Una despedida.
21.12.07 @ 12:00:00. Archivado en Sobre el autor, Otros
Ayer fue mi último día de clase en la Academia Plaza de España de Las Rozas. Tras un año y siete meses en la academia, llegó el momento de dejarlo. Hace una semana plantee a mi jefa mi dimisión, y hoy fue mi último día.
Con mucha pena a lo largo de tres semanas he ido recogiendo mis cosas, todos mis libros y el material que uso para mis clases. Lo único que ha quedado han sido los dos posters que adornaban el corcho de mi clase.
He tenido mis motivos para dejar la academia. El primero es que estoy a una hora de mi casa en transporte público. La hora que perdía en ir y en volver la hacía con muchísimo gusto de dar clases. Mi jefa me procuró siempre cubrir el abono transporte. El segundo es que necesitaba tiempo para mis estudios, y la verdad el que tenía actualmente me es insuficiente. El tercer motivo es que necesitaba más dinero del que conseguía por esas horas, y últimamente la academia andaba en horas bajas al reempezar el curso. Recientemente mi madre se ha quedado en el paro, y eso precipitó todavía más mi permanencia en la academia.
Total, que a renunciar. Pero lejos de quedarme en el paro, cosa que ni quiero, me puse manos a la obra y ya tengo tres alumnos a los que dar clases particulares en Madrid. No he tenido más que mirar las solicitudes de clases particulares que piden los padres en los tablones de anuncios de la facultad de ciencias físicas. Mi objetivo es tener cuatro alumnos, con tres saco 64 euros semanales por 5 horas de trabajo, y con 4 espero sacar 80 con lo cual no solo cubro sobradamente mis gastos con tres, sino que puedo ahorrar y seguir alegremente mi vida.
Una cosa que me alegra de dejar la academia es que me voy sintiéndome querido. Mi jefa, Marieta hoy ha llorado, tres abrazos intensos en la despedida. Su novio, Rodrigo, también con afecto un abrazo. No es para menos. Cuando empecé a trabajar en la academia los únicos profesores éramos Marieta y yo, después se incorporó Rodrigo como profesor de lengua e historia, y tras entrarme que Marieta le gustaba Rodrigo y a Rodrigo Marieta, pues use mis artes de celestino y buen resultado ha dado.
De Dársena, la profesora de inglés y francés mi trato es menor porque se incorporó recientemente, a mi ella me llama Gargamel porque mi clase está en el sótano y según ella me río maliciosamente desde allí cuando tramo algo, y porque siempre saco a relucir lo negativo. Claro que a ella yo la conozco como la Dama de Hierro, mote que le pusieron los alumnos porque es dura.
Y de Bárbara, profesora de lengua y filosofía, si Dársena tiene mucho genio y es dura, Bárbara es justo lo contrario, es muy cercana y muy afable. También he sentido mucho despedirme de ellas.
Respecto a Juan Carlos, que fue primero alumno mío y profesor de economía y matemáticas de secundaria después le veré con frecuencia por Madrid, pero también deja la academia por los exámenes.
En fin, un año y siete meses estupendos, buenos recuerdos me llevo y dejo. Y ojalá un día vuelva, pero por ahora hay cosas más importantes que hacer.
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Julián Moreno Mestre
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