(Madridpress) Toda disciplina tiene sus sueños atormentadores. ¿El domador de leones no soñará con que la fiera estornuda de repente justo cuando tiene la cabeza metida entre sus dientes? Las pesadillas de un verdugo podrían tener que ver con los espíritus de los ajusticiados que vienen a pedirle clemencia. Al dependiente de una pollería se le aparece una gallina gigante pidiendo cuentas por la cantidad de colegas a los que ha rebanado el pescuezo. Al concertista se le congelan las manos sobre el teclado del piano de cola ante cinco mil espectadores. El presidente de un gobierno y el jefe de un estado sufren temblores nocturnos ante la posibilidad de una revolución que restaure el uso de la guillotina.
Podríamos seguir imaginando pesadillas, la del constructor, la del ciclista, la del tatuador o la del mamporrero, pero la que nos interesa ahora es la del escritor. El mal sueño de un hombre de letras podría muy bien ser que alguien le pregunte si ha leído el famoso Ulyses de Joyce. La pregunta tiene más malicia de lo que parece. ¿Cómo puede decir un novelista de nuestro tiempo que no conoce uno de los pilares básicos de la narrativa en la que pretende triunfar? Muchos no lo han hecho. Muchos contemplan esa posibilidad como un acto casi heroico, como un sacrificio por el que suplican no tener que pasar. En una conversación intelectualoide, el que no lo ha leído prefiere hablar de La muerte en Venecia o de los grandes éxitos de Agatha Christie, y cuando sale a colación el dichoso Ulyses siente una imperiosa necesidad de ir al baño. La carencia puede defenderse de múltiples maneras: la literatura posible es infinita, una obra tan buena y tan influyente acaba por condicionar tu literatura y despojarla de toda personalidad, mi estilo es otro, etcétera; pero el caso es que existe un complejo ya catalogado, como lo está el complejo de Edipo, que amenaza con etiquetar de escritor de bagatelas a quien no lo ha leído.
Pero hay otra pesadilla ulterior, que es la que me hizo levantar de la cama el otro día empapado en sudor. El crítico de Babelia se me acerca con un ejemplar de Ulyses bajo el brazo y me propone que lo analicemos juntos. ¿Ahora? Si, ahora, dice mientras se cala los lentes de vista cansada. Pero no estoy preparado. Un escritor siempre debe estarlo, sentencia; entonces abre por la mitad del tomo (una edición de Planeta prolijamente anotada por E. Chamorro) al azar y empieza a leer: "Preliminar a cualquier otra cosa, el señor Bloom desembarazó a Stephen de las virutas…" Relacione esta frase, me dice, con las gordas peras y los sonrosados melocotones que la chica rubia le sirve a Blazes Boylan en la tienda. Entonces es cuando empiezo a temblar y a sudar. Mi mente no está en blanco, sino demasiado llena de palabras, imágenes y libros que pasan ante mí pero no tienen ningún significado. El crítico se impacienta, se baja los lentes a la nariz para mirarme colérico, se inclina sobre mí, los pelos de su nariz rascándome la frente, y al cabo de un rato interminable me veo confesando: ¡no, no me acuerdo de nada, es cierto, no sabría decir de qué carajo trata, no entendí ni el argumento ni ninguna otra cosa! ¡No me gusta el maldito Ulyses! Es entonces cuando me despierta el golpeo de la pared provocado por la ira de los vecinos que maldicen mis gritos.
La tarea es ardua. Si para leer Ulyses por primera vez tuve que armarme de valor en un proceso de varios años ante los comentarios poco entusiastas que llegaban a mis oídos, no va a ser menos costoso el esfuerzo para leerlo en un segundo intento, ahora con el ánimo decidido de comprenderlo de verdad. Pero no hay otra solución. Sólo así me libraré de estos sueños. Y no lo hago por Joyce, sino por mi reputación de escritor y por la buena armonía dentro del vecindario.
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No es tan fiero el leon...Hace tiempo el argentino Salas Subirat leyo el ULISES de Joyce en ingles y, no fatigado con eso,lo tradujo al castellano de la Argentina.La traduccion la edito Santiago Rueda en Buenos Aires,que por entonces era mas "moderna" que Madrid con Franco.
En epoca del hoy distante destape español,flor de una prosperidad que parecia eterna como Potosi antes,un hombrecillo escribio un articulo en un diario iberico.Dijo en el que que la traduccion bonaerense la habia hecho un vendedor de seguros.Es cierto,Salas Subirat ganaba su pan con ese trabajo.
Como sea esa fue,segun conozco,la primera traduccion del ULISES al castellano¿O es que el castellano se habla solamente en España?La traduccion ,que bien sudo Salas Subirat ,sirva de ejemplo al alegre holgazan que metio ese articulo en "babelia".
"El Pais"merece mayor dedicacion.
Victor Raul Miatello
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Martes, 29 de mayo
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