Me acabo de quedar sorprendido por las declaraciones del cardenal Norberto Rivera. El cardenal insinúa que un sacerdote que trasladó de México a Los Ángeles se volvió pederasta viendo los medios de comunicación. Hubiera sido mejor asumir el mea culpa y pedir perdón, pero parece que su costumbre es airear sus trapos sucios sobre otros, bien sea sobre los medios de comunicación o bien sobre el Arzobispo de Los Ángeles. El Arzobispo que además de listo es cobarde, afirma que no piensa acudir a declarar ante la justicia de los EEUU. Debería hacerlo por defender su honor, pero podemos ver que no piensa presentarse por evitar acabar como nuestro Arzobispo de Granada.
No estamos hablando de un traslado realizado hace dos décadas, sino que ha ocurrido en los últimos 11 años, en pleno escándalo por las violaciones que una minoría de sacerdotes cometieron al abusar de jóvenes que estaban a su cargo. Que lamentable resulta que no hiciera en todo este tiempo nada el Cardenal Rivera, podría haber advertido al arzobispo de Los Ángeles. La solución que debiera haber tomado estos arzobispos es la reclusión en un monasterio de sus pederastas, así hubieran evitado mayores escándalos.
Lo que ha pasado en los Estados Unidos es culpa de los obispos. Pero también existe otro culpable que poco se menciona y que es también responsable de lo ocurrido. Hubo sicólogos y siquiatras que asesoraron a los prelados que podían curar el problema de los sacerdotes pederastas, muchos obispos confiaron ciegamente, pero el resultado ya se ha visto, y lo peor es que lo venían viendo tanto unos como los otros en dos décadas. Son estos mismos siquiatras los que siguen anunciando hoy sus milagrosas curaciones, por curar curan la homosexualidad, pero su efectividad ya la hemos visto.
Sábado, 18 de febrero
Francisco Baena Calvo
Religión Digital
Pedro Tarquis
Juan Fernandez Krohn
Angel Moreno
Juan Antonio Espinosa
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
FCJE
Josemari Lorenzo Amelibia