(Madridpress) Quien no era lector habitual de Ricardo Piglia se sorprende al leer las trescientas páginas de su última novela publicada, Blanco nocturno: literatura del otro lado del Atlántico, hermana de la producida por García Márquez y Vagas Llosa, que trata de dar con el toque original que mejor sirve a los intereses de su trama, que recrea mundos imaginarios partiendo de la realidad más conocida a los que dotan de una personalidad que siempre queda unida al nombre de su autor.
Blanco nocturno presenta el carácter humorístico y mágico de aquellas narraciones de sus colegas: una ramera salva la vida de su cliente, que sufre un ataque, porque casi sin darse cuenta le siguió haciendo respiración boca a boca; una madre distingue a sus hijas mellizas, que tienen idéntica hasta la letra, sólo por la forma de respirar. Una novela alzada sobre una llanura, los inacabables campos argentinos que se reparten entre los soldados por el sencillo método de marcar el territorio que uno puede recorrer con su caballo de una sola cabalgada.
Piglia entra en materia ya desde la primera frase. Tras el primer párrafo conocemos una sensualidad mezclada de depravación que nos impulsa a pedir más. El tercer párrafo nos anuncia una muerte violenta que ocurrirá más tarde, casi al modo en que se nos contó en Crónica de una muerte anunciada. La presencia del comisario Croce desde el inicio, recordando al interfecto en lo que parece la investigación de un crimen, nos despierta las inquietudes del relato policiaco. Con todos estos elementos de arranque la predisposición crítica es inmejorable, y sin embargo mejora con algunos toques sarcásticos que vuelven a recordarnos a los novelistas con Nobel: “Y lo hicieron entrar por la puerta de servicio. Fue un error de la mucama, lo vio mulato y pensó que era un peón disfrazado.”
La narración es ágil, ligerísima, capaz de avanzar varios años en la misma frase sin hacernos caer de la montura porque en unas pocas palabras ocurren muchas cosas, pero con la habilidad de detenerse en un detalle oportuno o en un guión de diálogo para mantenernos en tierra. Esa misma economía la emplea también para caracterizar personajes, situaciones y relaciones personales con un único y preciso trazo: “Y varias veces vieron a Yoshio que lo esperaba en la orilla con una toalla y le frotaba el cuerpo con energía antes de servirle la merienda en un mantel tendido bajo los sauces”. En la segunda parte Piglia detiene la marcha de su prosa y entonces lo que parecía una novela policiaca se convierte en una narración de múltiples posibilidades que “se abre y se anuda en arqueologías y dinastías familiares”, dice el editor.
Esa precisión no es un resultado conseguido al azar ni se utiliza a toda costa, de forma que su no uso configura zonas de penumbra que enriquecen el panorama ante nuestros ojos. Los pasajes en cursiva al final de algunos capítulos, que nos sitúan en un tiempo diferente pero muy próximo, provocan el efecto de alejarnos ligeramente de la línea principal del relato y de dotarlo de una suave y cálida luz amarillenta que parece sumergirnos en un mundo de fantasmagorías. Una de las incógnitas de Blanco nocturno consiste precisamente en desvelar la verdad de ese juego narrativo, los personajes que aparecen en esta línea paralela, pero Piglia decide jugar limpio y antes de concluir la primera parte nos muestra sus caras si no sus intenciones.
Las frecuentes notas al pie de la página y algunos usos del punto de vista acercan el relato a las formas del ensayo o de la crónica periodística y nos recuerdan aquella novela-reportaje de Truman Capote que inició un nuevo género. No parece que en este caso nos encontremos ante la horrible realidad de A sangre fría, pero en ocasiones esas maneras de cronista nos hacen vivir la historia como si la estuviéramos investigando nosotros mismos.
Martes, 29 de mayo
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora