Estructura y caos
26.06.09 @ 08:57:12. Archivado en Literatura
(Madridpress) La estructura narrativa es un elemento crucial en la evolución de la cultura moderna, tanto en la novela como en el cine. Se trata de una cuestión formal, un mero recorte de materiales que, sin sufrir ninguna modificación, van de un lugar a otro, un procedimiento lícitamente tramposo que en ocasiones tiene el poder de hacernos llegar el fondo de la cuestión con mayor intensidad, o con una perspectiva diferente de como nos llegaría con una estructura tradicional.
Puede que sea una tarea a realizar en el montaje, ni siquiera en el guión. La historia original puede estar contada de manera lineal, el rodaje seguir el mismo curso, pero a la hora de montar es cuando la imaginación del artista se permite esa última pincelada de color que confiere a la obra buena parte de su personalidad: suprimir aquí, añadir allá, repetir esto otro, mover esta escena de lugar.
Cuando vimos Pulp Fiction y quisimos explicar el motivo de su éxito lo primero que hicimos fue acudir a la supuesta originalidad de comenzar contando sucesos posteriores que cobran sentido más tarde al narrar los anteriores. Pero los que sabían un poco de cine o de novela, los que contaban con un mínimo de cultura, pronto nos dijeron que sí, que la película de Tarantino tenía una indudable fuerza narrativa, pero que no había hecho sino aplicar recursos de cineastas o escritores que habían muerto mucho tiempo atrás. Parecido recurso ya lo había utilizado, aunque no tan descaradamente, Stanley Kubrick en su Atraco Perfecto de 1956. Con un poco de saber cinematográfico sacaríamos ahora un buen puñado de ellas.
Un amigo me llama la atención sobre el uso casi caótico que Vargas Llosa hace de la estructura en sus novelas. Conversación en la catedral, por ejemplo, tiene la virtud de irritar al lector en las, por lo menos, cien primeras páginas con sus continuos cambios de narrador y de planos espacial y temporal, de modo que si no ha optado por abandonar la lectura y es capaz de llegar al final en un plazo digno puede decirse que ha hecho un esfuerzo intelectual considerable. Pero esto tampoco es de ahora. ¿No fue Dos Passos quien puso de moda, en los años veinte, el caos absoluto como recurso literario?
Cuando en nuestros días volvemos a ver Annie Hall -primera de las películas de Woody Allen que se encuentran dentro de la categoría que el crítico David Gilmour llamó de guiones memorables- podemos recrear el momento en que el director neoyorquino decide desordenar los materiales filmados. “No funciona, esto no funciona,” “Hay que desordenar el principio, sobre todo el principio, confundir al espectador, que tenga que pensar qué es lo que está viendo en cada momento,” imaginamos que dijo.
Pero el caos no lo es todo. Estamos hablando de grandes películas y grandes novelas que, entendámonos, son grandes por muchas razones y no sólo por su estructura. No vaya a ser que ahora nos pongamos a desordenar todo lo que escribamos, frases de acá para allá, palabras tiradas al viento que no encajan en ningún lugar, y nos dé por asegurar que estamos ante la obra del siglo.
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Alan Ferreiro
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