(Madridpress) Hace unos días un columnista de ABC, cuyo nombre no recuerdo, incluyó en su artículo la palabra preveer en dos o tres ocasiones. No me atrevo a decir que la palabra preveer no existe en español, ya que las palabras existen en la medida en que se usan, y cuanto más en boca están de los hablantes más participan del idioma. Lo que sí es seguro es que el Diccionario de la Lengua Española no la recoge, lo cual, ya lo dicen los mismos académicos, no debe ser tomado como dogma de fe. Sí incluye los términos proveer y prever, con una sola e después de la uve. Por el texto del artículo se adivina que el sentido del término es este segundo, el de conjeturar sobre lo venidero.
A poco que nos fijemos, sin necesidad de un título en lingüística, podemos decir que el término prever consta (y tiene todo el sentido imaginable) del verbo ver precedido de la partícula pre. Es decir, algo así como ver con anticipación. ¿No es éste su significado? Y la conjugación, según el uso más común, sería idéntica a la del verbo ver: previó y no preveyó, preví y no preveí, y así.
El artículo (de verdad que he olvidado el nombre del columnista, no es por proteger una reputación que no quedaría mermada por tan poca cosa) era interesante, lo suficiente como para inducir al lector a llegar hasta el final, pero de entre sus líneas destacaban aquellos preveer como disparos en un teatro.
Recuerdo que hace unos diez o doce años frecuentaba la compañía de una chica llamada Esmeralda (cómo iba a olvidar este nombre) que por aquellos días se sacaba una oposición como maestra. Además de guapa, era una chica habladora, dulce y comprensiva, ideal para la enseñanza, y tenía arraigado el hábito de decir en-ver-de por en-vez-de. “Enverde maestra podría haber salido enfermera, pero yo quería enseñar.” Entonces pensé que algunos de sus alumnos, los más atentos, o los más enamorados, adquirirían este hábito infantil y quizá lo arrastrarían hasta la madurez, y se convertirían en oradores, políticos, presentadores o periodistas y escribirían enverde en sus crónicas, como un vestigio del amor a su profesora. Seguramente no serían malos chicos, y a ello contribuiría la calidad humana de su maestra, que es una cualidad muy necesaria para el magisterio, purismos aparte.
Esto debe de ser lo que le ha ocurrido al columnista de ABC (maldita sea, no lo recuerdo, su columna andaba por las últimas páginas, pero, como diría Umbral, no voy a levantarme ahora a mirarlo) con lo de preveer, que lo escuchaba de niño, como todos, en la escuela o en su casa, a los amigos o a la chica que le gustaba, y hasta ahora no ha reparado en su sentido. Tampoco importa. Si vuelvo a dar con su columna, la leeré con atención y con un punto de cariño.
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Muy ingenioso escribir sobre ESE fallo del columnista, que es totalmente cierto, aunque hay muchos otros mas flagrantes e inaceptables...pero no solo vea la paja en ojo ajeno y descuide la viga en el propio: no se dice "Esto DEBE DE SER lo que le ha ocurrido al..." sino "esto DEBE SER lo que..." ¿De acuerdo?
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
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