(Madridpress) Pocas veces se ha circulado con tanta fluidez en Madrid como el lunes de la nevada. La ciudad amaneció toda blanca, con esa apariencia a la vez idílica por la belleza del paisaje y tétrica por las consecuencias que nos trae. Más de uno, al asomarse a la ventana a las siete y media, pensó que lo mejor sería quedarse en casa. Lo habitual después de un paisaje así es el caos circulatorio, coches atravesados en la calzada, atascos monumentales sobre el hielo, nervios de los que no llegan a su destino a la hora, pandemonio de bocinas. Además, los aeropuertos se paralizan, algunos comercios ni abren por falta de dependiente, se cortan las vías férreas y demás.
Pero el lunes de la nevada no fue así. ¿Por qué? Previsión. El día antes, el domingo, toda España sabía lo que se nos venía encima. Otras veces también lo sabemos y las autoridades disponen lo necesario para paliar los efectos: camiones quitanieves, campañas para no utilizar el vehículo privado o para hacerlo con cadenas, toneladas de sal. Aún así caemos nuevamente en el caos y se multiplican las quejas en las que nunca falta el calificativo de tercermundista para definir lo que nos está pasando. Sin embargo el último lunes de la nevada la ciudad era un cuerpo sano y tranquilo con las arterias bien despejadas. Se podía atravesar Madrid de Pío XII hasta Alberto Aguilera en poco más de diez minutos con las únicas paradas preceptivas de los semáforos. Algunas calles recordaban a la Gran Vía en una película de Amenábar. La única explicación a esta mejora es que a la concienciación de las autoridades (multiplicada con más quitanieves y más toneladas de sal) se sumó esta vez la ciudadana. El temporal de días pasados nos tenía todavía vigilantes, los informativos avisaban de que iba a caer una buena con helada matinal incluida, algunas cadenas ofrecían programas extraordinarios sobre el temporal. Quien más y quien menos se hizo su composición para no incurrir en los mismos errores. Algunos adelantaron su salida para ir a trabajar, otros renunciaron al coche, otros se agenciaron unas cadenas. Además, los colegios no abrieron, con lo que no hubo autobuses escolares. El resultado fue una circulación rodada más propia de agosto que de un día de vuelta al trabajo.
Parece que a veces, cuando nos quejamos de la incompetencia de las autoridades con esa alusión al tercermundismo, no hacemos otra cosa que denunciar nuestra propia desidia, nuestro adocenamiento a la hora de afrontar una circunstancia común y natural con la que, por otra parte, tenemos que convivir uno o dos días al año el resto de nuestras vidas. Los días posteriores, en los que el agua ha sustituido a la nieve, ha vuelto el caos con mayúsculas, el que todos conocemos. La concienciación ciudadana tiene carácter extraordinario.
Viernes, 17 de febrero
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio