(Madridpress) Leer a Enrique Vila-Matas tiene sus riesgos. En primer lugar se corre el riesgo de dejarse arrastrar por el caudal de su literatura y acabar copiando su estilo, sus planteamientos, sus mezclas de géneros y alguna cosa más. Los que saben de esto, los que se hinchan a leer literatura contemporánea, dicen que están proliferando los imitadores de Vila-Matas, que se escribe ahora mucho sobre escribir, sobre que se está escribiendo, sobre los trastornos de la escritura, y a todo ello lo llaman metaliteratura o algo por el estilo. No es que esté mal, al contrario. Uno diría que es todo un género, que el propio Vila-Matas podría ser un género. Lo que pasa es que, hablando del peligro para los lectores que escriben, si no te das cuenta acabas escribiendo por delegación, o por imitación o por inercia. Someterse a una corriente tan caudalosa puede anular la voluntad; al principio de dejas llevar en un plácido balanceo y cuando ya no tiene remedio te estás despeñando por la catarata.
Otro peligro que conlleva la lectura de Vila-Matas es el de suicidarse. Encuentro en torno al autor una aureola de misterio enloquecido que te puede conducir a pensamientos como de otro mundo, que tienden a sacarte de éste. No es sólo que en su obra el suicidio y los escritores suicidas tengan un papel de primera magnitud. Su presencia física y su carácter (el conocido) parco en palabras habladas (las escritas no faltan) contribuyen a fortalecer esta imagen. La única que vez que vi a Vila-Matas en persona fue en la librería Central de Barcelona y lucía un rostro similar al que puede verse en los velatorios. En aquel momento unos cuantos entusiastas presentábamos El Paraíso de Hanah en la planta de arriba. No sé qué hacía él por allí, quizá solo compraba un libro, que es lo que se suele hacer en una librería, o tal vez acudía invitado a una charla en esa especie de cava que posee el establecimiento para escritores ocultos. Lo que sé es que pasé aquella noche sumido en una alarmante melancolía.
Hay un tercer peligro, el de dejar de escribir. Los Bartlebys que nos muestra Vila-Matas nos resultan, si no simpáticos, sí algo parecido a héroes de leyenda, mitos de un romanticismo que trasciende el papel en el que escribieron o dejaron de escribir, y el Montano del título, un personaje a seguir, especialmente para aquellos escritores que se atascan y que pueden ver en estas actitudes una vía de escape de lo más digna. La mayoría de escritores preferirían ser Simenon, capaz de terminar cuarenta novelas en un año, dar forma literaria a cualquier idea que circule por la cabeza, convertir en asunto publicable aquel papelito que escribimos antes de acostarnos. Pero Vila-Matas nos muestra la otra cara, la de los escritores del No, y nos los presenta con una prosa tan persuasiva que les cogemos cariño y nos hace ver con no muy malos ojos la decisión de no volver a escribir en lo que nos queda de vida.
Leer a Vila-Matas tiene sus riesgos, y resulta que es uno de los autores más leídos de nuestra literatura. Caer en uno de los tres peligros citados es relativamente fácil, lo que demuestra la personalidad del autor de Barcelona y la vulnerabilidad de sus seguidores.
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Mientras en España siguen diciendo pavadas, en otros países hay una idea más atinada de lo que pasa en esos pagos.
Vila-Matas e Javier Marías lideram turma da transgressão.
Publicado en Estadão (Brazil)
Marías e Enrique Vila-Matas criam um espaço filosófico onde convivem o real eo inventado, ambos com uma linguagem tão particular e cifrada - como a de ...
http://www.estadao.com.br/estadaodehoje/20100717/not_imp582397,0.php
Sucesión de tópicos, de lugares comunes. Error tras otro.Porque, por ejemplo, desde que su obra la gestiona su heredero, es decir, la gestiona la persona que dice ser Vila-Matas, este escritor no resulta nada parco en palabras. Su sucesor -sépase que Vila Matas tuvo un colapso físico desde hace 4 años y dejó de ser- habla con cierto desenfado (ver sus videos mas recientes en su página web (enriquevilamatas.com). En Bogotá, hace unos días, nos explicó, de forma muy distendida, que "el personaje" -"su personaje"- ´se había borrado, ya no deseaba alimentar la leyenda, ahora sólo está interesado en ser leído. Realmente el actor o impostor que hace de Vila-Matas lo hace muy bien, procura evitar las rarezas y que todo el foco de atencion caiga sobre lo que escribe, que es lo que a fin de cuentas interesa. Lo que e ecsribe e smuy bueno, veáse Dublinesca.
Martes, 29 de mayo
Juan Luis Recio
Patricio Peñalver
Ángel Sáez García
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Julián Moreno Mestre
Julio César Izquierdo
Carlos Juan Gómez Martín
Paulino Toribio
Peio Sánchez Rodríguez
José Donís Català
Chris Gonzalez -Mora