Café con el Pequeño Filósofo

Mamma Mía!

29.08.08 | 08:00. Archivado en Cine
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(Madridpress) Las opiniones en esto del cine, afortunadamente y como en casi todo, difieren tanto unas de otras que ninguna película puede considerarse santificada ad eternum por haber recibido unos aplausos ni fracasada sin remedio por haber pinchado en taquilla. Lo que para unos es un fiasco sensacional, escoria despreciable, motivo suficiente para dejar de asistir definitivamente a las salas, producto industrial que solo persigue sacar los cuartos a un público pusilánime carente de todo sentido crítico, para otros es una de esas obras para el recuerdo sobre la que hay que volver periódicamente, como se vuelve sobre Casablanca o la saga completa de El Padrino.

Las películas de la serie 007 reciben la indiferencia de la crítica y una avalancha de público, mientras que algunas de Woody Allen no se comen un rosco en taquilla y son objeto de disecciones minuciosas para llegar a la conclusión de que al director le obsesionan el sexo y la muerte. Tanto unas como otras reaparecen en televisión casi cada año, en ciclos de verano o en sesiones noctámbulas, lo cual demuestra que todo tiene su audiencia, el entretenimiento y el cine comprometido o como se le quiera llamar. Las películas y los libros de Harry Potter causan furor entre los jovencitos y también entre el público adulto, mientras que otros observan ese fanatismo con espanto como se mira a los fieles de una secta que acuden felices a un suicidio colectivo.

Algo similar ocurre con Mamma Mía!, el musical que parte de las canciones más famosas de Abba. A una interpretación a veces propia de película infantil, a unos números en ocasiones demasiado pasteleros, a las escasas dotes líricas de varios actores hay que sumarle el simple hecho del género al que pertenece: es un musical, y eso de primeras ya tira para atrás. Los hay que ven a Fred Astaire en televisión e inmediatamente cambian de canal para no oírle abrir la boca ni verlo descoyuntarse sobre unos zapatos con chinchetas. Los argumentos de los musicales suelen estar al servicio de la banda sonora o de las voces y así las historias suelen quedarse en nada. Salvo que queramos ver lo interesante.

Así, Mamma Mía! parte de un planteamiento por lo menos curioso. Una joven de veinte años a punto de casarse decide invitar a tres viejos amantes de su madre porque sabe que uno de ellos es su padre y desea averiguar su identidad. Este inicio nos sirve la parte dramática de la película, que ya se desarrollará a base de equívocos y situaciones simpáticas; sin grandes complicaciones para dejar espacio al elemento esencial de la obra, las canciones de Abba. Los más críticos dirán que para eso te compras el recopilatorio de la banda sueca y no pierdes el tiempo, pero es que esas canciones en un contexto, incardinadas en una historia, sencilla pero con sentido, enmarcadas en un ambiente de optimismo, cobran aún más vida que en un disco. Y además está la interpretación de Meryl Streep (casi tan sorprendente como en El último show, de Robert Altman) y algunos detalles más. No se trata de defender la película, que para eso se basta sola con sus argumentos publicitarios. Se trata de que en esta ocasión uno está del lado de los entusiastas y volverá sobre ella en ciclo veraniego, sesión nocturna o simple dvd.


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