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¿Es efectivo el condón? II

03.01.07 | 18:00. Archivado en Preservativos y anticonceptivos

En el post anterior traté estadísticamente la efectividad del condón para prevenir la transmisión del VIH. Pero surge un interrogante que algunos me pueden achacar. Resulta que un eminente cardenal, López Trujillo, hace tiempo que proclamó la existencia de poros en el condón más grandes incluso que un espermatozoide. La pregunta es, ¿Cómo es posible que sea aun así efectivo el condón en prevenir la transmisión del virus del VIH?

Veamos unas nociones de biología. En primer lugar un virus carece de la capacidad de moverse y desplazarse por el medio que le rodea. Un espermatozoide en cambio tiene esa posibilidad, y en circunstancias muy extrañas es capaz de traspasar el preservativo, pero un solo espermatozoide es probabilísticamente incapaz de fecundar nada. Siempre lo hacen en grupos del orden del millón de espermatozoides para que una fecundación sea probabilísticamente efectiva. Los virus para sobrevivir precisan de encontrar una célula viva, en el caso del VIH un glóbulo blanco.

Ahora algo de física. En 1827 Robert Brown descubrió el movimiento de pequeñas partículas del tamaño de un polen en un fluido, un movimiento aleatorio y caótico, que en realidad es producido por el impacto de las propias moléculas del fluido con el grano. En su honor a este fenómeno se le denominó movimiento Browniano. Diversos fenómenos en la naturaleza como la osmosis o la difusión dependen del movimiento Browniano. Los virus para poder moverse precisan del movimiento externo de las moléculas del fluido que los contiene, si el fluido se mueve, el virus se mueve con el fluido. En definitiva su movimiento depende de la del propio fluido.

Por otra parte cuanto más pequeña es una partícula, esta pose una mayor probabilidad para colarse a través de un poro microscópico.

En el caso que nos atañe les propongo un interesante experimento. Compren un condón, ínflenlo de aire o de agua tapando después su boquilla, y durante un tiempo observen la capacidad del mismo, con unos poros más estirados y amplios que en sus condiciones normales, de perder partículas de tamaños atómicos. Observarán que para poder apreciar algo es necesario dejar el condón mucho tiempo, incluso un día entero o más, pues imagínense en un coito normal que no debiera durar más de 5 minutos. Esto nos permite ver que estadísticamente la fuga de aire o agua es despreciable, luego un virus de tamaño mucho mayor tendría serias dificultades para conseguir atravesar el preservativo, consideremos además que en el experimento anterior la presión interna de las partículas rodeadas por el condón es mayor que la externa, en un coito la presión externa llega a ser prácticamente igual que la interna.

El virus del VIH precisa de fluidos para moverse, por ello si en un coito con preservativo no se produce la eyaculación hasta el final, la capacidad del virus para atravesar el preservativo es mucho menor, a esto se agrega que la carga viral se concentra sobre todo en el semen y en menor cantidad en el líquido preseminal. Las prácticas sexuales terminan justo en la eyaculación y justo en ese instante termina el coito retirándose por consiguiente el semen que ha quedado en el condón, sin que tenga tiempo el virus de poder atravesar el preservativo.

Otra curiosidad y ya probabilística, la sangre contiene alrededor de 7500 glóbulos blancos por milímetro cúbico, las paredes de la vagina su contenido de linfocitos son significativamente menores. En caso de traspasar un solo virus la pared del preservativo, las probabilidades en el espacio de ir a dar con un leucocito antes de morir son insignificantes, por otra el infectar a un solo leucocito no significa que consiga desarrollar la enfermedad el enfermo, podría ser que el linfocito muriera o fuese incapaz de regresar al torrente sanguíneo (abandonando la vagina) o simplemente el virus fuese hasta defectuoso. Por consiguiente, para lograr una infección se requiere que traspase el condón una considerable carga viral que permita infectar bastantes leucocitos que luego infecten a otros dentro del torrente sanguíneo o en el sistema linfático.

Voy a apuntar un último dato, el condón es mucho más efectivo para la parte activa de una relación sexual, el hombre, que para la parte pasiva o receptora, la mujer. El hombre queda más protegido que la mujer, incluso ante una rotura pequeña del preservativo. Esto es interesante, porque si el virus del sida no puede contagiarse a los hombres gracias al condón, estos no podrían contagiar tampoco a una mujer, rompiéndose la cadena de contagios del SIDA.

¿Es efectivo el preservativo en la lucha contra el SIDA? Si, es muy efectivo, y debe ser considerado dentro de la propia estrategia abstinencia, fidelidad y condón. Como cristianos debemos exigir a nuestra iglesia la aceptación de la triple estrategia abstinencia, fidelidad y condón.


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