Café con el Pequeño Filósofo

Escritores solitarios

06.05.11 | 08:10. Archivado en Literatura

(Madridpress) En las películas los escritores siempre son unos tipos solitarios aferrados a un ordenador portátil que se retiran a una casa de campo con la intención de reencontrarse consigo mismos y buscar la inspiración para una novela que lleva demasiado tiempo atascada. Pero en algún momento del largometraje, más antes que después, se pone de manifiesto que en realidad se recluyen para escapar de aquel mundo hostil en el que una mujer, que un día fue maravillosa, los ha abandonado miserablemente. Ocurre en La Mancha Humana, en La Ventana Secreta y en muchas otras. Lo he visto tantas veces que ya me resulta familiar.

Quizá por eso la bofetada de Carla y su marcha con las maletas no me cogió por sorpresa y antes de que sonara el portazo ya estaba buscando una bucólica cabaña para recluirme los siguientes años de mi vida. “Cuando te canses de mirarte el ombligo,” me dijo desde el ascensor, “cuando estés preparado para el compromiso, no me llames.” Pero yo tuve que chistarla para que me dejara escuchar la voz de la agente inmobiliaria que ya me hablaba de precios y de metros cuadrados.

Me lo dijo mi tío, el feliz, que se casó una vez y se divorció dos, convencido ya de cuál era su estado natural: “si puedes no te cases, y si lo haces, procura que sea el día de tu entierro.” Mi tío decía que nunca sufrió la depresión post ruptura, que los días malos empezaron con la bendición del cura y terminaron gracias a un abogado, pero conozco el caso de un médico que tras su divorcio se hundió en la más absoluta indigencia sexual, ayuno de toda carne, y a partir de entonces sólo ha visto una mujer desnuda en las autopsias.

Desde que se enteró de mi fracaso matrimonial, quizá porque estaba escuchando detrás de la puerta, la divorciada de mi escalera me mira de otro modo, se detiene a mi altura cuando nos cruzamos por el pasillo y me lanza una mirada de complicidad, como si pertenecer al gremio de los abandonados fuera un orgullo. Además, hay algo en su sonrisa que parece estar diciendo: “solos tú y yo, a un tramo de dieciséis escalones, lo vamos a pasar de miedo.” En cualquiera de sus películas, el personaje de Woody Allen se habría agarrado del brazo de mi vecina y habría comenzado el verdadero romance de su vida, cuando desde fuera ya se está viendo que fracasará del mismo modo que todos los anteriores.

No es cuestión de imitar a nadie, ni siquiera a los ídolos, pero los ejemplos disponibles abarcan ya casi todos los casos que a uno se le pueden ocurrir. Nos queda, al menos, la libertad de elegir a quién imitamos. Creo que al final me decantaré, no por la vecina ni por la cabaña en las afueras, sino por el facebook y el twitter. Las relaciones virtuales apenas producen bofetadas, entre otras cosas porque al otro lado del ordenador el personal está por la labor de evitarlas. Anoche conocí a una internauta que dice llamarse Julia. Regenta un blog en el que me siento como en casa, casi tan bien como en el pub. Su conversación es ligera como la de un burdel y sus twitts hacen chispas en mi pantalla plana y disparan el ventilador de mi pc. Le he propuesto un bis a bis para el fin de semana en su muro de facebook, que lo tiene todo adornado de fotos de agencias de viajes. Pero ya le he escrito que no me convence lo de crear una página web a medias. Nunca se sabe lo que puede salir de ahí: exigencias, limitaciones, rencillas. Además, no será todo tan perfecto cuando lo que más me seduce de ella es su sugerente control+alt+suprimir.


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Sábado, 27 de mayo

    BUSCAR

    Editado por

    Síguenos

    Hemeroteca

    Mayo 2017
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
    1234567
    891011121314
    15161718192021
    22232425262728
    293031