Café con el Pequeño Filósofo

Publicidad de campaña

13.05.11 | 08:21. Archivado en Costumbres

(Madridpress) El anuncio publicitario era tan sorprendente que tuve que pasar dos veces: “Me gustaría para Madrid lo que ha hecho Zapatero en España. Tomás Gómez.” El cartel era todo rojo y las letras blancas, habitual en las comunicaciones del PSOE, y no se decía nada más, ni un logotipo ni una fotografía.

A veces se ven cosas insólitas, de esas que si te las cuentan no te las crees, de esas que sólo sirven para los chistes o para las ficciones muy alejadas de la realidad. Y uno, cuando las encuentra, tiene el impulso de escribir sobre ellas y publicarlas para que la exposición a los demás mitigue el impacto. Ocurrió con aquella canasta imposible, situada a más de ocho metros de altura sobre un terreno apto para moto de trial; a un columnista se le aparecía la figura de una mujer en el espejo, tan real como su propia mano, cuando estaba totalmente solo en la habitación del hotel, y tuvo la necesidad de escribir sobre ello; un delfín fue visto paseando en actitud melancólica sobre la arena de la playa; una lata de sardinas se movía sola encima de la mesa.

Todos esos expedientes merecieron un comentario, un intento de explicación, y el anuncio de Tomás Gómez no debe ser menos. Quizá el político madrileño se ha cansado de su ocupación y ha decidido hacer todo lo posible para perder las elecciones del 22 de mayo por goleada. O quizá se trata de una estrategia revolucionaria ideada por el nuevo jefe de comunicación según la cual la autoimposición de dificultades al principio del camino hace más llevadero y exitoso el tramo final. Quizá el candidato opina que la impresión que produce la gestión del presidente sobre los ciudadanos es positiva. Quizá se esté acogiendo al carisma del líder, que está por encima de las disputas locales y de la marcha general del país, como lo estaba el hecho de que Franco fuera un dictador.

En el camino de vuelta esa misma valla lucía en su reverso otro anuncio rojo con letras blancas: “Cinco millones de parados”, y a su lado las fotos de Gómez y Zapatero en actitud plácida y sonriente. Tras el impacto, lo primero que a uno le viene a la cabeza es que ese par de anuncios no los paga el partido al que se le supone sino su oponente. ¿Qué otra explicación puede haber? No entra en lo razonable que un partido político se sirva de los datos que más les duelen a los que dentro de unos días van a escoger una papeleta y van a depositarla en una urna. Si no hay mejores argumentos, siempre es mejor callar.

Pero tiene que haber otra explicación, la de la mala publicidad del adversario. ¿Se puede hacer eso? ¿Es, no vamos a decir juego limpio, sino una práctica amparada por la ley electoral? En publicidad ya se sabe que una marca puede hablar de sus competidores en sus anuncios. Por eso ya no nos choca que Don Simón empiece sus anuncios mencionando a Granini. Algo de eso tiene que haber en los rojos anuncios de Tomás Gómez. Pero no lo sabremos si no seguimos atentos a la campaña. ¿Será esa la estrategia, captar la atención del ciudadano de manera radical y a cualquier precio?


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