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Mi otra bisabuela, Miguela.

27.05.07 | 12:00. Archivado en Sobre el autor
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Ya no me queda ninguna bisabuela, aunque siendo niño conocí otra bisabuela que falleció a los 96 años. Su nombre es Miguela Caricol Venegas. Siempre la conocí por la abuelita Miguela, y falleció en el año 89, cuando yo contaba con 7 años. Lo que si recuerdo es que entonces era muy travieso con ella, y que entonces me encantaba hacer cualquier diablura que la chinchara. Su fallecimiento me ha causado lástima tiempo después, cuando ya mayor contemplé las fotos en las que salgo sentado en las piernas de ella, se notaba que me quería.

El problema que he tenido con mis abuelas, es que he tenido abuelas favoritas por épocas. Durante una época mi abuela favorita fue Dolores, la cual todavía vive y con 87 años, ahora es mi vecina. Conserva una cabeza muy lúcida, hace sudokus, crucigramas y es capaz de corregir a cualquiera en lo que a memoria se refiere. Es una luchadora contra viento y marea, si se empecina en algo no para hasta salirse con la suya. Tal vez es la abuela a la que más he querido, es la más cercana que siempre ha estado de mi. Luego está mi abuela Maria (más conocida como Maruja) de 79 años, durante un tiempo fue muy cercana a mi. Le tengo mucho cariño, y me duele cualquier cosa que le pase. Hoy atraviesa por una enfermedad que la minusválida y atontada, y día tras día va apagándose irremediablemente. Me gustaría ir más a verla, pero la distancia a su casa y unas cuestiones familiares que no viene al caso contar no me permiten visitarla como yo quisiera, a eso se añade mi falta de tiempo. A las bisabuelas nunca las he tenido por favoritas, y los abuelos otro día hablaré de ellos, ninguno me queda ya con vida.

Miguela Caricol Venegas nació en el pueblo de Cala en Huelva. Llevó un matrimonio de cerca de unos 20 años hasta que enviudó a la edad de los 40 y tantos años. Sola y con tres hijas, emigró a Madrid en tiempos de la posguerra, y aquí se instalaron mi bisabuela, mi abuela y mis dos tías abuelas. Como ya digo fue luchadora, y al morir hay que reconocer que dejó a sus hijas, nietos y bisnietos un gran recuerdo.

Sobre esta gran mujer siempre pesó un gran dolor que jamás consiguió quitarse de encima, y es el sentirse responsable de la muerte de una de sus cuatro hijas. Siempre como madre recordó a Isabel (Isabelita) fallecida con 11 años. Todo ocurrió hace muchos años, creo que un poco de antes de la guerra. Isabelita enfermó de una diarrea y en ocasiones se acompañó de algún vómito. La llevaron al médico y este determinó que su curación solo se lograría si dejase de beber agua. Intrigados por la respuesta, consultaron a más médicos que aconsejaron exactamente lo mismo. Visto lo visto aplicaron el remedio hasta que murió deshidratada. Esto causó profundo dolor, y más viendo sufrir a tu hija que no paraba de pedir agua y a unos médicos que insistieron en un remedio absurdo, pero del que entonces creían que era la forma más lógica de tratar una diarrea.

Por ello mi bisabuela se sintió siempre eternamente responsable, ya que siempre decía hasta que murió que si pasara otra vez por lo mismo, su hija hubiera tenido su vaso de agua aunque se pusiera peor como decían los médicos, pero nunca muerta por deshidratación, y más con la agonía que sin duda debió pasar por la sed.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por rafael caricol gonzalez 17.11.07 | 12:31

    me gustaria saber si tu abuelita tenia familia en cala mi tio era de alli fallecio hace dos años y es tan raro este apellido que seguro tenemos parentesco como te llamas

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