Café con el Pequeño Filósofo

Espejismos

14.08.09 | 08:32. Archivado en Costumbres
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(Madridpress) La recesión ha terminado. Lo proclaman los periódicos y ésta es la mejor prueba de sus estrechas vinculaciones con los responsables de la política de un país. Se dice que los gobernantes y los poderes públicos tienen la obligación de dar mensajes positivos a la población para que ésta, animada por las buenas expectativas, se comporte en el gran mercado como deben comportarse los sujetos de una economía en auge. Quizá por eso se empeñan en mentirnos desde el epicentro de la plaga maligna. En este lado del charco no hemos dejado de engañarnos. Veíamos sol cuando caía un granizo de esos que los viejos dicen que no recordaban desde hace cuarenta años. Y en realidad hace más, porque en Pekín no recuerdan nada peor desde la Segunda Guerra Mundial.

Puede que la apariencia de las grandes cifras provoque brindis con champán en la bolsa, que todos los indicadores apunten hacia una recuperación que es inminente y más que esperanzadora. Pero la realidad en la arena es otra. Todavía no hemos empezado ni a lamernos las heridas, ocupados como estamos con esquivar las continuas cuchilladas que nos llueven desde todos los frentes del circo romano. Es posible que en Europa vayamos por detrás que en Estados Unidos, y que en España vayamos por detrás de Europa. Al final va a resultar que Nueva York festeja la mayor subida de sus valores en el siglo y Obama es aclamado como presidente reelecto gracias a sus méritos crematísticos, mientras aquí los cinco millones de parados que tendremos en breve no son capaces de consumir unos vaqueros en rebajas.

Todo es un espejismo como los que engañan a los sedientos en el desierto de arena. Pero un espejismo necesario. ¿Con qué ley va a comprarse un ciudadano cualquiera un vehículo de la Seat si no conoce otra realidad que la que hay? ¿Cómo va a permitirse una langosta en Combarro con la contraparte si sabe que cualquier día tendrá que darle la noticia de que pertenece a ese nada selecto grupo de los cinco millones? ¿A quién se le ocurre invertir un solo euro en la compra de una vivienda de la que aún no existe más que un plano? Las constructoras parece que no preocupan tanto, que ya las dejan morir como al viejo macho de la manada, pero las automovilísticas hay que protegerlas, y no digamos los restaurantes de la clase vip. Desde arriba hay que crear el espejismo de que todo eso lo podremos pagar, que no nos arrepentiremos del gasto por superfluo que sea, que toda compra de hoy es una inmejorable inversión de futuro o al menos de presente. Y desde abajo debemos aferrarnos a ese espejismo porque no hay más agua alrededor para beber.


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