(Madridpress) Madrid se desangra en verano. Por las patas de araña nacionales escapan millones de litros de combustible y proyectos de chatarra para abandonar una ciudad que queda anémica de bacilos, de energías y de todo. Capital del dolor, decían entonces. Capital del exilio, podría haberse dicho y podría decirse ahora, de un exilio casi tan obligado como el de antes. Hoy si no lees las aventuras de Lisbeth Salander no entras en las conversaciones de café y si en agosto no visitas una playa nudista luego en septiembre te llaman rancio y te excluyen del torneo de mus. No queda otra que desangrarse.
Ahora se suman las radiales para que la hemorragia nos parezca más civilizada, o más selectiva o más clasista. Ya no compartimos pan y chorizo con los compañeros de atasco, ni sacamos la bota de vino. Con los controles actuales tampoco podría ser. No puede uno ni pararse debajo de los puentes en plena granizada. Esta pluralidad de vías de salida y de entrada, esta crisis que reduce alquileres y mejora las cifras de muertos en carretera, estos peajes abreviados que apenas permiten detenerse lo justo para sacar la tarjeta, dan una impresión al turista como de viaje lunar, solitario en el confortable híbrido, insonorizado de rodamientos y aires acondicionados, atravesando desiertos propios en busca de la ciudad desplazada. El viajero apenas siente el viaje, se transporta de una ciudad a otra que es la misma y la única mutación que experimenta es el cambio de jefe. El veraneo no es precisamente una aventura de película de la que uno regresa transformado en otro.
En otoño Madrid recibe una transfusión de esa misma sangre que no se ha renovado porque es la misma con todas sus impurezas. Benidorm, Salou, Tarifa, Gijón son madrides de tráfico, multas de aparcamiento y colas en los restaurantes. Viena, Londres, París, Nueva York, son madrides y tokios y estambules con overbooking, tirones de bolso, Zaras, McDonalds y Channel número 5. Pero esa sangre nos creemos que vuelve más ágil, engañada por un espejismo de renovación que no puede producirse en el exiguo lapso de cuatro semanas. La renovación de una vida requiere otra vida, la renovación de una temporada completa exige una temporada completa. No hay descanso suficiente. Las arterias vuelven a llenarse en sentido inverso, directos al corazón, para dar aliento a una ciudad de la que brotarán nuevas arterias para darse salida a sí misma.
Viernes, 17 de febrero
Ángel Sáez García
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
José Pómez
Padre Fortea
Ángel Gutiérrez Sanz
Chris Gonzalez -Mora
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio