Fogon’s Corner

Cócteles patrióticos: el Manhattan

01.07.08 | 17:06. Archivado en Cócteles patrióticos

La febril Manhattan es una de las cinco conscripciones componiendo el armado corazón financiero de la Big Apple City. Tan rico resulta ese casi insular barrio leyendario de escarlatas anocheceres que, según el muy serio Place and County Subdivisión neoyorquino, se indica que si fuese independiente, sería la vigésima potencia económica mundial.

Los atroces atentados del 11-S de 2001 no consiguieron destruir su capacidad de ensoñación y el doliente recuerdo de las inocentes víctimas sigue celebrándose por doquier, incluso en un arte tan inesperado como la coctelería. En efecto, muchos bartenders locales decidieron homenajear de su mejor manera las almas evaporadas en el nihilismo brutal de ese día horrendo. Por tanto, inscribieron patrióticamente a su carta la roja especialidad por respeto a sus personas y familias. Además, dicho cóctel resulta armonizarse perfectamente con el individualista whisky y por tanto, se aupó en un santiamén al top ten de los mix y hasta hoy.

Mentarlo es evocar la edad de oro de los combinados (finales del siglo XIX) de la costa este estadounidense, así como su círculo de pudiente clase alta, sofisticadas damas y almidonados caballeros, cuyo poder pertrechado de incontables billetes verdes y riquísimas sagas familiares darían su aura prestigiosa a ese excelente cóctel. Cuenta la leyenda urbana que conoció su boga gracias a la rica y mundana Jennie Jerome, futura volátil madre del leonino estadista británico Winston Churchill. Con motivo de una fastuosa party ofrecida a los millonetís de oro locales y a Samuel Jones Tilden, candidato demócrata a la carrera presidencial de 1876, pidió a un camarero un cóctel inolvidable. Y vaya si se lució. Tilden se quedaría con ganas de despacho oval y triunfó el esmerado mix homónimo del club empleando al desconocido barman, entre pijerío adinerado, pueblo llano, engominados durísimos de cine y mafiosos de raya diplomática poblando esos lares míticos.

Con glamour, faldas y a lo loco floreció el Manhattan en la pantalla de unos reconstituidos Roaring Twenties , confeccionado erráticamente por Marilyn con alcoholes clandestinos entre litera del vagón, sedientas amiguitas cantarinas y Tonis Curtis camuflado de señorita pepís.

Los puristas insisten en pasar del shaker, realizar el Manhattan directamente en un mixing glass y confeccionarlo sin girar la cuchara (se fundiría el hielo y por tanto, se aguaría el resultado), operando un movimiento rápido de arriba abajo. Neófitos, pataletas a la vista, ya que la cosa exige lo pericia, práctica y sudor axilar.

Para gustos, más sabores y contundencia, reemplazando el vermú suave por otro más “dry” y el tradicional Rye por Bourbon y el Martini rojo por Noilly Prat.

La fama generó al Manhattan una numerosa y pintoresca descendencia planetaria: así los Manhattan Julep (vermú, whisky, menta y azúcar), Brandy Manhattan (brandy, vermú rojo y cerezas confitadas), el Perfect Manhattan (vermú rojo y blanco, whisky, angostura bitter).

Deslizándose en zenitud y Japón encontramos un delicioso Saké Manhattan (alcohol de arroz, vermú blanco y whisky), bailando salsa un Latin Manhattan (maraschino y ron blanco) y por el malecón favorito de Hemingway, un Cuban Manhattan (Havana Club, vermú rojo y angostura bitter).

Para orientarnos sobre su ideal preparación, perfectas proporciones y decoración nos ayuda David Gonzaga Alvár, veintisiete veranos de simpatía y talentosa creatividad, plasmada en recetas propias. Para muestra, su demostración de un mix favorito. El resultado es toda armonía, bellísima cromática y sabor, con lo justo de Angostura. Luminoso combinado y mozo se encuentran a diaria tras la barra del mítico Embassy, donde David, a la vera de su maestro y emperador de los Alexandras, nuestro admirado Cesar, prepara Manhattanes a granel para gozo diario de una clientela al loro. Ese es el hombre a seguir, por campeón en ciernes y benefactor de la humanidad (sedienta). Como siempre, cheers a everybody con tapitas y tartaletas preceptivas, para evitar el colocón-subidón...

David Gonzaga Alvár
Embassy
Paseo de la Castellana, 12
Tel. 91 435 94 80


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