Café con el Pequeño Filósofo

Artículos antológicos

11.07.08 | 08:01. Archivado en Literatura
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(Madridpress) Políticas y corrupciones. La mayoría de artículos de un periódico, firmados por escritores muchos de ellos de prestigio, se dedican a hablar de políticas y corrupciones. Ya comentamos aquí la opinión que esto le merecía a Cela. Para él había gran cantidad de buenos literatos en las páginas de los diarios que, sin embargo, dedicaban excesiva atención a “esos dos torpes temas.”

No cabe duda de que políticas y corrupciones permiten hablar siempre de actualidad y que por ello el número de lectores que consigue una columna enfangada en estos asuntos será aceptable. Pero la actualidad no es sólo urgencia política; hay otras cosas mucho más duraderas y que revisten, por tanto, al menos la misma importancia. La literatura perdurable suele bañarse en aguas más limpias, más serenas y menos apremiantes.

Cuando, tiempo después de escritos, un editor se decide a publicar una selección de los mejores artículos de tal o cual columnista famoso, tiende a quedarse con los más proporcionados, los de más fina literatura, los que presentan un estilo más depurado, los que aportan una escritura más intemporal. En nuestros días las colecciones de artículos de Eugenio d’Ors, Julio Camba, César González Ruano y otros maestros del periodismo libre tienen valor por todo menos por la coyuntura política del momento en que fueron escritos. El berrinche, la disensión, la denuncia puntual de un caso de corrupción no fueron más allá de las dos semanas en que estuvieron de actualidad.

Hoy muchos columnistas nos hablarán de Eta, torpe tema, y también de la incapacidad de Zapatero o de los escándalos inmobiliarios de la costa del dinero, torpes igualmente. Suelen ser artículos magníficos, incluso necesarios, pero sabemos que muy temporales porque el tema nos llama la atención hoy, pero mañana o poco después ya no. Si estos artículos tienen la suerte de verse rescatados en formato libro nos importarán por su estilo, por su autor, pero andarán cojos por el tema, demasiado local y circunstancial.

Hace unos meses, entre los de Gistau, Losantos y compañía, un diario publicaba un artículo de Fernando Sánchez Dragó bajo el título Proclama de año nuevo cuyo tema merecía consideración aparte. Porque hablaba largo y tendido de Nietzsche, del Pascual Duarte, de los enemigos, de la estética como única justificación de la existencia (buscad la belleza, dice Ramón Trecet), de Neruda, de Donoso Cortés, de la anécdota del eximio que tanto le gusta contar, de ¡otro mundo es posible!, de sus setenta años, de Tebas y Alejandría, de los exploradores de Zanzíbar y Tanganika. Después se enfadaba con la actualidad apremiante, pero el tono original de la proclama ya no podía cambiar y el artículo sólo podía ser diferente. “¿Tendrá cojones El Mundo para publicar este artículo?” acababa diciendo. “¡En pie, patricios de la tierra! Tal es mi envite. Fin de la proclama.”

Escarbando entre las páginas del periódico, las de papel y las web, a veces se encuentran perlas imperecederas. Este artículo de Dragó lo conservo para una futura antología.


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