(Madridpress) Leemos en un viejo periódico que Ryoki Inoué ha escrito unas mil cien novelas en los últimos veinte años. Inoué es un japonés afincado en Brasil que dejó la medicina por cansancio e inició la carrera literaria con entusiasmo. Por lo visto, para no dar sensación de excesivo acaparamiento utiliza medio centenar de seudónimos. Los hay que nos cuesta cerrar una página cada jornada, y este hombre ha llegado a terminar tres novelas en un solo día. Para no sentirnos acomplejados, nosotros los improductivos, podríamos excusarnos por el asunto de la calidad: con semejante producción es imposible detenerse a leer el párrafo anterior para asegurarse de que la narración tiene coherencia. Pero no voy a hacerlo. Puede ser que el japonés escriba en corto, repitiendo esquemas y personajes, incurriendo en eso que la crónica llama publicaciones baratas. Pero escribe.
A su lado, en la contraportada del mismo periódico, está la sempiterna columna de Umbral. El artículo se titula El ligue y habla de eso, de los ligues, principalmente de los de maduro con jovencita (que es lo que le daba juego literario), de las ligadas que en veinticuatro horas ya están pidiendo cosas, reclamando su precio en especies, cocacolas, bocatas, pecados, etcétera. Igual que Lolita, la consumidora ideal de todos los anuncios porque a Nabokov le está pidiendo siempre cosas. “El lunes,” dice Umbral, “es una manera desesperada y urgente de saltarse el domingo haciendo de éste un lunes con pecado.” Cuando no tenía nada que decir, Umbral miraba a la pared blanca, inventaba y escribía, y entonces es cuando más cosas decía. Por eso escribió tantos libros, no como Ryoki Inoué, pero muchos. En uno de ellos decía que los periodistas le recuerdan que ha publicado ciento veinticinco libros. Yo los he contado en una página web de intención totalizadora y me han salido sesenta y tantos, pero no pienso dudar de su palabra. Él sabría mejor que yo. Sesenta o ciento veinticinco, tanto da. En cualquier caso sale a más de un libro por año, más que su colega Pérez Reverte, que a su lado es un purista. Durante unos años le dio por los libros de corte memorialista: Amado siglo XX, Días felices en Argüelles, Madrid tribu urbana, Un ser de lejanías o Diario político y sentimental, que aunque es diario también son memorias. Los diarios de Umbral tienen mucho de memorias, y sus memorias mucho de diarios pero es que el madrileño se apuntó al género con determinación y lo desarrolló mucho.
Algo así suponemos que le ha pasado a Ryoki Inoué, que encontró un filón mental y lo ha explotado de forma desbocada. Cada seis meses cambia los teclados de sus dos ordenadores porque los revienta con su ímpetu. Umbral no se separó de su vieja Olivetti, que aguantaba mucho más al estar hecha con materiales nobles y duraderos. Suponemos que su literatura también será más duradera que la de Inoué.
Martes, 14 de febrero
José Donís Català
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Sáez García
Antonio García Fuentes
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Paulino Toribio
José Lozano Galera
Chris Gonzalez -Mora
Padre Fortea
Juan Carrasco de las Heras
Julián Moreno Mestre