Chacales y suicidas
22.05.09 @ 08:39:03. Archivado en Costumbres
(Madridpress) Luis Lois es un mercenario. Como Chacal en la película y en el libro de Forsyth, como el tal Carlos que no era personaje de ficción sino un verdadero Chacal. Es un mercenario y algo más. Un terrorista para los unos, un contraterrorista para los otros. Lo contrario, dicen, de los suicidas musulmanes. Tras lo atentados de Nueva York y Madrid los estómagos del mundo occidental hierven, pero no es elegante tomar la justicia por la mano ni bombardear Afganistán hasta liquidar al maligno que se esconde entre sus poblados.
Luis Lois es un profesional y sabe dónde buscar. Nadie se lo ha encargado, o sí pero nunca sabremos quién. El caso es que lo encuentra, y no en el monte del Asia central sino en el mismo Kabul, donde ya nadie lo buscaba, saliendo de un edificio histórico entre los suyos, con la tranquilidad de Al Capone cuando recorría sus calles de Chicago. A Bin Laden también le gusta la ópera, y el teatro que le montan en la jaima se le queda más infantil que un programa de Torrebruno.
La operación no es complicada. La máxima dificultad estriba en encontrarse los redaños para intentarlo. A Lois le sobran, es su trabajo, su vocación. Se acerca a él, de frente, con naturalidad, y cuando está a cinco metros saca su pistola y le acierta dos disparos seguidos en la frente. Está hecho. La amenaza islámica contra el mundo occidental está conjurada, las afrentas vengadas, la sed de sangre saciada. Nadie lo dice pero la acción de Lois supone quizá la mayor aportación al progreso de nuestro mundo desde la imprenta. Como Gutenberg, Lois merece un hueco privilegiado en los libros de historia, el Bolívar de las democracias occidentales, el libertador que recorre el planeta con un arma bajo el brazo por defender una idea.
Lo merece y sin embargo no es su destino. Lois consigue escapar con vida del contraatentado. Las balas desesperadas de los amigos de Bin Laden pasan demasiado lejos y en menos de un minuto ya se ha mezclado en el tráfico de la ciudad, de vuelta a la civilización que debe protegerlo. Pero todo se sabe y un día alguien lo denuncia como autor de la muerte de un ser humano sin mediar una comparecencia en el tribunal. Lois ha sido útil a la causa pero ahora sabe demasiado. Los GAL no están bien vistos y un escándalo como el español pero a escala mundial no beneficia a nadie más que a los amigos del maligno. Hay que reclutar un nuevo Chacal, adiestrarlo y enviarlo a limpiar la escena.
Ese es el destino de Lois, ser limpiado por un nuevo agente que a su vez será limpiado por su sucesor. El oficio de un Chacal es el de un suicida, ni más ni menos que el de los kamikaces que se rodean el cuerpo de explosivos y se abrazan a una multitud con la mente puesta en el paraíso prometido. Pero en su trabajo nos van librando de la escoria que nos estorba.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/233785
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto




