Fogon’s corner

¡Más Berry Good! Las ricas moras otoñales

16.09.08 | 09:49. Archivado en Recetas con historia(s)
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"Los salvajes matorrales de moras irisadas
bajo los rayos solares enseñaban sus frutas de púrpura"
(Thédore de Banville, “Para el bosque de Fontainebleau”)

Esa delicadeza septembrina, clasificada por Dama Botánica como rosácea, crece básicamente en estado silvestre y entre genéro Rubus. No os fiáis de su talla diminuta, esconde en realidad un ADN titanesco, según reza una lejana leyenda que atribuye su cromática a la sangre derramada de esos seres mitológicos durante su lucha contra los dioses olímpicos.

Abunda en zonas húmedas entre caminos, ríos, torrenteras y nos deleita desde el fin del verano hasta bien entrado el otoño.

Recogerla resulta a menudo ardúo, puesto que se defiende a garras limpias y arañazos despiadados, acaso debido a un pasado accidentado atribuido por otro mito. Parece que antaño, ese arbusto era un panadero (¡!), generoso a tal punto con su dudosa clientela que fijénse, acabó en la quiebra. Perseguido por los del frac de su época, intentó agarrar a sus clientes para conseguir el pago de las deudas y paulatinamente, se transformó en zarzamora. ¿Qué cosas, verdad?

Por lo visto, hasta hoy así de resentido quedó con el genéro humano, pero los golosos unidos jamás serán vencidos y son hordas que siguen recolectando como sea sus irascibles polidrupas o bayas fragantes bajo los tibios soles otoñales, para tranformarlas al amor de la lumbre en mermeladas, confituras o tartas. Es una de las estrellas más rutilantes, apetitosas y alegres del dulce universo reposteril de la geografía mundial, que lo digan a los de su Gracious Queen, que desparraman a granel esa bermeja joyita jugosa sobre cookies, cake, crumbles, flanes y puddings.

En sabayón es de rechupete, constituye un postre de lo más sofisticado y más acompañado de un buen cava patrío, fresco y mezclado con crema de... mora, naturalmente.

En media hora de su tiempo y 12’ de horno lo consiguereís, disponiendo ½ kilo de moras muy maduras, limpiadas con un trapo de cocina (no lavadas, perderían su sabor) en platos hondos previstos para hornear. Apartar unos bellos ejemplares para decorar.

En una cacerola, batir 5 yemas de huevo con 80 gr. de azúcar blanco, hasta que estén bien blanquitos. Añadir un vino blanco tipo Gran Feudo o de misa muy dulce, seguir batiendo a fuego muy moderado.

En cuanto hierve, retirar sin dejar de batir, calentar una última vez removiendo y apartar unos minutos.

Añadir cuatro cucharas generosas de nata batida, una pizca de canela, mezclar delicadamente, repartir sobre la fruta, colocar unos minutos bajo el gril, sacar, espolvorear una mezcla de canela molida y azúcar glas, decorar con las moras reservadas y degustar. Muy bueno y festivo.

La mora, fuente de vitaminas, potasio, fibras, carotena, ostenta un escaso valor calórico que la hace amiga de las dietas suculentas y de la línea. ¡Berry, berry good!

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