(Madridpress) Lo que pasa en la calle es el alimento de la ficción. Casi nada de lo que vemos y leemos en las películas y en las novelas es fruto auténtico de la imaginación sino reflejo de una realidad que a veces nos parece imposible y por eso el artista la eligió para su obra. Con solo un poco de capacidad analítica nos será posible aplicar lo que vemos durante un paseo por el Retiro o echando un vistazo a la prensa a un relato cinematográfico o novelesco.
Leyendo un periódico antiguo encontramos un titular fulminante: “Detenido un hombre acusado de arrancar a otro un ojo con las manos.” Al leerlo he sentido un escalofrío en la espalda y un dolor en la cabeza, cerca del ojo derecho. Es como en los peores sueños, esos en los que corremos y no avanzamos o esos otros en los que caemos al vacío. Un tipo se sitúa frente a ti, te mira con desprecio, no te insulta para que no se rompa la tensión pero sabes que te quiere mal. Te acerca los dedos a un ojo muy despacio y tú los ves venir, como serpientes sibilantes. Ves esos dedos poderosos cada vez más cerca pero no te mueves porque estás paralizado, quizá por el terror, tus brazos inútiles, como si no estuvieran. Los dedos penetran en la cuenca ocular, se adentran lentamente y escarban hasta que agarran el ojo por la parte posterior y entonces tiran con fuerza hacia fuera.
En Kill Bill, creo que en la segunda entrega, Black Mamba (Uma Thurman) le arranca el único ojo que le queda a Elle Driver (Daryl Hannah). Aquí el movimiento es rápido, felino, extrañamente preciso. ¿Supera la realidad a la ficción, como suele decirse? No me imagino al hombre detenido arrancando el ojo de su adversario con tanto estilo como Thurman, cuya mano más bien parecía la cabeza de una serpiente descargando un latigazo mortal sobre su presa. Pero lo hizo, y otros ya lo habían hecho antes, y por eso Tarantino sólo tuvo que tomar una idea que ya existía, un invento anterior, y concederle su forma personal.
En Salvar al soldado Ryan un soldado mata a otro con un cuchillo, despacio, con mucho esfuerzo, los dos mirándose frente a frente, la nariz a unos centímetros de la nariz, el aliento mezclándose con el aliento, sudor con sudor, sintiendo cómo la fuerza de uno es levemente superior a la del otro y por eso el cuchillo se aproxima muy despacio al cuerpo de la víctima, tembloroso, que verá con espanto cómo la punta va penetrando en su carne. Eso mismo pasó el otro día en la rivera del Manzanares, aunque no lo vimos ninguno. Y durante nuestra guerra civil muchas más veces.
La infidelidad del personaje de Michael Douglas en Atracción fatal no causa ningún asombro. Un hombre en sus cuarenta, felizmente casado y con una hija, conoce en una fiesta a una mujer deslumbrante, y coincide con ella nuevamente en una situación profesional justo cuando su esposa se ha llevado a la niña a pasar el fin de semana con su madre. Él está solo y se permite salir a tomar una copa. Comprensible. Un desliz de dos días que le puede pasar a cualquiera. Por otro lado, una mujer no del todo equilibrada que siente que ese amante del que ha disfrutado dos tórridas noches ya le pertenece y exige toda la atención del hombre como si fuera su marido. Unas cosas llevan a otras y acabamos a puñaladas y con un tiro en el pecho. La semana pasada una ambulancia se llevó a un vecino con una puñalada en el abdomen mientras la policía interrogaba y se llevaba a una mujer.
Son hechos reales. Luego el cine y la novela ordenan esos hechos a su medida para causar mayor impacto, para atrapar al espectador lector desde el inicio, para conseguir unos efectos artísticos de mérito, para provocar un recuerdo imborrable en las mentes de quienes se dejaron seducir por la historia. Resumiendo, es lo mismo pero dicho de otro modo. Es como tomar la frase “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa” y, en respuesta a la petición del profesor de retórica y poética, traducirla por “lo que pasa en la calle.”
Martes, 29 de mayo
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora