los pasteleros, se las arreglaron para mudar a recetas más modestas, aunque no menos sabrosas, el castigo mundo tartelero.
Suprimida la masa básica, que implicaba un aporte extra de harina, azúcar y mantequilla, se dispuso en el fondo de los moldes una capa de la escasa fruta disponible, que se recubrió de una mezcla de harina, margarina y azúcar. Se horneó, probó, deleitó al personal presente y pronto, al mundo mundial.
Ese “topping” (cobertura) de migas se llamó “crumble” (derrumbe). El invento prosperó en EE.UU. y nacieron dos retoños, el “cobbler” (recubierto de galletas desmigadas) y el “crisps", mientras Canadá se deleitaba de fina “croustade”.
Sea como sea y bajo cualquier latitud, el resultado es exquisito y hoy lo confeccionaremos con las riquísimas manzanas reinetas. Precalentar su horno a 200º. Pelar, vaciar y laminar ocho piezas de esas frutas.
Dorarlas lentamente en dos cucharas de mantequilla aromatizadas de otras dos de ron oscuro.
Casi al final de la cocción, añadir 70gr. de azúcar moreno para caramelizarlas, tres generosas cucharas de confitura de higos y canela a gusto.
Verter en su tartera enharinada y enmantequillada o mejor, en moldes redonditos individuales (en los de porcelana blanca quedan perfectos).
Así no tendrá que despachar su crumble en raciones, bastante díficil por la naturaleza misma de esa específica receta en particular.
En un cuenco profundo, realizar su “crumble”, mezclando con la yema de los dedos (¡nada de mixer!) 4 cucharadas de almendras en polvo con 2 de nueces machadas, 70 gr. de mantequilla y 3 cucharas bombeadas de harina blanca.
No trabajar demasiado esa mezcla, repartirla sobre su molde, cocer unos 25-30’ a 180º y servir tibio.
Crujiente, nutritivo y sabrosísimo, ese señor postre provoca bastante sed por su acusada dulzura. Por tanto acompañarlo de crema espesa sin edulcorar e ingentes cantidades de té frío de bergamota, oolong oloroso, énergico café o chispeantes aguas minerales.
Afamado clásico del magnífico teatime británico, suele desaparecer a la velocidad del rayo. Existen miles de recetas de crumble, incluso salados, de las cuales hablaremos pronto. Con pera, nueces de macadamia, canela, vainilla y chocolate, es una pasada.
Los Anglosajones clasifican el fragante crumble entre sus savory dishes (platos sabrosos). Les entendemos.
Domingo, 19 de febrero
Peio Sánchez Rodríguez
Antonio García Fuentes
José Pómez
Juan Fernandez Krohn
Padre Fortea
Atticus-444
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Baldomero Gómez
Chris Gonzalez -Mora
Mª Rosario Aldaz Donamaría| Febrero 2012 | ||||||
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