Café con el Pequeño Filósofo

Residuos urbanos

18.09.09 | 08:52. Archivado en Costumbres
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(Madridpress) Estos días los madrileños recibimos un envío certificado de nuestros gobernantes que nos deja helados. Que se nos haya avisado con antelación para que nadie se llame a engaño tampoco nos calienta. Dice la carta que el Ayuntamiento de Madrid deja de prestar de forma gratuita la gestión de residuos urbanos. ¿Gratuita? Nos quedamos helados no sólo porque vamos a tener que pagar otra cuota más sino por las formas. ¿De dónde salía hasta ahora el dinero que se destina comprar los camiones, pagar a los empleados, etcétera? De los impuestos que pagan los ciudadanos, los mismos que sirven para mantener los parques limpios o adecentar unas aceras. No hay ninguna gratuidad a la vista. No se nos ha hecho un favor hasta hoy ni debemos estar agradecidos por ello ni acudir ahora al pago con la sonrisa puesta.

Nos informa la carta de marras de que esto mismo ya ocurre en el 80 por cierto de las capitales de provincia españolas. Buen intento para tranquilizar a la opinión pública, pero en realidad existía una razón de peso para que hasta ahora no se pagara. En Madrid, el IBI era suficiente para pagar gestión de residuos, alcantarillas, emetreintas, parques Juan Carlos I y muchos más. Lo que pasa es que ahora el dinero no alcanza. Se ha reducido hasta extremos preocupantes la recaudación por licencias de apertura, por plusvalías municipales, por inicios de obras, por cesiones en las actuaciones urbanísticas. Se recauda mucho menos, y nadie estaba preparado para este batacazo tan formidable. Pero el consistorio necesita alimento, el mismo alimento de antes, porque tiene las mismas bocas que alimentar. Y nos pega el palo con un impuestito que no tiene nada de residual.

Lo que pasa es que a Gallardón se la han colado. Lleva unos meses, unos años, alejado de la alcaldía. En su sillón, eso sí, en su atalaya cibelina desde la que observa el paso decreciente de extranjeros y saluda a las admiradoras. Pero con la mente en otro lado. En Pekín, en Ginebra, en Copenhague. La cita olímpica puede con todo porque, de cuajar el embrión, nos sentiremos salvados y entonces podremos hasta bajar los impuestos. Qué gran legado histórico. En el ínterin, entre vuelo y vuelo del alcalde, entre Millenium II y Millenium III, los segundos del Ayuntamiento han tomado el mando, han hecho sus propias cuentas, han hecho valer sus poderes y han declarado el estado de excepción.

Es el motín del Caine. El comandante de la nave tiene cosas más importantes en las que pensar y no quiere saber nada de alzamientos, deja hacer a sus subordinados. Los sublevados aprovechan la tesitura para registrar heroicidades socializadoras y contentar a la masa de oficiales sin atender a las vías de agua. Y se dan prisa, no sea que algún día regrese el jefe, vencedor o vencido en las votaciones de influencias, a imponer de nuevo su ley. Confiemos en que de aquí al dos de octubre el barco no se haya hundido.


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