Chocofanáticos del mundo: Luis María Ansón
11.12.07 @ 14:30:36. Archivado en Chocofanáticos del mundo
"Nueve personas sobre diez adoran al chocolate. La décima miente" (John Tullius)
Se acercan las semanas más dulces del efeméride y como los golosos unidos jamás serán vencidos, hoy nuestra rúbrica tiene cita con el chocolista más distinguido, encantador y confeso de España, Luis María Ansón.
Difícil encontrarle, a ese singular orfebre del castellano, dotado de una cotidiana ubicuidad desafiando al toro del tiempo. Pasen y vean: salta de una noria donde le obsequian explícitamente con una máquina de escribir todo cacao; a renglón seguido, trota en la carretera, presencia los más glamourosos eventos y entre dos televisiones, no cesa de salpicar finamente de canela panorama social y personal. Visto lo visto, en loor a la verdad, no escatimó esfuerzos para dar cabida en su trepidante agenda, a una entrevista que por privilegiada, le agradece esa plumífera.
Es toda una emoción entrar en su círculo luminoso, saborear la amena proximidad del ilustre, divertido y energético personaje, su legendaria bonhomía y confidencias culinarias. ¿Y cómo se alimenta el genio? Muy simplemente, según confiesa y sin grandes preocupaciones gastronómicas, que más bien apasionan a su hermano. Empero, según detallamos a continuación, sus exquisitas elecciones son reveladores de una personalidad de gran refinamiento y sibaritismo.
Aparte de los excesos nouvelle cuisine de porciones anoréxicas, platos descomunales y precios desorbitados, bio carísimo para ricos magros con hígado de capa caída y demás fusiones trendy con uppercut final al llegar la cuenta, existe todavía la feliz voie royale de los arroces ajenos y patrios. Tal esa aromática suntuosidad vestida de mar y puntuada de dorado alioli, puro canto mediterráneo predilecto del académico, el admirable arroz abanda, así llamado por presentar en su genuina receta, el pescado de roca guisado aparte (“abanda”) del cereal infusado en su oloroso caldo.
Cocina sana, sensata, sabrosa y tradicional, jamás decepcionante y deleite de Monsieur Ansón, bajo el sol claro de afrutados vinos blancos y galos, tales bourgogne o bordeaux. En efecto, según su florida opinión y aunque parco bebedor, la comida, arte y cultura fundamentales, es una gran sinfonía unida por el divino regalo del generoso Baco y las excelencias de una entretenida sobremesa en un ambiente relajado, huérfano de conversaciones a alto volumen.
Igualmente sacrifica sin moderación al envite de helados y horchata, originalmente agua de cebada, progresivamente sustituida en su deliciosa versión valenciana, por ese milenario tubérculo, real manjar escoltando a Faraón en su viaje al Más Allá, la sanísima chufa.
A la pluma más lustrosa de España le gusta dar caña al crujiente cacao, placer declinado en todos sus estados, embrujos y latitudes, con implacable erudición chocomaníaca de quien se conoce el tema al dedillo.
Hablar del sombrío objeto de sus deseos supone otro encantamiento, oírle recorrer con precisión suiza la turbulenta geohistoria del mágico producto, antaño prendido en uno de los siete cielos del oloroso paraíso maya y deleite exclusivo de sus divinos inquilinos.
Así viajamos al alma cálida de la antiquísima vaina odorífera, con altas preceptivas en Portugal, Guinea, Francia, Bélgica, la blanca Albión y España, donde, según dixit en 1690 la escritora francesa Madame d’Aulnoy asombrada ante tal proeza, el popular Teobroma se “usaba como el tabaco”.
Surfing goloso de un devorador hedonista, que se derrite paladeando la fabulosa textura de Lindor, el fresco punto amentolado de sus adorados chocolates british, las fragantes sutilidades de la marca Godiva y el paradigmático chocolate ovetense.
En fin, hay regalos navideños que llegan en forma de entrevista y esa fue el caso. Esperemos que en un futuro rápido, la radiante prosa ansoniana derramará su poética fertilidad sobre sus rutas favoritas, aparte de la habitual radioscopia de la sociedad imperante.
Qué gozada sería leer un ensayo suyo sobre el dulce néctar de lejanos dioses ignotos, preñado de sus admirables envolées líricas, humor enjoué y excelso refinamiento expresivo.
Algo ya nos brindó en su “Negritud” y “Celebración de la liturgia del vino”, pero se sabe que los fans nunca tienen bastante... y claro, mucho menos de ese único esplendor-resplandor literario de tan luminosa fuerza.
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