Café con el Pequeño Filósofo

Críticas literarias

25.07.08 | 08:37. Archivado en Literatura
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(Madridpress) Las críticas literarias de los periódicos parecen la manifestación más refinada, intelectual o profunda de la cultura de un país. Uno abre un suplemento cultural por las páginas de narrativa y antes de empezar a leer recibe la impresión de encontrarse ante las sesudas conclusiones de los hombres más ilustrados de nuestro tiempo. Y con la codicia de pertenecer siquiera mentalmente a este mundo iniciamos la lectura con entusiasmo. Pero no es más que una ilusión. Enseguida nos damos cuenta de que una crítica literaria emborracha como el más cabezón de los licores y en cuanto deja sentir sus primeros efectos nos provoca un arrepentimiento inmediato. Empiezas a leer una y ya quieres terminarla. No suele una lectura agradable, y como no tienes por qué sufrir con ello pasas la página.

Dijo Trapiello en su diario infinito que a veces pensaba “quitarse de los críticos y los suplementos literarios de los periódicos, como nos quitamos de fumar.” Afortunadamente, para mí no es un vicio. A veces leo una crítica por curiosidad, pero nada más, no hay peligro, lo tengo controlado. Las críticas me hacen contemplar un lado feo de la literatura, un lado que nunca podría haberme inoculado esta afición de hoy, un lado por culpa del cual uno podría dejar las letras y dedicarse al cobro de morosos o a la venta de churros. En la crítica encuentro la obra literaria desmenuzada, con sus componentes individualizados, fríos y carentes de sentido, apartados del contexto que les confiere sus virtudes, como si de una película nos muestran dónde se situó la cámara o el colchón al que cae el protagonista para rodar una escena pretendidamente violenta. Ya digo que no tengo que quitarme de la crítica porque no es para mí un vicio. Y es una suerte que no lo sea, por lo mismo que es una suerte no haber caído a los dieciséis años en el vicio del tabaco.

La crítica puede ser útil, no digo que no, incluso necesaria. No sé para quién, pero puede serlo, no seré yo quien lo niegue. En teoría son los escritores los que deberían frecuentarlas, leerlas aunque no sean protagonistas de la reseña. Pero no pasa nada si no lo hace. Uno puede dedicarse a la literatura y no atender a la crítica, son oficios autónomos capaces de discurrir por separado. Otra cosa es cuando la reseña crítica habla de ti. Entonces la lees, qué vas a hacer, y pueden pasar tres cosas: que la lectura te provoque una falsa confianza en lo que haces, que te hunda el ánimo hasta el punto de abandonar el oficio o, lo que parece más coherente, que te incite a dejar de leer críticas.


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