Memorias de África
26.09.08 @ 08:54:05. Archivado en Literatura
(Madridpress) La edición de bolsillo de Memorias de África, publicada por Alfaguara en 1999, anuncia en su contraportada que Karen Blixen viaja a Kenia para casarse con un primo suyo, que el matrimonio fracasa y que allí se enamora de un aventurero inglés. Bueno, pues no. No es eso lo que cuenta el libro. Sí lo cuenta la película posterior, dirigida por Sidney Pollack, cuyo guión se basa en estas memorias y también en otras narraciones de la escritora danesa, a lo que habrá que añadir un par de biografías sobre los personajes y alguna aportación del guionista y del propio director. Pero no lo cuenta el libro. Están los personajes, están los paisajes, está la avioneta del aventurero e incluso las tertulias al atardecer con una copa de vino en la mano. Pero no el fracaso matrimonial ni el romance posterior.
¿Qué ha pasado? ¿Es que el editor de Alfaguara encargado de este título no se leyó el manuscrito tras la traducción? Esto explicaría los numerosos errores y descuidos que presenta el libro a lo largo de sus cuatrocientas páginas. Esta dejadez editorial es suficiente para sacar al lector de la narración a cada página, convirtiendo la lectura en un camino de obstáculos incómodo de transitar que puede incitar a dejar de leer. Y en estos tiempos en que se duda de nuestra capacidad lectora convendría cuidar bien las ediciones antes de darlas al público. Según los créditos iniciales, se trata de la octava edición de este título a lo largo de seis años, y en todo este tiempo no se han corregido estos errores que saltan a la vista como bofetadas. Más que de ocho ediciones, que suena muy bien de cara al comprador, habría que hablar de una edición y de siete reimpresiones, lo más habitual en el mundo del libro.
Pero volviendo a la contraportada, también podría haber ocurrido que ese mismo editor, tras leerse el texto en su totalidad, decidiera que comercialmente funcionaría mejor como reclamo el planteamiento argumental de la película y no el del original de Blixen. En efecto, una historia de amor entre Meryl Streep y Robert Redford en los exóticos paisajes africanos atrae más público que las dificultades para poner en marcha y hacer funcionar una granja y un cafetal en una tierra alejada de la civilización y carente de normas.
Sea como fuere, parece que el editor no disfrutó gran cosa de la lectura de estas memorias gestadas en 1937. Si lo hubiera hecho tal vez la contraportada empezaría reproduciendo la primera frase escrita por la baronesa: “Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong,” una frase sencilla y sugerente que, unida al buen recuerdo que dejó la película, ya sería suficiente para interesar al lector sin necesidad de engañarlo. De hecho, Pollack la utiliza con maestría. Y es una desgracia para él no haberlo leído, o no haberlo disfrutado, porque la narración de la baronesa es una delicia, una fiesta de colorido y descripción de lo desconocido. Blixen poseía el estilo de los grandes narradores, capaces de empezar a contarte una historia por el final, retroceder al inicio y mantener el interés en todo el relato. Cada una de sus pequeñas historias cotidianas nos introduce en su universo y nos enternece, como la más emotiva de las películas. Por eso, cuando terminamos de leer la última página, durante unas horas no queremos saber nada del mundo, nada que no sea África y los paisajes y personajes allí descritos. Por cierto, que no estaría nada mal, contraviniendo la norma no escrita que desaconseja contar el final, incluir en la contraportada la frase última de la baronesa: “La silueta de la montaña fue borrada y nivelada lentamente por la mano de la distancia.”
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/191405
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Alan Ferreiro
autor
Contacto








