Café con el Pequeño Filósofo

Stan y Oliver

11.09.09 | 08:30. Archivado en Cine
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(Madridpress) Sobre el gordo y el flaco se ha dicho de todo, hasta que eran pareja sentimental. Los comentarios debían fundarse en que con tanto roce lo raro sería que no sintieran una atracción irresistible el uno por el otro. Lo que parece claro es que no importaba lo más mínimo. Las lenguas se disparan, más que otra cosa, porque son ociosas y no distinguen el bien y el mal. De muchas parejas de cine o de baile o de canto se dice lo mismo. Se dijo de Bogart y Bacall y era verdad, se dijo de Warren Beatty con casi todas sus parejas de cine y quién sabe con cuántas resultó cierto, pero también de tantos otros que importa poco la nómina. Cualquier día lo dicen también de Pimpinela. ¿Por qué nunca se insinuó lo más mínimo sobre Tip y Coll? Algunos se enfadaron cuando supieron que Ginger Rogers no tenía nada que hacer con el intocable Fred Astaire.

Hay una foto del Gordo y el Flaco en la que se los ve plácidamente durmiendo en una cama con gran cabecero de madera maciza, Oliver con la mano derecha detrás de la oreja, como si se rascara en un sueño, la mano izquierda bajo las sábanas, y Stan con su pelo levantado, la sonrisa perpetua y el antebrazo protegiéndose el estómago, por si acaso. Sí, duermen juntos, en la misma cama, sin distancia entre ambos, como el más avenido de los matrimonios. Pero no cabe pensar en eso. Son dos hermanos, dos almas gemelas, como Epi y Blas, de quienes también se ha dicho de todo.

Las fotos de los libros de cine, normalmente fotogramas de películas, tienen la virtud de hacernos imaginar o recrear mucho más de lo que dice la imagen. Algo así como la radio, que como es ciega nos estimula la mente y nos fuerza a ver por nosotros mismos. En otra foto aparecen tumbados en la cama, con sus largos camisones, Oliver con un puro en una mano y una copa en la otra, Stan sirviéndose un trago con el sifón, ambos rientes y sonrientes. Detrás, un tipo serio con aspecto de magistrado o profesor de lo más severo los mira en actitud de reproche. La película era Dos bobos en Oxford.

Y otra, perteneciente a la misma película que la primera foto porque el cabecero parece el mismo, en la que Stan luce un pañuelo bordeándole todo el contorno de la cara y con el nudo en la coronilla mientras Oliver lo mira con cara de pocos amigos seguramente por haberlo despertado con sus lamentos. Esta es la imagen que puede verse colgada en una pared del apartamento de Joey y Chandler en la serie Friends.

Hay muchas más. Una simple búsqueda en Google nos ofrece a la pareja paseando dos perros, vestidos de legionarios, compartiendo butaca, disfrazados de hombre y mujer tiroleses, transportando un piano o simplemente sonriendo a la cámara.

No hay en nuestros días una comunión tan inquebrantable como la del Gordo y el Flaco. Están los directores que se empeñan en contratar a su musa, pero sabemos que estos idilios son efímeros, como el de Woody Allen con Scarlett Johansson o el de Scorssese con Di Caprio, y si duran cuatro o cinco películas ha sido después de grandes disputas por el reparto de beneficios o el protagonismo en los créditos. A Stan y Oliver los imaginamos siempre juntos hablando con el manager, recibiendo instrucciones del director, estudiando los guiones, tomando un refrigerio en los descansos como si fueran uno solo. Porque eso es lo que eran, uno. Sólo así se explican sus películas.


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