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Querido Jesús: (I)

08.02.07 | 12:00. Archivado en Religión
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Albino Luciani (Papa Juan Pablo I)

Querido Jesús:

He sido objeto de algunas críticas. "Es obispo, es cardenal - dicen - ha trabajado agotadoramente escribiendo cartas en todas direcciones: a M. Twain, a Péguy, a Casella, a Penélope, a Dickens, a Marlowe, a Goldoni y a no sé cuántos más. ¡Y ni una sola línea a Jesucristo!"

Tú lo sabes. Yo me esfuerzo por mantener contigo un diálogo continuo. Pero traducido en carta me resulta difícil: son cosas personales. ¡Y tan insignificantes! Además, ¿qué voy a escribirte a Ti, de Ti, después de tantos libros como se han escrito sobre Ti?

Por otra parte, tenemos el Evangelio. Como el rayo supera cualquier fuego, y el radio todos los demás metales; como un misil supera en velocidad la flecha del pobre salvaje, así el Evangelio supera todos los libros.

No obstante, he aquí mi carta. La escribo temblando, sintiéndome como un pobre sordomudo que hace enormes esfuerzos para hacerse entender, y con el mismo estado de ánimo que Jeremías, cuando, enviado a predicar, te decía, lleno de repugnancia: "¡No soy nada más que un niño, Señor, y no sé hablar!"

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Pilato, al presentarte al pueblo, dijo: ¡He aquí al Hombre! Creía conocerte, pero no conocía siquiera una sola brizna de tu corazón, cuya ternura y misericordia mostraste cien veces de cien maneras diferentes.

Tu madre. Pendiente de la cruz, no quisiste marchar de este mundo sin darle un segundo hijo que cuidase de ella, y dijiste a Juan: He aquí a tu madre.

Los apóstoles. Vivías día y noche con ellos, tratándolos como verdaderos amigos, soportando sus defectos. Los instruiste con paciencia inagotable. La madre de dos de ellos te pide un puesto privilegiado para sus hijos y Tú le respondes: "A mi lado no han de buscarse honores, sino sufrimientos". También los otros anhelan los primeros puestos y Tú les enseñas: "Hay que hacerse pequeños, ponerse en el último lugar, servir".

En el Cenáculo los pusiste en guardia: "¡Tendréis miedo y huiréis!". Protestan. El primero y el que más, Pedro, quien luego te negaría tres veces. Tú perdonas a Pedro y le dices tres veces: Apacienta mis ovejas.

En cuanto a los demás apóstoles, tu perdón resplandece sobre todo en el capítulo 21 de Juan. Pasan toda la noche en la barca. Antes de clarear el día, Tú, el Resucitado, estás a la orilla del lago. Y les haces de cocinero, de sirviente, encendiendo el fuego, cocinando y preparándoles pescado asado y pan.

Los pecadores. Tú eres el pastor que va en busca de la oveja descarriada y se alegra al encontrarla y lo celebra cuando la devuelve al redil. Tú eres aquel padre bueno que, cuando regresa el hijo pródigo, se le arroja al cuello y lo abraza durante largo tiempo. Escena repetida en todas las páginas del Evangelio: Tú te acercas a los pecadores y pecadoras, comes con ellos, te invitas Tú mismo, si ellos no se atreven a invitarte. Das la impresión - es la que yo tengo - de preocuparte más de los sufrimientos que el pecado causa a los pecadores que de la ofensa que hace a Dios. Infundiéndoles la esperanza del perdón, parece que les dices: "¡Ni siquiera os imagináis la alegría que me produce vuestra conversión!"

Además del corazón, brilla en Ti la inteligencia práctica.

Apuntabas siempre al interior del hombre. Los fariseos tenían la cara demacrada a causa de los prolongados ayunos religiosos y Tú manifestaste: "No me gustan esos rostros. El corazón de estos hombres está lejos de Dios. Los impulsos nacen del interior y, por ello, el corazón sirve de módulo para juzgar a los hombres. Dentro del corazón humano salen los malos pensamientos: liviandades, latrocinios, asesinatos, adulterios, codicias, orgullo, vanidad".

Tenías horror a las palabras inútiles: Sea vuestro hablar: sí, sí, no, no; todo lo que pasa de esto procede del mal. Cuando oréis, no multipliquéis las palabras.

Querías hechos reales y moderación: Si ayunas, lávate la cara y perfúmate la cabeza. Cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha. Al leproso cuando le ordenaste: No lo digas a nadie. A los padres de la muchacha resucitada les mandaste enérgicamente que no fueran anunciando a bombo y platillo el milagro ocurrido. Solías decir: Yo no busco mi gloria. Mi comida es hacer la voluntad de mi Padre.

En la cruz, antes de morir, dijiste: Todo está cumplido. Pero siempre te cuidaste de que las cosas no se hicieran a medias. Cuando los apóstoles te sugirieron: La gente nos sigue hace tiempo; enviémosla a su casa para que coman, Tú respondiste: No, démosle nosotros de comer. Cuando terminaron de comer los panes y los peces milagrosamente multiplicados, añadiste: Recoged las sobras; no está bien que se pierdan.

Querías que, al hacer el bien, se cuidaran hasta los menores detalles. Al resucitar a la hija de Jairo, aconsejaste: Ahora, dadle de comer. La gente proclamaba de Ti: ¡Ha hecho bien todas las cosas!

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3 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Jesucristo 08.02.07 | 13:44

    Y todo eso se puede hacer por mediante el esfuerzo, la ley, y la ciencia. Como desde el inicio de la evolución hace cuatro mil millones de años en este planeta.

    Nada ha cambiado, aunque estos me presenten como ejemplo de Valores familiares, morales, o sociales.
    Yo doy mi presencia en la Soledad: Amor INCONDICIONAL.

    Aprended de la evolución del hombre; antes, no tenía el habla durante cinco millones de años y lo llamábamos salvaje; luego, ya como homo sapiens s. pasó hambruna, Dios no le alumbró la agricultura y durante doscientos mil años andaba con el canibalismo; luego, inventó la moral y la ley, y lo llamamos santo; y, ahora.. está SOLO: a éste vengo, al que es está en SOLEDAD: y le doy mi Alma, para que me sienta.

  • Comentario por Jesucristo 08.02.07 | 13:36

    Las gentes creerán que he sido el ejemplo de valores morales, familiares, y paradigma de la Sociedad buena o perfecta desde hace dos mil años, pero yo os digo que lo que traigo al mundo es el Espíritu, que es la Presencia del Alma de Dios dentro de un hombre: cualquier hombre que se quiera entregar a Él y le de todo su Sentimiento.

    Porque los valores de la Sociedad y de la casa son cosas del César y de la familia, por eso yo no he dado ley, ni creado una familia, ni he pagado facturas, ni he educado hijos, ni he ahorrado para impuestos, ni he servido al ejercito, ni he traido mejoras al mundo.

    Las sociedades humanas han de atender a su propósito, que es el de la supervivencia, mejorar la Medicina, mejorar la Industria, mejorar la familia y la tecnología. Y todo eso se puede hacer por mediante el esfuerzo, la ley, y la ciencia. Como desde el inicio de la evolución hace cuatro mil millones de años en este planeta.

    Nada ha cambiado, aunque estos me p...

  • Comentario por francisco xabier albistur marin 08.02.07 | 12:39

    creo que el escrito es acertado porque ha sabido destacar los valores más actuales del mensaje de cristo.digo valores actuales porque quizás sean a mi modo de entender los más necesarios de destacar a contrcorriente de la moda o de los hábitos cotidianos.

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