(Madridpress) Excelente pero durísima, decía Sánchez Dragó en su blog. Yo suprimiría el pero. Es su crudeza lo que la hace tan absorbente y desde ese punto de vista la crudeza se convierte en virtud. No es que el cine tenga que ser duro para que resulte apetecible, no es que tenga que inducirnos al vómito o al suicidio, pero sí requiere de cierta violencia visual, de ideas o de diálogos –en forma de terror, de excitación, de risa- capaz de superar la mediocridad emocional en la que solemos vivir. Sin esa violencia en pantalla nos aburrimos, no encontramos nada que nos supere, nada mejor que nuestras vidas, y acabamos calificando la cinta de insulsa, ramplona o sencillamente mala.
Revolutionary Road es una película cruda porque habla de la realidad y se centra en su lado más desolador, un lado que está ahí pero que habitualmente no nos decidimos a ver de frente. En el cine se puede hacer, total es ficción, pero si tuviéramos que reconocer que hemos fracasado en nuestro intento de alcanzar nuestros sueños –ser actriz, ser feliz- y nos enfrentáramos a las personas que nos rodean cuando vemos en sus rostros el reflejo de nuestra derrota nos creeríamos que estamos viviendo dentro de una película de Sam Mendes. ¿No nos creímos un poco Kevin Spacy en su papel de hombre maduro en crisis atraído por los encantos virginales de la adolescente Mena Suvari en American Beauty?
Mucho que ver tiene el reparto. Se habla del trabajo de Winslet y DiCaprio, de su fuerza, de la conexión procedente de Titanic. No sabré mucho de actores, ni de méritos de cara a los premios de las distintas academias, pero creo que no debería haber mucho debate en este sentido. Cuando en una película te olvidas de las interpretaciones en favor de las peripecias de los personajes entonces los actores están perfectos. Ni bien ni mal; simplemente hacen el trabajo adecuado, como debe ser, de forma que ninguna otra interpretación ni ningún otro actor servirían. Winslet y DiCaprio están descarnados, como exige no ya el guión sino la contundente y desalentadora visión de Mendes.
Pero hay otro detalle que sirve para dar en el clavo de algunas sensibilidades, que es el tema de la pareja en dificultades a causa del desencanto que produce la cotidianidad, o, como malévola pero certeramente lo llaman por ahí, la imposibilidad del amor. Pocos temas tan cercanos a tanta gente, y tan utilizados en la historia del cine. Ahí están Maridos y mujeres, Los puentes de Madison, Happy together. Hay muchas más, pero cuando el tema no está tratado con clase y humanidad ni nos damos cuenta de que hablan de ello. Desde luego eso no ocurre en Revolutionary Road. Nos percatamos del asunto en cuanto se nos muestra la primera mueca de Winslet y desde entonces empezamos a vernos a nosotros mismos. Todo un mérito.
Viernes, 17 de febrero
Mª Rosario Aldaz Donamaría
Antonio García Fuentes
Chris Gonzalez -Mora
José Pómez
Ángel Sáez García
Padre Fortea
Juan Luis Recio
Juan Fernandez Krohn
Ángel Gutiérrez Sanz
Carlos Ferrer
José Donís Català
Paulino Toribio