Rico en caroteno y licopeno como los tomates, el dulce caqui lleva toda la belleza otoñal a nuestra mesa.
Esa baya asiática, cultivada desde el siglo VIII, surte importantes minerales como el potasio, resulta ligeramente diurética y una interesante fuente fibrosa, muy beneficiosa para el tránsito intestinal.
Es imperativo consumirlo muy maduro, sino resulta demasiado amargo e astringente. Despojado de su piel a veces amarga, cortado en cubitos y mezclado en amor y compañía de otras frutas, es una delicia muy original.
Reducido en puré, azucarado y mixado con queso fresco es una propuesta que encanta los más pequeños, en lonchitas con carpaccio de mariscos es sorprendente, en jalea y confituras, una maravilla cuyo color ilumina casa y despensa. Igualmente en culis, mezclado con especias y vainilla, hace buenas migas con todos los fiambres y carnes blancas. La Botánica lo llama caqui en Japón, persimonio en América y zapote entre méxicas.
Jueves, 8 de enero
Juan Luis Recio
Pedro Antonio Martín
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Marie-José Martin Delic Karavelic
Gonzalo Sol
Ruta Quetzal
Pilar Carrizosa
Rosana Fuentes
Tierras del Olivo
Raulet el Artillero