Predicciones
12.06.09 @ 08:35:14. Archivado en Costumbres
(Madridpress) El ser humano es extraordinario. A saber si para lo bueno o para lo malo. De momento somos capaces de predecir el nacimiento de una estrella dentro de 200.000 años a causa de la unión de dos nubes de gas. Esto tendrá su explicación científica, pero a algunos nos suena a convenio espacial para formar partido, pacto político de dos nebulosas sin patria para ejercer su dominio e iluminar el cosmos. Lo extraordinario es que seamos capaces de predecir lo que ocurrirá en un tiempo en que todos estaremos consumidos por unos gusanos que tampoco existirán, cuando seguramente la especie se habrá extinguido y el planeta sea un punto perdido e inhabitable de la creación.
Sin embargo no somos capaces de predecir lo inmediato. Eso también es extraordinario. Tras una primera legislatura, y ante su evidente falta de vocación, se anunciaba la derrota del presidente, no había ser inteligente que no se dijera que la repetición era imposible. Mala predicción. Ahí está ahora, con mayoría suficiente para formar gobierno otra vez, igualito que si fuera un buen gobernante. El resultado es tan sorprendente que de las europeas se podía esperar de todo, aunque nunca la victoria de una oposición que no fue capaz de inquietar al presidente en las generales. Pero ahí está ahora, presumiendo de una victoria por diferencia exigua. No hay supercomputadora preparada para adelantar tal resultado ni siquiera a dos días vista.
Nos parecía imposible salir del bipartidismo; en esto las predicciones eran sólidas, insalvables. Las grandes democracias históricas enseguida desembocaron en el tuya mía como medio de estabilizar el clima político y, según criterios, dicen que la cosa les funciona. Ahí está UPyD, colando sus embriones en los parlamentos y haciéndolos crecer de tal modo que la división de la tarta muy pronto tomará el rosa como tercer color, amenazando con convertir el rojo y el azul en un morado que nadie quiera reconocer como propio. Esto último es una predicción, o una esperanza. ¿Nos equivocaremos?
Al fin y al cabo el nacimiento de una estrella también es una predicción con un altísimo grado de incertidumbre. Pero podemos creerla como una verdad irrebatible si queremos. En caso de errar el vaticinio no tendremos que lamentar ninguna consecuencia como la que sufrimos con esta segunda legislatura de regalo. Total, nadie vendrá dentro de 200.000 años a decir que nos equivocamos.
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Alan Ferreiro
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