Café con el Pequeño Filósofo

El escritor

09.04.10 | 08:48. Archivado en Cine
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(Madridpress) La palabra inglesa ghost significa espíritu, fantasma, y cuando va seguida de writer cambia a lo que en español llamamos negro, no en sentido de raza sino literario, es decir, el escritor que escribe un libro que será firmado por otro. En el caso de la película The Ghost Writer, la traducción literal al español, El negro, daría una idea muy alejada de la pretendida en origen. Dejar el título en inglés, como se ha optado en algunos casos sencillos (Hatari, French kiss o Pulp Fiction, expresión francamente difícil de trasladar a cualquier idioma), daría lugar a excesiva confusión en un país donde ningún presidente habla más allá de la lengua de su casa. Así que se imponía una modificación que, aunque descafeinara la idea primera de su director, no diera al menos la impresión de que estamos ante una temática diferente y más propia de otra época: El escritor.

Esto de los títulos y de sus traducciones es asunto muy debatido en tertulias de corto alcance y a la vez interesante como lo es una noticia del Hola, pero más interesantes aún son las películas que están detrás. En El escritor, Polansky alcanza unas cotas de tensión y en ocasiones de angustia que nos recuerdan ejemplos pasados como La semilla del diablo, Frenético, Lunas de hiel o La novena puerta. Es verdad que la trama política que da origen al relato es un tanto exigua, sin grandes alardes por mucho que hablemos de un ex primer ministro del Reino Unido. Pero también es cierto que el director consigue que lo importante sea la carrera por desentrañar el enigma antes que el enigma en sí, como las novelas policiacas de Agatha Christie en que sólo en la última página comprendemos de verdad lo que ha sucedido. La información relevante servida en dosis estudiadas es un recurso tan viejo como salir de caza y podemos decir que en esto Polansky no es innovador. En lo que innova es en ofrecer su propio relato de la opresión, materializada en una persona corriente que se encuentra en una situación límite por puro azar.

También innova Polansky en lo que se refiere a aprovechar los nuevos elementos técnicos que nos ofrece el mundo de hoy. Que sea el navegador GPS de un coche (con sus mandatos impersonales: “a quinientos metros gire a la izquierda”) el que le lleve a descubrir la identidad de uno de los implicados en una conspiración internacional, es una idea genial del guión que hace la cinta más actual y a la vez viene a reforzar la angustiosa idea de que lo que está sucediendo en pantalla nos puede pasar a cualquiera. Lo mismo podríamos decir del momento aparentemente sin importancia en que el protagonista utiliza la pantalla encendida del teléfono móvil para leer en la oscuridad. Son posibilidades que nos da la tecnología desde hace pocos años, como ocurrió cuando los ordenadores en Juegos de guerra y cuando las imágenes electrónicas que aparecen y desaparecen ante nuestros ojos con sólo pasar el dedo como si estuviéramos pasando la página de un periódico en Matrix. Y para dar más impresión de realidad, los vuelos de la CIA, las torturas a individuos sospechosos de terrorismo, las falsas declaraciones de los políticos en televisión, los juicios en el Tribunal de La Haya, los familiares de las víctimas manifestándose ante la casa del presunto genocida.

Elemento fundamental en la trama es la casa en la que transcurre gran parte de la película. Se trata de una vivienda aislada junto al mar, dentro de una isla a la que se accede por un ferry transbordador. Su arquitectura es moderna, pensada para el confort y, aun más, para el lujo, con formas muy rectas y perfectas y ventanales enormes desde el suelo hasta el techo, a pesar de lo cual reina en su interior una penumbra desazonadora que los implacables sistemas de seguridad y sus fríos moradores hacen más agobiante. Hasta la arena a la salida del garaje sobre la que apenas se puede pedalear con la bicicleta contribuye a la sensación de estrechamiento que nos ha angustiado toda la película.

No es relevante la culpabilidad o la inocencia del político en lo referente a las acusaciones penales que pesan contra él. Quien se lo pregunte obtendrá una respuesta convincente en el mundo sucio y oscuro que nos pinta el director, que no es otro que el mundo que vivimos.


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