Café con el Pequeño Filósofo

Pekín

08.08.08 | 08:20. Archivado en Costumbres
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(Madridpress) El seis de septiembre es mi cumpleaños y este año he decidido celebrarlo con una gymkhana al aire libre muy bien organizada que me va a convertir en el mejor anfitrión de la tele. Por tanto, para que no se me arruine el día, el próximo seis de septiembre no puede llover. Ya he ido reservando en el laboratorio grandes cantidades de yoduro de plata, media docena de jeringuillas y un par de avionetas para inyectar la sustancia en las nubes en el momento apropiado. Se trata de provocar la lluvia un día antes o en un lugar estratégico y alejado para asegurar que en el lugar escogido para el evento y durante la jornada citada no caiga ni una gota.

¿No lo hacen los chinos? Pues no veo por qué no lo vamos a hacer el resto de los mortales si nos interesa. “Ta chupao,” declaró un agregado de la embajada china en España haciendo alusión a su pretensión de garantizar una jornada inaugural perfecta en los Juegos Olímpicos. Por lo visto lo tienen ya bastante adelantado. Lo que pasa es que no advirtieron la posibilidad de valerse de avionetas y en su día optaron por una gran escalera que, dicen, no les va a costar ni la mitad que la Gran Muralla, y también podrá ser utilizada como reclamo turístico una vez finalizado el evento. No hay lugar para el error: el viernes ocho de agosto no va a llover en Pekín. Y punto.

Lo de la lluvia lo damos por solucionado. Pero aún les queda por resolver, a los chinos, lo del terrorismo. Dieciséis muertos en un solo ataque en la región de Xinjiang da idea de las posibilidades de un país donde todo se tiene que hacer a lo grande. Quizá entre mil trescientos millones de habitantes estos dieciséis se queden en cosa de nada. A veces la estadística pura puede resultar demasiado cruel. Pero, ¿se han parado a pensar los organizadores lo que cuesta el brazo izquierdo de Nadal, las piernas de Tyson Gay, la espectacular espalda de Gemma Mengual, los gemelos saltarines de Kobe Bryant, los hombros de Phelps o la pértiga de oro de Isinbayeva?

Tras el atentado, China dice haber reforzado su dispositivo de seguridad hasta con misiles aire-tierra, y los mensajes que nos llegan a este lado del mundo son de tranquilidad. De hecho el atentado tuvo lugar a cuatro mil kilómetros de la Villa Olímpica, demasiado lejos para poner en peligro a los deportistas. Quizá la técnica aplicada por el imperio amarillo sea similar al del yoduro de plata: se provoca la lluvia, o el atentado o lo que sea, a una distancia prudencial y así nos aseguramos un clima de confianza en el lugar deseado.


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