Cela, articulista
09.05.08 @ 08:40:22. Archivado en Literatura
(Madridpress) Es todo un mundo a estudiar el de los artículos que se escriben en los periódicos, y el de los articulistas. Unos hablan siempre de la actualidad de titulares: la guerra de Irak, la lucha antiterrorista, unas elecciones, la composición del gobierno, etcétera. Otros se buscan acomodo en páginas culturales donde consiguen que les prohíban hablar de esas falsas urgencias, para su alivio. Luego están los de los dominicales, Pérez Reverte, Trapiello, Marías, con licencia para hablar de todo y de nada, del fuagrás, de un olor, de un diario recién comenzado, del sabor a Madrid del Rastro, de unas gafas que se han roto el otro día, en un periodismo cercano al mejor Julio Camba y al mejor César González Ruano. Los hay que hablan de sí mismos, y sus artículos se leen porque sus personas son alguien para el público. También los hay que, a veces, hablan de articulismo, de sus artículos y del artículo que están escribiendo.
Cela escribió, allá por 1994, cuando colaboraba creo que por última vez con ABC, un artículo titulado Cien articulillos que comenzaba así: “Llevo ya escritos cien articulillos como éste de hoy en estas páginas y bajo el mismo epígrafe.” El epígrafe no era otro que “El color de la mañana,” que luego dio título a un libro donde se recogen unos doscientos cincuenta articulillos.
Después, en el segundo párrafo, hablaba de sus novelas: una que acababa de publicarse “la semana pasada”, y otras dos que le esperaban en su mesa de escribir: “la dichosa Madera de Boj, que se me atragantó cuando el Nobel, y otra todavía sin título.” Tras hablar de sus novelas y de su gran premio, dudaba si dejar su rincón en ABC “para poder fajarme con ellas, una detrás de otra, como es natural, y sin mayores preocupaciones ni distracciones,” pero desistió de su propósito porque, “administrándolo bien, el tiempo acaba no faltando nunca para nada.”
Seguía Cela restando importancia a eso de escribir a diario, porque la costumbre y el oficio influyen mucho; además, había (y hay) en España “no pocos escritores de periódico que cada mañana dejan constancia de su maestría; es lástima que presten a la política y a la corrupción más cuidado del que esos dos torpes temas se merecen.”
Cela pertenece al grupo de articulistas de a diario, que salía si no recuerdo mal en la tercera de ABC todos los días menos dos, pero con licencia para hablar de todo y de nada, como los de dominical, dando a sus textos la extensión que le cuadraba según el día, y también con licencia para hablar de sí mismo porque el Nobel era ya tema interesante en cuanto a su oficio y en cuanto a su rutina diaria. Y también para hablar de sus escritos, incluido el artículo que está escribiendo, porque es un tema tan válido como el fuagrás, aunque más personal.
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Alan Ferreiro
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