El valor de la prudencia y la valentía.
29.12.07 @ 18:00:00. Archivado en Religión
Una cosa que se les debe exigir a los obispos es la prudencia. Lo que ha dicho el obispo de Tenerife el otro día es propio de un bocazas que habla por hablar. No tengo por bocazas a Don Bernardo, pero en la entrevista se comportó como tal.
Un obispo no puede decir lo que de la gana en los medios de comunicación. Es evidente que no van a salir hablando mal de la Iglesia, pero no pueden salir diciendo cualquier cosa y excediéndose en sus funciones. Insultar a la gente o hacer afirmaciones gratuitas denigran la imagen de la Iglesia, la cual día tras día se devalúa en su popularidad.
Pero piensen por un momento, acude un periodista dispuesto a buscar un titular con el que ganarse el pan de cada día. Te comienza por preguntar, y sigue y sigue preguntando. Si la pifias en un comentario no te echa en cara como un buen amigo que has cometido un error, sino que te da pié a que sigas hablando respecto a lo que has dicho. Al final de la entrevista, como sea todo muy polémico, te termina por escuchar media España o la España completa.
Es necesario que se replanteen las entrevistas. Es preferible pedir que te envíen las preguntas por escrito y te den uno o dos días para responderlas. Un obispo no puede decir lo primero que se le ocurra, porque él no es una persona cualquiera, es una cabeza de la Iglesia, y debe actuar como tiene que ser. El cargo exige prudencia.
Me resulta muy alarmante que cuando un obispo mete la pata no salga pidiendo perdón, rectificando o matizando sus palabras. Lo curioso es que siempre son o un vicario o un secretario o funcionario de la diócesis los que dan la cara. ¿Por qué actúan así? ¿Por qué se esconden? Después dicen que los periodistas son muy malos, que unos laicistas les ponen en el punto de mira, o buscan unos enemigos de la Iglesia. Esas excusas son patéticas. Si se habla con mucha prudencia ni los más aguerridos enemigos tienen forma de criticarte, y si lo hacen se desacreditan ellos solos.
Es preocupante los corrillos de aduladores que tienen los obispos. Si un obispo comete un error, los aduladores aparecen y cierran filas entorno al señor obispo, como orgullosos de lo que ha dicho. Jamás parecen increparle, jamás le dicen que se equivoca. Le hacen sentir al señor obispo acertado en sus errores, y lejos de sentir que hacen las cosas mal, creen hacerlas bien.
Me sorprende como algunos aduladores emplean la palabra valiente cuando un obispo critica algo. Pues no son valientes. Si un obispo en China critica las atrocidades del gobierno chino eso si es valentía. Pero que un obispo, en un país con libertad de expresión critique algo no es heroicidad ni valentía alguna, esa es la verdad, llamemos a los hechos por su nombre.
Los obispos deben deshacerse de los aduladores, son peligrosísimos. El cargo exige una labor intelectual, y con aduladores no se puede crecer intelectualmente. Al contrario, perturban tu noción entre lo que es bueno y lo que es malo, puedes llegar a creer que la más pesada de tus homilías ha sido toda una revelación. Si terminan por rodearte acabas siendo preso de una mentira, tan parecida a los emperadores de China, con una corte que les adulaba hasta en los excrementos.
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He leído con atención el post y me parece de un gran sentido común, es de lo mejor que he leído, sobre el tan traído y llevado tema de las declaraciones desafortunadas del obispo, además haces un aviso a navegantes para que no vuelvan a suceder.
En cierta manera tu blog es aún desconocido, en otros se dicen bastantes "tonterías", y son más leídos y/o cuentan con más intervenciones, por lo que lo divulgaré entre mis familiares, amistades, compañeros de trabajo...
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Julián Moreno Mestre
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