Curiosa idea la de llamar a ese alegre mix “Melancolía”, pero así son las cosas y así os las contaré.
El cóctel se hace saltando glamurosamente sobre el shaker refrescado (ya sabéis, rellenarlo de hielo, echarlo, volver a llenarlo a la mitad). Después mezclar en amor y compañía:
. 4 cl. de vodka
. 2 cl. de licor de cereza (cherry)
. 1 cl. de Grand Marnier o Cointreau
Verter el resultado en unas flautas, completar con champán muy fresco (o cava de calidad) et voilà.
Después del chic, el choc de canapés de pan de molde untados de mermelada de grosella, mora o frambuesa, revestidos de virutas de foie gras del auténtico o en su defecto, un excelente pate de campaña, pimiento del molino espolvoreado o semillas de amapola.
El champagne, maravilla a la cual dedicaremos una serie de artículos, fue desde 1676 en Francia, según uno de sus poéticos adoradores inglés “un vino efervescente reanimando las libidos lánguidas” y el “vinum titilum”, cuyas festivas burbujas ya animaban cotarro y alcoba romanos.
El orondo de Dom Perignon, monje benedicto de Hautvillers, calmó esas chispas explosivas sujetándolas entre vidrios más espesos, tapón de corcho cónico y grapa metálica.
Talleyrand definió la panacea como “vino de la civilización” y pocos lo contradijeron.
En cuanto a la copa de champán, redonda en sus albores, es copyright de uno de los seños de la favorita de Luis XV, Madame de Pompadour, sobre el cual un maestro del vidrio tomó su forma. De ahí acaso, la fama afrodisíaca del incomparable brebaje. Cheers a everybody.
Miércoles, 7 de enero
Juan Luis Recio
Pedro Antonio Martín
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Marie-José Martin Delic Karavelic
Gonzalo Sol
Ruta Quetzal
Pilar Carrizosa
Rosana Fuentes
Tierras del Olivo
Raulet el Artillero